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El error de la guerra contra el terrorismo

by George Soros

El fracaso de Israel a la hora de someter a Hezbollah demuestra las muchas debilidades del concepto de guerra contra el terrorismo. Una debilidad reside en que, aún si los blancos son terroristas, las víctimas, muchas veces, son civiles inocentes, y su sufrimiento refuerza la causa terrorista.

En respuesta a los ataques de Hezbollah, se justificó a Israel en su deseo de destruir a Hezbollah y protegerse de la amenaza de los misiles en su frontera. Sin embargo, Israel debería haberse preocupado más por minimizar el daño colateral. Las víctimas civiles y el daño material infligido al Líbano enfurecieron a los musulmanes y a la opinión pública en contra de Israel y las milicias de Hezbollah pasaron de ser agresores a convertirse en héroes de la resistencia. Que el Líbano estuviera debilitado también hizo que resultara más difícil dominar a Hezbollah.

Otra debilidad del concepto de guerra contra el terrorismo es que se basa en la acción militar y descarta cualquier abordaje político. Israel se retiró del Líbano y luego de Gaza unilateralmente, en lugar de hacerlo negociando acuerdos políticos con el gobierno libanés y la autoridad palestina. El fortalecimiento de Hezbollah y Hamas fue una consecuencia directa de esa postura. El concepto de guerra contra el terrorismo se interpone en el camino de reconocer este hecho porque nos separa a “nosotros” de “ellos” y niega que nuestras acciones puedan modelar su comportamiento.

Una tercera debilidad es que el concepto de guerra contra el terrorismo aglutina diferentes movimientos políticos que usan tácticas terroristas. No distingue entre Hamas, Hezbollah, Al Qaeda o la insurrección sunita y la milicia Mahdi en Irak. Sin embargo, todas estas manifestaciones terroristas son diferentes y requieren respuestas diferentes. Ni a Hamas ni a Hezbollah se los puede tratar como simples blancos en la guerra contra el terrorismo porque tienen raíces profundas en sus sociedades; y, aún así, existen profundas diferencias entre ellos.

En retrospectiva, es fácil ver dónde falló la política israelí. Cuando Mahmoud Abbas fue elegido presidente de la Autoridad Palestina, Israel debería haber hecho el esfuerzo extraordinario de respaldarlo, a él y a su equipo reformista.

Cuando Israel se retiró de Gaza, el ex presidente del Banco Mundial, James Wolfensohn, negoció un plan de seis puntos en nombre del Cuarteto de Oriente Medio (Rusia, Estados Unidos, la Unión Europea y las Naciones Unidas). Esto implicó abrir cruces entre Gaza y Cisjordania, un aeropuerto y un puerto marítimo en Gaza, abrir la frontera con Egipto y transferir a manos árabes los invernaderos abandonados por los colonos israelíes. No se implementó ninguno de los seis puntos.

Esto contribuyó a la victoria electoral de Hamas. La administración Bush, después de haber presionado a Israel para que llevara a cabo elecciones, luego respaldó la negativa de Israel de tratar con un gobierno de Hamas. El efecto fue la imposición de mayores penurias a los palestinos.

Sin embargo, Abbas pudo forjar un acuerdo con el brazo político de Hamas para la formación de un gobierno de unidad. Fue para frustrar este acuerdo que la rama militar de Hamas, dirigida desde Damasco, inició la provocación que derivó en la respuesta de mano dura de parte de Israel –que, a su vez, incitó a Hezbollah a una mayor provocación, abriendo un segundo frente-. Así es como los extremistas se oponen entre sí para destruir cualquier posibilidad de progreso político.

Israel ha sido un participante en este juego y el presidente Bush compró esta política errónea, apoyando incondicionalmente a Israel. Los acontecimientos demostraron que esta política conduce a una escalada de la violencia. El proceso avanzó al punto de que la superioridad militar indiscutida de Israel ya no es suficiente para superar las consecuencias negativas de su política. La existencia de Israel hoy está más amenazada que en los días del Acuerdo de Oslo. De la misma manera, Estados Unidos se volvió un lugar menos seguro desde que el presidente Bush le declaró la guerra al terrorismo.

Llegó la hora de darse cuenta de que las políticas de hoy son contraproducentes. Este círculo vicioso de violencia creciente no tendrá fin sin un acuerdo político sobre la cuestión palestina. De hecho, las perspectivas de entablar negociaciones hoy son mejores que hace unos meses. Los israelíes deben tomar conciencia de que una disuasión militar, por sí sola, ya no es suficiente. Y los árabes, al haberse redimido en el campo de batalla, tal vez estén más dispuestos a aceptar un acuerdo.

Las voces duras sostienen que Israel nunca debe negociar desde una posición de debilidad. Se equivocan. La postura de Israel probablemente se vuelva más débil cuanto más persista en su curso actual. De la misma manera, Hezbollah, después de haber saboreado la sensación, si no la realidad, de la victoria (e incitado por Siria e Irán), puede resultar recalcitrante.

Sin embargo, es allí donde entra en juego la diferencia entre Hezbollah y Hamas. La gente de Palestina añora la paz y el alivio del sufrimiento. El ala política –tan diferente de la militar- de Hamas debe responder a sus deseos. No es demasiado tarde para que Israel respalde y trate con un gobierno de unidad palestino liderado por Abbas como el primer paso hacia una actitud mejor balanceada. Lo que falta es un gobierno norteamericano que no esté enceguecido por el concepto de la guerra contra el terrorismo.

George Soros, financista y filántropo, es autor de The Age of Fallibility: Consequences of the War on Terror (La era de la falibilidad: Consecuencias de la guerra contra el terrorismo).

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