Para aplacar la furia de China sobre su viaje privado a Taiwán este verano, antes de pasar a ser el Primer Ministro de Singapur, Lee Hsien Loong dijo que su país no apoyaría a Taiwán, en caso de que declarara oficialmente la independencia de la China continental. En realidad, ningún país, declaró Lee, adoptaría una postura diferente.
Ese golpe diplomático ocurrió por la misma época en que Taiwán estaba fracasando - por decimotercera vez- en su intento de reingresar en las Naciones Unidas, de donde fue expulsado cuando fue admitida China en 1971. Si bien los atletas taiwaneses compitieron en las recientes Olimpiadas de Atenas, los anuncios de apoyo al equipo fueron eliminados a su llegada al aeropuerto de Atenas. De regreso a su país tras un viaje a tres países aliados de la América central, el séquito del Primer Ministro Yu Shyi-kun tuvo que hacer escala en Okinawa para escapar a los efectos del tifón Aere, lo que provocó una protesta de China contra el Gobierno del Japón.
Esa política simbólica forma parte de los incesantes esfuerzos de la China continental para aislar a Taiwán internacionalmente. Para expresar su desagrado ante la visita de Lee Hsien Long, el Gobierno de China advirtió a Singapur que un acuerdo bilateral de libre comercio podía estar en peligro. Refiriéndose a la solicitud de Taiwán de reingreso en las Naciones Unidas, el portavoz del Ministerio chino de Asuntos Exteriores Kong Quan pidió que Taipei abandonara su política de "dos Chinas".
La ofensiva diplomática de China contra Taiwán se intensificó a comienzos de agosto, cuando el Presidente Hu Jintao telefoneó al Presidente George W. Bush de los Estados Unidos para pedirle que pusiera fin a la venta de armas de tecnología avanzada a Taiwán. Hu dijo a Bush que la cuestión de Taiwán era "muy delicada" y que China "en absoluto toleraría la independencia de Taiwán".
A consecuencia de esas presiones, Taiwán ha llegado a ser el país más aislado de la historia moderna, lo que resulta tanto más llamativo en vista de su éxito económico y político. De hecho, si no se rectifica, esa anomalía resultará cada vez más peligrosa.
Con la frustración por su falta de reconocimiento, en Taiwán está aumentando el desagrado popular ante términos como "China" o "chino", como también el apoyo a la existencia de dos países distintos a ambos lados del estrecho de Taiwán. Aunque las encuestas de opinión indican que una mayoría sigue apoyando el statu quo, muchos están empezando a pensar que, si el nombre oficial del país, República de China, no es aceptable para la comunidad internacional, otro nombre podría serlo. Millones de personas salieron a las calles durante las elecciones presidenciales del pasado marzo para pedir un cambio de nombre.
El último motivo de polémica -tanto en el frente interior como en las relaciones con la China continental- es el de si se debe redactar una nueva constitución. La Constitución de Taiwán, promulgada en Nanjing antes de que el gobierno del Kuomintang de Chiang Kai-chek se instalara en Taipei después de la guerra civil china del decenio de 1940, está considerada por algunos un anacronismo, inadecuado para una democracia con más de 23 millones de personas.
En Taiwán el debate sobre la reforma constitucional ha tenido derivaciones preocupantes. Lo más preocupante es que ha agudizado las tensiones entre los diferentes grupos étnicos de Taiwán sobre su identidad nacional y las relaciones con China.
Naturalmente, las lamentables relaciones de Taiwán con China han sufrido las consecuencias de ello, pues el Gobierno de China ha denunciado las peticiones de una nueva constitución como avance calculado hacia la independencia. La Oficina china de Asuntos de Taiwán hizo pública en mayo una advertencia la víspera de la toma de posesión del Presidente Chen Shui-bian para obligar a Taipei a elegir entre guerra y paz.
El gobierno de Bush, alarmado por un posible conflicto entre los dos archirrivales, instó a Chen, que ganó un segundo mandato en marzo, a que adoptara una actitud comedida. En consecuencia, en su discurso de toma de posesión el 20 de mayo, Chen prometió enmendar la Constitución mediante el mecanismo vigente, en lugar de adoptar una constitución totalmente nueva por referéndum.
Pero la aprobación de recientes reformas constitucionales por el Yuan Legislativo ilustra la continua inestabilidad de la situación. Además de substituir el sistema electoral de una sola votación y distritos múltiples por un sistema de votación de distrito único y dos vueltas, la enmienda reduce a la mitad el número de escaños en el propio Yuan. Se han alabado las reformas por considerarlas un paso decisivo hacia un más estable sistema bipartidista. Asimismo, un umbral más elevado para obtener escaños servirá para contrarrestar la compra de votos por los candidatos.
Sin embargo, para China las reformas son una pantalla de humo erigida por el Gobierno de Taiwán. China teme que el gobierno siga queriendo redactar una nueva constitución... de la que se derivaría la independencia de Taiwán.
Esa absurda guerra política ha dificultado las relaciones económicas entre ambos lados del estrecho. El volumen de transacciones comerciales ascendió a 50.000 millones de dólares en 2003 y los taiwaneses hicieron casi cuatro millones de viajes al continente. Resulta absolutamente necesario para las dos economías que se establezcan inmediatamente enlaces de transporte directos.
Pero también a ese respecto las susceptibilidades políticas tienen una gran importancia. China quiere que se considere el enlace de carácter interno, con derechos exclusivos para las compañías aéreas registradas a ambos lados, mientras que Taiwán insiste en que los servicios estén abiertos a la competencia extranjera.
De modo que la lucha por la soberanía eclipsa todas las cuestiones bilaterales. En realidad, como China está empeñada en la reunificación, se niega incluso a calificar las relaciones con Taiwán de "bilaterales", mientras la influencia mundial en aumento de China indica que la suerte diplomática de Taiwán no va a mejorar. Sin embargo, la única consecuencia de ello puede ser el fortalecimiento del apoyo en Taiwán a la independencia como única salida.


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