Joseph E. Stiglitz
Las dimensiones sociales de la globalización
Joseph E. Stiglitz
La guerra contra el terrorismo y el conflicto en Irak han distraído mucha de la atención mundial sobre el urgente tema de cómo hay que manejar la globalización para beneficio de todos. Un nuevo informe, preparado por la Comisión sobre las Dimensiones Sociales de la Globalización de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), nos recuerda lo alejada que se encuentra la administración Bush del consenso global.
La OIT es una organización tripartita con representantes de trabajadores, gobiernos y empresarios. La Comisión, encabezada por los presidentes de Finlandia y Tanzania, tiene 24 miembros (de los cuales yo fui uno) de distintas nacionalidades, grupos de interés y convicciones intelectuales, e incluye a participantes tan disímbolos como el presidente de la Toshiba y el líder de la AFL-CIO. Sin embargo, este grupo tan heterogéneo fue capaz de cristalizar el consenso mundial emergente de que la globalización, a pesar de su potencial positivo, no sólo no ha logrado desarrollar ese potencial, sino que ha contribuido de hecho al descontento social.
La falla reside en la forma en que ha sido manejada la globalización (en parte por los países, pero sobre todo, por la comunidad internacional, incluyendo instituciones como el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio y el FMI, que son los responsables de establecer las "reglas del juego"). En la Comisión incluso se formó un consenso sobre varias medidas concretas para contribuir a darle un "rostro humano" a la globalización, o al menos a mitigar algunos de sus peores efectos.
La brecha entre el naciente consenso sobre la globalización, que este informe refleja, y las políticas económicas internacionales de la administración Bush ayuda a explicar la hostilidad generalizada hacia el gobierno de Estados Unidos.
Consideremos dos temas que han formado parte de acuerdos bilaterales de libre comercio que la administración Bush ha promovido de manera agresiva. Las crisis en el Este de Asia y las recientes recesiones en América Latina demuestran que una liberalización prematura de los mercados de capital puede dar como resultado una enorme volatilidad económica, pobreza creciente y la destrucción de las clases medias.
Incluso el FMI reconoce ahora que la liberalización de los mercados de capital no ha llevado ni crecimiento ni estabilidad a los países en desarrollo. No obstante, ya sea impulsada por una ideología estrecha o en respuesta a exigencias de algunos grupos de interés, la administración Bush sigue exigiendo una forma extrema de liberalización en sus acuerdos comerciales bilaterales.
El segundo tema tiene que ver con las desequilibradas disposiciones de protección intelectual de la Ronda Uruguay de pláticas comerciales, dictadas por las industrias farmacéutica y del entretenimiento de los Estados Unidos. Esas disposiciones impiden que los países fabriquen versiones genéricas de los fármacos, lo que hace que muchas medicinas de importancia crítica resulten inasequibles en los países en desarrollo.
Impulsados por la preocupación sobre el SIDA, activistas de todo el mundo exigieron que se hiciera algo. Justo antes de las pláticas de Cancún del año pasado, los EU hicieron algunas concesiones, para que dejara de ser el único impedimento. Sin embargo, en sus acuerdos comerciales bilaterales, los EU están exigiendo lo que se ha dado en llamar "TRIPs plus", que fortalecerían aún más los derechos de propiedad, a fin de garantizar que los países sólo puedan fabricar medicamentos genéricos baratos durante epidemias y otras emergencias.
El consenso global, reflejado en el informe de la Comisión, pide más excepciones para que, digamos, las medicinas estén disponibles en todos los casos en que puedan salvar vidas. Para quienes se enfrentan a la posibilidad de morir, lo que importa es el acceso a las medicinas, y no si lo que los está matando forma parte de una epidemia.
Los acuerdos bilaterales son una de las bases para mejorar los vínculos de amistad entre países. Pero la intransigencia de los Estados Unidos en este aspecto está despertando protestas en los países que están bajo la "amenaza" de uno de esos acuerdos, como Marruecos, y se está convirtiendo en motivo de resentimientos duraderos.
La Comisión subraya otros asuntos que no han recibido la debida atención mundial, como la competencia fiscal entre los países en desarrollo, que está desplazando la carga impositiva de las empresas a los trabajadores. En otras áreas, el informe de la Comisión se pronuncia por perspectivas más "equilibradas". En materia de tipo de cambio, por ejemplo, se muestra más a favor de un sistema mixto que de la idea tradicional de que los países deben optar por sistemas completamente flexibles, por un lado, o por una estricta indexación (como la que contribuyó de manera tan importante a los problemas de Argentina) por el otro.
Como lo demuestra ese ejemplo, llevar voces distintas a las mesas de discusión sobre la globalización produce nuevas perspectivas. Hasta ahora, la preocupación principal de la mayoría de los expertos en el tema ha sido la intervención excesiva de los gobiernos en la economía. La Comisión teme exactamente lo opuesto. Sostiene que el Estado tiene un papel que desempeñar para proteger a los individuos y a la sociedad de los impactos del cambio económico acelerado.
No obstante, la manera en la que se ha manejado la globalización ha erosionado la capacidad del Estado para desempeñar su papel. La raíz del problema es el sistema político global (si así se le puede llamar). Los actores principales como el FMI y el Banco Mundial deben ser más transparentes, y es necesario que cambien sus estructuras de votación para reflejar la distribución actual del poder económico (que es distinta a la que prevalecía en 1945), y ya no digamos para reflejar principios democráticos básicos.
Sea cual sea nuestra opinión acerca de las diversas sugerencias concretas de la Comisión, hay algo claro: necesitamos un debate más incluyente sobre la globalización, donde participen más voces y donde haya un mayor énfasis sobre las dimensiones sociales del fenómeno. Este es un mensaje que el mundo haría bien en escuchar, para que el descontento con la globalización no siga aumentando.
Copyright: Project Syndicate, marzo de 2004.
Traducido del inglés por Mario de Gortari Rangel
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