Thursday, April 24, 2014
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Adoptar el Euro y avanzar

Para los ocho países post-comunistas que la UE promete admitir en 2004, unirse a su Unión Económica y Monetaria (UEM) tiene vinculada una obligación. A diferencia del Reino Unido o Dinamarca, los nuevos miembros no pueden negarse a adoptar el euro. Sólo pueden controlar cuándo lo harán, lo que en principio podría ser apenas dos años después de la admisión en la UE.

Obviamente, aceptar el Tratado de Maastricht, con sus duras limitaciones a las políticas fiscal, monetaria y salarial, es mucho más que una decisión económica. Pero en el análisis final, la convicción (o la falta de ella) de que unirse a la UEM traerá importantes beneficios económicos es la fuerza que probablemente guiará las decisiones acerca de si se debe adoptar el euro tan pronto como sea posible.

La UEM se fundó sobre la idea, planteada por primera vez por el premio Nobel Robert Mundell, de que los costos y beneficios de la integración monetaria dependen de si los países comparten ciertas propiedades o no. Un grupo de países caracterizados por la apertura económica, el comercio y la integración de mercados financieros, estructuras económicas similares, flexibilidad en los precios y salarios, movilidad laboral y otros factores de producción puede, según esta visión, formar un área monetaria óptima (AMO)

¿Comparten los países candidatos post-comunistas las propiedades de la AMO, necesarias para una membresía exitosa en la UEM? Su grado de apertura económica, medida por la proporción de exportaciones e importaciones en su PGB, es tan alto como el de los actuales miembros de la UEM. Esto es vital, ya que mientras más abierta sea una economía, más determinantes sobre la inflación interna son los precios de los bienes que se comercian internacionalmente, haciendo menos necesaria una política independiente de tipo de cambio para influir en los precios relativos y la competitividad.

De manera similar, la integración comercial y las estructuras económicas comparables tienden a sincronizar los ciclos comerciales de los países miembros, haciendo más probable que las políticas monetarias y de tipo de cambio en común sirvan a los intereses de todos. La integración comercial se puede medir por la proporción de la UE como destino de las exportaciones de un país. Para todos los países candidatos miembros, excepto tres, esta cifra es mayor al 60%, a menudo más alta que en el caso de los miembros actuales de la UE.

La estructura económica refleja las contribuciones de diferentes sectores de la economía al PGB y al empleo. Las estructuras económicas de los cuatro candidatos que son miembros de la OCDE (la República Checa, Hungría, Polonia y Eslovaquia) son similares a las de los actuales miembros de la UEM, aunque la proporción de la industria en el PGB es más alta y la de los servicios, más baja. Los patrones de empleo también reflejan el legado de la planificación centralizada, con un empleo industrial más alto que en la UEM.

Aún así, todos los indicadores muestran que los países candidatos están estrechamente integrados en materia financiera con la UE, lo que les permite tener déficits en cuenta corriente más altos que si no lo estuvieran. En Hungría, los no residentes poseen el 20% de los valores del Estado y constituyen el 70% de la capitalización del mercado accionario. De los 31 bancos comerciales, sólo cinco son de propiedad húngara. Los propietarios extranjeros, principalmente bancos con base en la UE, ahora controlan cerca del 95% de los sectores bancarios checo y eslovaco.

Los países candidatos también muestran una mayor flexibilidad de precios nominales y salarios. Un reciente estudio de la OCDE, que midió la regulación de los mercados de productos y la protección del empleo en los países miembros, indica que los checos, húngaros y polacos tienen un compromiso mayor con la eliminación de los controles de precios (facilitando la libre empresa y liberalizando los mercados laborales) que el de varios miembros de la UE. Esto reduce la necesidad de que el tipo de cambio funcione como mecanismo de ajuste para potenciales crisis.

En toda Europa, la movilidad laboral entre países se encuentra obstaculizada por barreras culturales y lingüísticas, la limitada capacidad de trasladar los beneficios sociales, y restricciones administrativas. Pero no se debe exagerar la importancia de la movilidad laboral para una unión monetaria. Sería poco práctico, y socialmente indeseable, depender de la movilidad laboral para ayudar a superar crisis temporales, y es poco lo que puede hacer una política monetaria independiente para enfrentar las crisis permanentes que la movilidad laboral puede subsanar. En último término, la movilidad del capital compensa la menor movilidad laboral.

De modo que los miembros de la UEM y los países candidatos a la UE claramente comparten las propiedades de la AMO. Pero una unión monetaria exitosa precisa más que esto. Por ejemplo, si el mecanismo de transmisión de la política monetaria varía entre países, sus respuestas a una política en común también pueden variar.

Los factores que afectan los mecanismos de transmisión en los países candidatos (marcos legales, el grado de complejidad financiera, la madurez de las deudas y la disponibilidad de financiamiento no bancario) difieren notablemente de los países miembros de la UEM. Pero tales diferencias existen también al interior de la UEM, mientras que los efectos de los cambios a las tasas de interés de corto plazo sobre la producción y los precios son, sin embargo, bastante similares.

Con todo, el grado de apertura económica de varios países candidatos ha limitado el alcance para una política monetaria independiente. Vastas cantidades de capital de corto plazo, que especula con la convergencia de las tasas de interés o las ganancias del mercado accionario, están fluyendo hacia los países candidatos más avanzados, ejerciendo presión sobre sus monedas y aumentando su vulnerabilidad si el flujo de capital se revirtiera repentinamente. La membresía en la UEM disminuirá esta volatilidad y eliminará la exposición a ella.

Incluso si la membresía en la UEM no promete un ambiente de negocios más estable y competitivo, la mayor eficiencia y el crecimiento más rápido a lo largo del área ampliada del euro , reduciendo la exposición al contagio financiero, son razones suficientes para unirse lo antes posible. Los mercados pueden ser un maestro brutal y destructor, como lo hemos visto en las crisis monetarias que han asolado a los países en desarrollo en la década de los 90.

Al eliminar la incertidumbre del tipo de cambio nominal, un área monetaria común tiene la ventaja adicional de disminuir los costos de las transacciones y los riesgos de la inversión. Los economistas no tienen un solo punto de vista acerca del grado en que esto aumenta el comercio. Pero el efecto en el crecimiento de la producción, que es lo que importa a fin de cuentas, es mayor mientras más grande sea una economía; una manera más en que los países candidatos se podrían beneficiar considerablemente de una membresía temprana en la UEM.

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