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La nueva Doctrina Bush

George Soros

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2005-01-25

El segundo discurso de toma de posesión del Presidente Bush planteó una visión ambiciosa del papel de los Estados Unidos en la promoción de la causa de la libertad en todo el mundo, lo que alimenta las especulaciones sobre el curso que tomará la política exterior del país en los próximos cuatro años. Por ello, las ideas expresadas en el discurso de Bush merecen una reflexión seria.

"La política de Estados Unidos es buscar y apoyar el crecimiento de los movimientos y las instituciones democráticas en toda nación y cultura", declaró Bush, "con el objetivo final de acabar con la tiranía en nuestro mundo".

Hace un reconocimiento a la diplomacia al asegurar que el cumplimiento de esa misión "no es principalmente labor de las armas, aunque defenderemos a nuestros amigos y a nosotros mismos por la fuerza de las armas cuando sea necesario". Igualmente, Bush reconoce que los extranjeros no pueden imponer la libertad a los pueblos. En cambio, "La libertad, por su naturaleza, debe ser elegida y defendida por los ciudadanos y mantenida mediante el Estado de derecho y la protección de las minorías".

Por último, acepta la diversidad, pues "cuando el alma de una nación se expresa por fin, las instituciones que surgen pueden reflejar costumbres y tradiciones muy distintas de las nuestras. Los Estados Unidos no impondremos nuestro propio estilo de gobierno a quienes no lo quieren. Nuestra meta es ayudar a otros a encontrar su propia voz, alcanzar su libertad y seguir su camino".

Estoy de acuerdo con esa meta y he dedicado los últimos quince años de mi vida y varios miles de millones de dólares de mi fortuna a alcanzarla. Sin embargo, disiento profundamente con la administración Bush. No es sólo que hay una gran brecha entre las palabras y las acciones oficiales; me parece que a veces las palabras contradicen directamente a las acciones en una especie de doble sentido orwelliano.

Cuando Bush declaró la guerra contra el terrorismo, utilizó esa guerra para invadir Iraq. Cuando no se pudo establecer un vínculo con Al Qaeda y cuando no se encontraron armas de destrucción masiva, declaró que invadimos Iraq para instaurar la democracia. Ahora, las elecciones en Iraq están a punto de convertirse en una guerra civil entre un gobierno controlado por los chiítas y los kurdos y una insurrección sunita.

En Iraq y otros lugares, cuando Bush dice que "la democracia triunfará", muchos interpretan que lo que quiere decir es que los Estados Unidos triunfarán. Eso pone en duda los motivos de los Estados Unidos y les quita cualquier autoridad moral que alguna vez hayan tenido para intervenir en los asuntos internos de otro país. Si, por ejemplo, los Estados Unidos ofrecen su apoyo a los estudiantes iraníes que buscan genuinamente una mayor libertad, es más probable que ese apoyo los ponga en peligro, mientras que los exponentes de línea dura del régimen se fortalecen.

Para explicar en qué está mal la nueva doctrina Bush debo recurrir al concepto de la sociedad abierta. Ese es el concepto que guía mis esfuerzos por promover la libertad en todo el mundo. El trabajo se ha hecho a través de fundaciones que operan en el terreno y que están encabezadas por ciudadanos que comprenden los límites de lo posible en sus países. En ocasiones, cuando un régimen represivo expulsa a nuestra fundación –como ocurrió en Belarús y Uzbekistán—operamos desde el exterior.

Paradójicamente, la sociedad abierta más exitosa del mundo, los EU, no entiende cabalmente los principios de una sociedad abierta; de hecho, sus líderes actuales los niegan activamente. El concepto de la sociedad abierta se basa en el reconocimiento de que nadie posee la verdad absoluta. Sostener lo contrario lleva a la represión. En resumen, es posible que nos equivoquemos.

Esta es precisamente la posibilidad que Bush se niega a aceptar, y su negación es atractiva para un segmento significativo del público estadounidense. A un segmento igual de significativo le horroriza. Esto ha dejado a los EU no sólo profundamente divididos sino también enfrentados con gran parte del resto del mundo, que considera nuestras políticas como déspotas y arbitrarias.

El Presidente Bush ve su reelección como un respaldo a sus políticas y se siente reforzado en su visión distorsionada del mundo. Afirma que "el momento de rendir cuentas" ya pasó y está listo para enfrentarse a la tiranía en todo el mundo de acuerdo con su propia percepción.

Pero el proceso crítico que se encuentra en el corazón de una sociedad abierta –al que los EU renunciaron durante dieciocho meses después del 11 de septiembre de 2001—no se puede abandonar. Esta ausencia de autocrítica es lo que llevó a los Estados Unidos al atolladero de Iraq.

Una comprensión mejor del concepto de sociedad abierta requiere que se haga una distinción entre promover la libertad y la democracia y promover los valores e intereses estadounidenses. Si lo que se quiere es la libertad y la democracia, sólo se pueden promover fortaleciendo el derecho internacional y las instituciones internacionales.

Bush tiene razón al afirmar que los regímenes represivos ya no se pueden esconder bajo el manto de la soberanía: lo que sucede dentro de las tiranías y los Estados fracasados es de vital interés para el resto del mundo. Pero las intervenciones en los asuntos internos de otros Estados tienen que ser legítimas, lo que requiere de reglas establecidas con claridad.

Como potencia dominante en el mundo, los Estados Unidos tienen la responsabilidad extraordinaria de ser líderes en la cooperación internacional. Los Estados Unidos no pueden hacer lo que les venga en gana, como lo ha demostrado la debacle en Iraq. Pero al mismo tiempo, no hay mucho que se pueda lograr en cooperación internacional sin el liderazgo de los EU, o al menos su participación activa. Sólo si se toman en serio estas lecciones se podrá avanzar hacia las nobles metas que Bush anunció.

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AUTHOR INFO

George Soros is Chairman of Soros Fund Management and of the Open Society Institute. His most recent book is The Crash of 2008.