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El ejemplo español para los romaníes de Europa

NUEVA YORK -- La continua discriminación contra los romaníes en Europa no sólo viola la dignidad humana, sino que, además, es un importante problema social que debilita el desarrollo de los países de la Europa oriental que tienen grandes poblaciones romaníes. España, que ha tenido más éxito al abordar su problema romaní que otros países, puede dar ejemplo este mes al hacerse cargo de la presidencia de la Unión Europea.

Actualmente, hasta doce millones de romaníes viven en Europa, principalmente en el Este. Pese al crecimiento económico total de la región en los dos últimos decenios, la vida para muchos romaníes es peor que nunca. Durante la época comunista, los romaníes recibieron puestos de trabajo y viviendas, pero las industrias pesadas en las que muchos trabajaban ahora han cerrado y el desempleo está generalizado. Muchos romaníes viven en condiciones deplorables, indignas de la Europa moderna.

Esas penalidades económicas resultan intensificadas por la tensión social. La población mayoritaria es muy hostil a los romaníes y la discriminación contra ellos se da en todos los niveles. Por ejemplo, con frecuencia se coloca automáticamente a los niños romaníes en clases para retrasados mentales, simplemente porque son romaníes. Pese a las sentencias judiciales que imponen reformas, a menudo se deniega a los romaníes el acceso igual a la vivienda, la educación y la atención de salud, con lo que se crea un círculo vicioso de pobreza y marginación. La realidad y el estereotipo se refuerzan mutuamente de forma refleja.

La UE está llegando a comprender poco a poco que tiene un gran problema social en las manos. Al ver que se les deniegan las oportunidades en el Este, muchos romaníes se han trasladado a la Europa occidental, lo que ha avivado una nueva ola de hostilidad. En Italia, el trato dado por el gobierno de Berlusconi a los poblados romaníes –al destruir sus casas y tomar sus huellas dactilares sólo por su procedencia étnica– ha sido una violación manifiesta de los derechos humanos, lo que ha movido a la UE a crear el nuevo cargo de Comisario para los Derechos Humanos Fundamentales, pero las violaciones continúan.

Un detalle positivo es el de que el Decenio para la Inclusión de los Romaníes, establecido en 2005, esta recibiendo un fuerte apoyo de los fondos estructurales administrados por la Comisión Europea y está logrando algunos avances. Sin embargo, no es suficiente para invertir una corriente en aumento de violencia y discriminación, agravada por la reciente recesión económica.

Lo que ahora se necesita es una estrategia europea amplia para abordar las cuestiones romaníes de forma transfronteriza. Dicha estrategia debe abordar tanto las intolerables condiciones de vida de los romaníes como los estereotipos hostiles que persisten en las poblaciones mayoritarias, porque se refuerzan mutuamente.

Se trata de una cuestión no sólo de derechos humanos, sino también económica. Conforme a las tendencias demográficas actuales, en 2040 los romaníes constituirán el 40 por ciento, aproximadamente, de la población húngara en edad de trabajar. Las estadísticas correspondientes a los países vecinos son similares. A no ser que los romaníes reciban una buena instrucción e integración social –en llamativo contraste con la realidad actual–, el futuro económico de esos países es desolador.

La clave para el éxito es la instrucción de una nueva generación de romaníes que no intenten asimilarse a la población general, sino que conserven deliberadamente su identidad como romaníes. Con su mera existencia, unos romaníes instruidos y triunfantes acabarán con los persistentes estereotipos negativos.

Puedo hablar con cierta autoridad al respecto. Mi red de fundaciones ha asignado prioridad a la instrucción de los romaníes desde su inscripción en Hungría en 1984 y en toda la Europa oriental desde 1989. Esas actuaciones han producido una pequeña minoría selecta romaní muy instruida que ahora está haciendo una importante contribución a la emancipación de los romaníes. Esos dirigentes han abierto nuevos caminos para futuros propagandistas, pero son demasiado pocos.

Al tiempo que el lanzamiento del Decenio para la Inclusión de los Romaníes en 2005, mi red de fundaciones constituyó una alianza con el Banco Mundial y transfirió sus programas educativos romaníes a un recién creado Fondo de Educación Romaní. El año pasado, el Fondo prestó asistencia directa a 30.000 niños romaníes y 800 estudiantes universitarios. También prestó un apoyo inestimable a los sistemas de educación pública de los países miembros para intensificar la inclusión de los romaníes. El Fondo se propone duplicar sus actividades en los cinco próximos años, pero vuelvo a decir que no es bastante. Dadas las necesidades, debería multiplicarse por diez.

La escala de ese empeño exige una respuesta institucional amplia de la UE, que se prolongue mucho más allá del Decenio y supere la capacidad de mis fundaciones. Si bien la Plataforma Romaní Europea, lanzada en 2009, prestó un servicio propagandístico a las cuestiones romaníes, fue insuficiente. Europa debe formular una estrategia a largo plazo vinculada con programas y mecanismos de supervisión que logren cambios reales en el terreno.

España puede estar orgullosa con razón de la forma como ha abordado la cuestión de su minoría romaní. Espero que la Presidencia española de la UE se base en esa experiencia para erigirse en adalid del lanzamiento de una amplia estrategia romaní europea. Si España toma la delantera, toda Europa recogerá en última instancia los beneficios.

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