WEEKLY SERIES

INTERNATIONAL ECONOMICS

STRATEGIC SPOTLIGHT

GLOBAL FINANCE

ECONOMICS OF DEVELOPMENT

ECONOMIC AND REGULATORY POLICY

ECONOMIC HISTORY

ECONOMIC PERSPECTIVES

PUBLIC INTELLECTUALS

GLOBAL OUTLOOK

REGIONAL EYE

SPECIAL SERIES

PROJECT SYNDICATE

Unconventional Economic Wisdom

El fracaso de las metas inflacionarias

English Spanish Russian French German Czech Chinese Arabic

2008-05-06

Nueva York- Los banqueros centrales del mundo son un club bastante estrecho que tiende a seguir modas y novedades. A principios de los años 80, cayeron rendidos ante el hechizo del monetarismo, una teoría económica simplista promovida por Milton Friedman. Después de que el monetarismo quedara desacreditado -con gran coste para los países que sucumbieron a él- comenzó la búsqueda de un nuevo mantra.

La respuesta llegó en la forma de la “fijación de metas inflacionarias”, que dice que siempre que el aumento de los precios supere un nivel que se ha puesto como objetivo, es necesario elevar los tipos de interés. Esta receta poco sofisticada se basa en pocas evidencias empíricas o teorías económicas; no hay razón para esperar que, independientemente de la causa de la inflación, la mejor respuesta sea aumentar los tipos de interés. Uno esperaría que la mayoría de los países tuviera el sentido común de no implementar metas inflacionarias; vayan mis condolencias a los desafortunados ciudadanos de los que lo han hecho. (Entre la lista de las naciones que han adoptado oficialmente una u otra forma de fijación de metas inflacionarias se encuentran Israel, la República Checa, Polonia, Brasil, Chile, Colombia, Sudáfrica, Tailandia, Corea, México, Hungría, Perú, Filipinas, Eslovaquia, Indonesia, Rumania, Nueva Zelanda, Canadá, el Reino Unido, Suecia, Islandia y Noruega.)

Hoy la fijación de metas inflacionarias se está poniendo a prueba, y es casi seguro que fracasará. En la actualidad los países en desarrollo enfrentan índices más altos de inflación, no debido a un mal manejo de la macroeconomía, sino porque los precios del petróleo y los alimentos se están yendo a las nubes, y estos productos representan una parte mucho mayor del presupuesto de los hogares que en los países ricos. Por ejemplo, en China la inflación está llegando al 8% o más. En Vietnam es incluso mayor y se espera que alcance el 18,2% este año, y en India es del 5,8%. Por el contrario, la inflación en Estados Unidos es del 3%. ¿Significa esto que estos países en desarrollo deberían elevar sus tipos de interés mucho más que EE.UU.?

En su mayor parte, la inflación en estos países es importada . Elevar los tipos de interés no tendrá mucho efecto en el precio internacional de los cereales o el combustible. De hecho, dado el tamaño de la economía estadounidense, una desaceleración allí podría tener un efecto mucho mayor en los precios globales que una en cualquier país en desarrollo, lo que sugiere que, desde una perspectiva global, deberían elevarse los tipos de interés de Estados Unidos, no de los países en desarrollo.

En tanto los países en desarrollo sigan integrados a la economía global -y no tomen medidas para restringir el impacto de los precios internacionales en los precios internos- los precios internos del arroz y otros cereales se elevarán notablemente cuando así lo hagan los precios internacionales. Para muchos países en desarrollo, los altos precios del petróleo y los alimentos representan una triple amenaza: no sólo los países importadores tienen que pagar más por los cereales, sino que tienen que pagar más por llevarlos a sus países y todavía más para hacerlos llegar a los consumidores que vivan a grandes distancias de los puertos.

Elevar los tipos de interés puede reducir la demanda agregada, lo que puede aminorar el ritmo de la economía y amortiguar el aumento de los precios de ciertos bienes y servicios, especialmente bienes y servicios no transables. Sin embargo, a menos que se lleve a un nivel intolerable, estas medidas por si solas no pueden reducir la inflación a los niveles que hayan sido puestos como objetivo. Por ejemplo, incluso si los precios mundiales de la energía y los alimentos aumentaran a un ritmo más moderado que el actual -por ejemplo, 20% al año- y se reflejan en los precios internos haciendo que la inflación general fuera de, digamos, un 3%, sería necesario que en otras áreas los precios bajaran notablemente. Casi con seguridad eso implicaría una marcada desaceleración económica y un alto desempleo. La cura sería peor que la enfermedad.

Entonces, ¿qué habría que hacer? En primer lugar, no se debería culpar a los políticos o a los banqueros centrales por la inflación importada, del mismo modo como no deberíamos aplaudirlos por la baja inflación cuando el ambiente mundial es benigno. Hoy se reconoce que el ex Presidente de la Reserva Federal de EE.UU., Alan Greenspan, merece mucha de la responsabilidad por el embrollo actual de la economía estadounidense. También a veces se le da crédito por la baja inflación de EE.UU. durante su gestión, pero la verdad es que los Estados Unidos de los años de Greenspan se beneficiaron de un período de baja de los precios de los productos básicos y de la deflación en China, factores ambos que ayudaron a mantener a raya los precios de los bienes manufacturados.

En segundo lugar, debemos reconocer que los altos precios pueden causar un enorme estrés, especialmente para las personas de menores ingresos. Los disturbios y protestas en algunos países en desarrollo son apenas la peor manifestación de esto.

Los partidarios de la liberalización del comercio pregonaron sus ventajas, pero nunca fueron completamente honestos acerca de sus riesgos, contra los que los mercados usualmente no proteger de manera adecuada. Hace más de un cuarto de siglo hice notar que, bajo circunstancias plausibles, la liberalización comercial podría empeorar la situación de todos. No estoy argumentando a favor del proteccionismo, sino dando una nota de advertencia de que debemos estar conscientes de los riesgos de su lado menos reluciente y estar preparados para enfrentarlos.

Cuando se trata de la agricultura, los países desarrollados, como Estados Unidos y los miembros de la Unión Europea, blindan tanto a los consumidores como a los agricultores frente a estos riesgos. Sin embargo, la mayor parte de los países en desarrollo carecen de las estructuras institucionales o los recursos para tomar medidas similares. Varios están imponiendo medidas de emergencia, como prohibiciones o impuestos a las exportaciones, que ayudan a sus propios ciudadanos, pero a expensas de los de otros países.

Si hemos de evitar una reacción aún más violenta contra la globalización, Occidente debe responder de manera sólida y veloz. Es necesario anular los subsidios a los biocombustibles, que han estimulado el cambio de uso de las tierras desde la producción de alimentos a la de energía. Además, algunos de los miles de millones que se destinan a ayudar a los agricultores occidentales deben destinarse ahora a ayudar a que los países en desarrollo más pobres satisfagan sus necesidades básicas de alimentos y energía.

Lo que es más importante, tanto los países desarrollados como en desarrollo deben abandonar la fijación de metas inflacionarias. La lucha por enfrentar el aumento de los precios de los alimentos y la energía ya es lo suficientemente difícil. La economía debilitada y el mayor desempleo que generan las metas inflacionarias no tendrán mucho efecto sobre la inflación; sólo harán más difícil la tarea de sobrevivir en esas condiciones.

Joseph E. Stiglitz, profesor de economía en la Universidad de Columbia, recibió el Premio Nobel de Economía en 2001. Su libro más reciente, escrito en colaboración con Linda Bilmes, es The Three Trillion Dollar War: The True Costs of the Iraq Conflict.

You might also like to read more from or return to our home page.

La reimpresión de material de este sitio Web sin el consentimiento por escrito de Project Syndicate es una violación de las leyes internacionales de derechos de autor. Para obtener autorización, póngase en contacto con distribution@project-syndicate.org.
English Spanish Russian French German Czech Chinese Arabic

You must be logged in to post or reply to a comment.
Please log in or sign up for a free account.


nicolas 02:20 26 Aug 08

Inflation targeting is not failing

In his May commentary, Nobel Prize Laureate Joseph E. Stiglitz expressed sympathies to the inflation-targeting countries. As the Czech Republic is one such 'unfortunate' country, we have no option but to respond to this commentary and to rebut two key misinterpretations that Joseph E. Stiglitz makes in his article.

The first misinterpretation is the author's claim that inflation targeting works in such a way that interest rates have to be raised whenever inflation rises above the target. If the decision-making of inflation-targeting central banks was that easy, they would certainly not employ teams of leading economists and they would not make their decisions after long discussions. There are two basic reasons why they do so. First, inflation-targeting central banks take decisions not on the basis of current inflation, but on the basis of an assessment of the forecast for the future path of inflation. It is therefore necessary to draw up such a forecast and to discuss the risks pertaining to it. Second, even if the inflation forecast lies above the target, this does not mean the central bank has to raise interest rates. Inflation-targeting banks do not look solely at inflation, but also take into consideration future economic growth and unemployment. If the economy is in danger of falling into recession as a result of a supply shock, the central bank may leave interest rates unchanged or even cut them, even though the inflation forecast is above the inflation target. The decision-making on the optimum response to various types of shocks is not straightforward and may vary over time.

Mr Stiglitz's second misinterpretation is the notion that by changing interest rates inflation-targeting central banks only affect the level of demand and so cannot offset the growth in global prices of energy and food. No matter how open or closed an economy is, changing interest rates always has an impact on the domestic currency's exchange rate. A rise in interest rates leads to appreciation of the currency. Imported goods (including energy and food) thus become cheaper, exerting downward competitive pressure on domestic producers' prices. Cutting rates has the same consequences, only with the opposite sign. In many developing countries, this exchange rate effect is stronger than the effect on domestic demand.

The inflation-targeting countries' past (in the case of New Zealand almost 20-year) experience suggests that inflation targeting is the only regime that can cope flexibly with the impacts of external shocks. It is no accident that the growing list of countries operating this monetary policy regime is dominated by small, highly open economies, which are most exposed to such shocks. However, inflation targeting is not a recipe for small countries only. It can work equally well in large economies, including the USA. If the Federal Reserve was currently targeting inflation, Joseph E. Stiglitz's call for higher interest rates in the USA would certainly be heard.

Jan Filáček

Economist, Czech National Bank



AUTHOR INFO

Joseph E. Stiglitz is University Professor at Columbia University, a Nobel laureate in economics, and the author of Freefall: Free Markets and the Sinking of the Global Economy.