Monday, July 28, 2014
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Tomarse la fe en serio

LONDRES – La expresión “primavera árabe” ya está muy discutida. ¿Presagian las revoluciones en todo el mundo árabe los gloriosos días del verano o el paso por un invierno desolado? Una cosa es segura: la influencia de la religión y la fe en la determinación del resultado.

Pensemos en la escala de lo que está sucediendo. En todo el Oriente Medio y el África del Norte, los partidos islamistas están experimentando un ascenso. También las divisiones entre suníes y chiíes están en primer plano. El terrorismo, basado en una perversión de la religión, está desfigurando la política no sólo en lugares ya familiares, sino también en Nigeria, Rusia, Kazajstán, las Filipinas y otros lugares. Más de la mitad de los conflictos actuales en el mundo tienen una dimensión predominantemente religiosa.

La mayoría de los credos religiosos actuales, aunque no todos, cuentan con grupos extremistas, todos ellos capaces de crear discordia entre unas comunidades antes estables. Cierto es que gran parte de dicho extremismo se basa en una perversión del islam, pero esa clase de perversiones de un credo también van dirigidas con frecuencia contra musulmanes. En algunas partes de Europa, la islamofobia rivaliza ahora con el antisemitismo y ejerce una potente y peligrosa atracción política.

En una palabra, la religión importa. Hace tres años y medio, cuando inicié una fundación dedicada a mejorar las relaciones entre credos, algunos la consideraron quijótica o, sencillamente, descabellada: ¿por qué había de desear hacer eso un ex Primer Ministro?

Lo hice por una razón muy sencilla. Mi experiencia como Primer Ministro me enseñó que, si no se comprende la importancia de la religión, no se puede entender ninguno de los problemas de Oriente Medio y más allá, incluidos el Irán, el Afganistán, el Pakistán y Somalia. No me refiero a la política de la religión, sino a la religión como tal. No podemos abordar la influencia del credo religioso desde un punto de vista puramente secular. Debemos hacerlo también como una cuestión auténtica de fe.

De hecho, una deficiencia muy grave en materia de política exterior, en particular en Occidente, es la suposición de que las soluciones políticas por sí solas brindan una vía sensata para el futuro. No es así. Hay que persuadir a quienes consideran que su credo los obliga a actuar de un modo destructivo para el respeto mutuo de que se trata de una interpretación errónea de su credo; de lo contrarío, semejante compulsión basada en la fe siempre se impone a los argumentos políticos seculares.

Piénsese en el Oriente Medio y el África del Norte actuales. Guste o no, los Hermanos Musulmanes y otras tendencias religiosas posiblemente dominarán. Son ya antiguas, están bien organizadas y profundamente arraigadas en las comunidades y, por encima de todo, sumamente motivadas: una combinación invencible en cualquier parte. A ellas se oponen las desacreditadas políticas de los antiguos regímenes y grupos de mentalidad liberal, bienintencionados y en muchos casos numerosos, pero muy desorganizados.

El riesgo que afrontamos es bastante fácil de describir. El imperativo para esas democracias que están surgiendo es el de mantener su carácter democrático a través de los traumas que entraña un cambio completo. En particular, sus economías necesitan reformas, apertura y crecimiento para satisfacer las aspiraciones en aumento de sus ciudadanos.

De hecho, la región tiene algunas de las poblaciones más jóvenes del mundo, con una media de edad en muchos casos de menos de 30 años. En el decenio de 1950, la población de Egipto frisaba los 30 millones de habitantes; en la actualidad asciende a 90 millones. Unas poblaciones jóvenes y con aspiraciones y cuyas críticas al antiguo régimen eran al menos de carácter tan económico como político, necesitan la recuperación de su industria turística, la confianza de sus empresarios y unos inversores extranjeros entusiastas. Necesitan reformas drásticas de la educación y la asistencia social y los nuevos políticos en el poder deben saber que, sí no obtienen los resultados necesarios, el pueblo tiene derecho a expulsarlos con el voto.

Pero la democracia no consiste sólo en elecciones libres y la norma constitucional del gobierno de la mayoría. Consiste en la libertad de expresión, la libertad de religión y los mercados que, aunque regulados, son también libres y previsibles. Dicho de otro modo, la democracia no es simplemente un sistema de votación, sino una actitud mental abierta.

Esa distinción –la apertura frente a la cerrazón– es tan políticamente relevante en la actualidad como las distinciones tradicionales entre derecha e izquierda. ¿Consideramos la mundialización, gracias a la cual la tecnología, la comunicación, la migración y los viajes nos están aproximando, algo que aceptar, pero que se debe hacer funcionar equitativamente, o una amenaza a nuestra forma de vida tradicional a la que oponer resistencia? Yo creo que el futuro es de quienes tienen una mentalidad abierta, pero quienes tienen una cerrazón mental ejercen una poderosa atracción visceral y la religión se presta para eso.

Hay dos faces de la fe en nuestro mundo actual. Una es la que se ve no sólo en los actos de extremismo religioso, sino también en el deseo de personas religiosas de exhibir su fe como una seña de identidad y en oposición a quienes son diferentes. La otra se encarna en actos extraordinarios de sacrificio y compasión: por ejemplo, en el cuidado de los enfermos, los impedidos o los indigentes.

Una faz muestra el servicio a los demás; la otra no los acepta. Una reconoce que se debe conceder dignidad igual a todos los seres humanos y aspira a crear puentes de comprensión entre los credos. La otra considera que quienes no comparten su fe son unos indignos descreídos y aspira a crear un muro protector en torno a sí o incluso activamente hostil para con los “extraños”.      

En todo el mundo, se está riñendo esa batalla entre las dos faces de la fe.                                               Lo que se necesita son plataformas de entendimiento, respeto y asistencia en apoyo de una concepción abierta de la fe.

Un papel decisivo corresponde a la educación. ¿Cuántos cristianos saben que Jesús es venerado por los musulmanes como un profeta o que gracias al islam fue como los pensadores cristianos del siglo XI redescubrieron la importancia de Aristóteles y Platón? ¿Y cuántos musulmanes entienden plenamente la Reforma cristiana y las enseñanzas filosóficas y religiosas que impartió? ¿Cuánto saben en realidad tanto los musulmanes como los cristinos de su deuda para con el judaísmo? ¿Y apreciamos en Occidente de verdad la auténtica naturaleza del credo hindú o budista? ¿Entendemos cómo desarrolló el sijismo su extraordinaria apertura a todos los credos o quíénes son los bahais y en qué creen?

La cuestión es que la fe es cultura y en el mundo actual las personas de culturas diferentes están entrando en contacto como en ninguna época anterior. De nuestra mentalidad –abierta o cerrada– depende que el resultado sea la armonía o la discordia. ¿Puede coexistir una fuerte fe religiosa con semejante pluralismo?

Se trata de una cuestión decisiva de nuestro tiempo y, sin embargo, muchas personas de mentalidad abierta siguen adoptando una actitud curiosamente pasiva ante el extremismo religioso. A veces lo pasamos por alto, con la esperanza de poder abordarlo como algo diferente de la religión. A veces simplemente nos rendimos y abrazamos el secularismo. La primera actitud pasa por alto la esencia del problema; la segunda socava la fe, a la que aún corresponde un papel de enorme importancia para civilizar la mundialización e infundirle el espíritu.

En una palabra, necesitamos una democracia que no sea hostil a la religión y una religión que no sea hostil a la democracia. En este momento de celebración cristiana, es un mensaje importante, que Jesucristo habría aprobado, no me cabe duda.

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  1. CommentedOlanrewaju Kamil-Muhammed OSENI

    One of the very best article i have read when it comes to effect of religion on our way of lives and relationship with others.Religion can be used to good effect if their is better understanding and als to devastating effect if we try not to understand it.We need to try to understand other people culture and how they understand issues rather than thinking that the way we see thing is the best.Why do we have terrorist,it is more of resistance than trying to justify anything.

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