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La misión global de Europa

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2006-11-17

Europa está en busca de su identidad. Creo que es fácil de encontrar: la Unión Europea encarna el principio de una sociedad abierta, que podría servir como fuerza para una sociedad abierta global.

Permítanme explicar a qué me refiero.

El primero en utilizar el concepto de una sociedad abierta fue el filósofo francés Henri Bergson en su libro Las dos fuentes de la moral y la religión . Una fuente, según Bergson, es tribal y conduce a una sociedad cerrada cuyos miembros sienten afinidad entre sí, pero temor u hostilidad hacia los demás. La otra fuente es universal, y lleva a una sociedad abierta guiada por los derechos humanos universales que protege y promueve la libertad del individuo.

Karl Popper modificó este esquema en su libro seminal La sociedad abierta y sus enemigos , publicado en 1944. Popper señalaba que las ideologías abstractas y universales como el comunismo y el fascismo pueden poner en peligro a una sociedad abierta. Como la pretensión de estas ideologías de poseer la verdad absoluta está destinada a ser falsa, sólo se las puede imponer a una sociedad mediante la represión y la compulsión. En cambio, una sociedad abierta acepta la incertidumbre y establece leyes e instituciones que le permiten a la gente con opiniones e intereses divergentes convivir en paz.

La UE encarna los principios de una sociedad abierta hasta un punto verdaderamente notable. Si bien sus principios guía no quedaron plasmados en una constitución, hasta esto puede ser apropiado en el caso de una sociedad abierta porque, como sostenía Popper, nuestra comprensión imperfecta no permite definiciones permanentes y eternamente válidas de los acuerdos sociales.

La UE nació mediante un proceso de ingeniería social gradual –el método que Popper consideraba apropiado para una sociedad abierta-, dirigido por una elite perspicaz y con fines determinados que reconocía que la perfección es inalcanzable. Procedió paso a paso, estableciendo objetivos limitados con cronogramas limitados y sabiendo perfectamente bien que cada paso resultaría inadecuado y exigiría un paso más.

El enfoque del paso a paso se frenó con la derrota de la Constitución Europea. La UE ha quedado en una posición insostenible, con una membresía ampliada de 27 Estados y una estructura reguladora diseñada para seis. Se erosionó la voluntad política de lograr que el proceso siguiera avanzando. Se desvaneció el recuerdo de las guerras pasadas y desapareció la amenaza planteada por la Unión Soviética. Los sentimientos nacionalistas, xenófobos y antimusulmanes están en aumento, agravados por la imposibilidad de integrar a las comunidades de inmigrantes.

Desafortunadamente, el desorden dentro de la UE es parte de una agitación global más amplia. Estados Unidos solía ser la potencia dominante y marcaba la agenda para el mundo. Pero la guerra contra el terrorismo del presidente George W. Bush socavó los principios básicos de la democracia norteamericana al expandir los poderes ejecutivos. Socavó el proceso crítico que está en el corazón de una sociedad abierta al considerar antipatriota cualquier crítica de las políticas de la administración, permitiendo así a Bush ordenar la invasión de Irak.

Peor aún, la guerra contra el terrorismo fue contraproducente. Aumentó la amenaza terrorista al crear víctimas inocentes y, a la vez, derivó en una caída precipitada del poder y la influencia norteamericanos. En consecuencia, Estados Unidos ya no está en posición de marcar la agenda del mundo.

La UE definitivamente no puede ocupar el lugar de Estados Unidos como líder del mundo. Pero sí puede marcar el ejemplo, tanto dentro de sus fronteras como más allá. La perspectiva de ser miembro de la UE ha sido la herramienta más poderosa para convertir a los países candidatos en sociedades abiertas. Si bien la mayoría de sus ciudadanos no lo perciben así, la UE funciona como un ejemplo inspirador. Todo lo que se necesita ahora es que el pueblo de Europa se sienta inspirado por la idea de la UE como el prototipo de una sociedad abierta global.

Lo que esto significa en principio se puede definir de manera concisa: la UE necesita una política exterior común. Esta es la única parte de la constitución europea que debe rescatarse con premura.

Mientras tanto, no debería permitirse que la falta de una reforma institucional sirva como excusa para la inacción.

La UE ya cuenta con amplios recursos como para tener impacto en la escena mundial:

  • la mitad de la asistencia mundial para el desarrollo en el exterior;
  • el mayor mercado único en el mundo;
  • 45.000 diplomáticos;
  • casi 100.000 guardianes de la paz que trabajan en todos los continentes;
  • y la perspectiva de utilizar el comercio, la ayuda y la membresía como catalizadores para alentar a los Estados vecinos a convertirse en sociedades abiertas.

Cuando Europa haya adoptado una política común –como respecto de Irán-, habrá logrado persuadir a otros, entre ellos Estados Unidos, de cambiar sus posturas de larga data. Pero con demasiada frecuencia la UE no está a la altura de su potencial.

Por ejemplo, Europa hizo pocos progresos a la hora de formular una política energética común. Como resultado, cada vez depende más de Rusia, país que no dudó en explotar su posición de negociación. De la misma manera, la UE no logró brindarle el apoyo adecuado a Georgia, o imponer sanciones apropiadas a Uzbekistán por la masacre de Andiján el año pasado. Por otra parte, la Política Europea de Vecindad nunca cobró impulso, mientras que el trato que la UE le dio a Turquía está empujando a un aliado importante en la dirección equivocada.

También se están gestando problemas en algunos de los países miembro recientemente admitidos, como Hungría y Polonia, donde la UE podría ejercer un papel más activo en cuanto a la promoción de la estabilidad política.

De más está decir que una política exterior común no debería ser antinorteamericana. Una postura de este tipo sería contraproducente, porque reforzaría la división de la comunidad internacional que inició la administración Bush. Pero la UE puede marcar un ejemplo de cooperación internacional que Estados Unidos, bajo un liderazgo diferente –cosa que probablemente suceda- terminaría emulando.

George Soros es financista y filántropo; presidente del Soros Fund Management y del Instituto para Sociedades Abiertas.

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