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El ocaso de la aristocracia republicana de Francia

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2009-11-11

PARIS – No han rodado carretas con prisioneros camino a la guillotina en la Plaza de la Concordia de París, pero aún así puede que en Francia estemos siendo testigos de una revolución. En las últimas semanas hemos visto el juicio al ex Primer Ministro Dominique de Villepin y el ex Ministro de Defensa Jacques Pasqua. Hasta el ex Presidente Jacques Chirac sabe ahora que no es inmune a una acusación judicial. ¿Está a punto de caer la "Monarquía republicana" de Francia, para tomar prestada una frase de Jean-François Revel?

La Revolución Francesa nunca terminó realmente con los privilegios de las elites gobernantes de Francia. Es verdad que rodaron las cabezas de algunos aristócratas, pero la nobleza finalmente regresó al país. Cuando la República reemplazó definitivamente a la monarquía, en 1875, los votos reemplazaron el derecho de nacimiento, pero la nueva elite en el poder creía poseer los mismos derechos y privilegios que los ex aristócratas.

Sin embargo, el concepto de la "monarquía republicana", que se refiere principalmente a las costumbres de los presidentes franceses y sus camarillas, no arraigó sino hasta la Quinta República. Una vez electo, el presidente francés y su corte disfrutan de privilegios financieros que no siempre son legales. Más aún, viven bajo un manto de secretismo: su uso de los aviones oficiales y los funcionarios civiles que emplean para su servicio personal, por no mencionar las amantes, siempre se han considerado territorio más o menos privado. Los periodistas evitaban hacer comentarios al respecto. El público no estaba al tanto de los excesos, o consideraba a la elite gobernante corrupta por definición.

El ápice de la República aristocrática ocurrió durante el gobierno del Presidente socialista François Mitterrand, de 1981 a 1995. Sin que el público lo supiera, un avión a chorro del gobierno lo podía llevar a Egipto a pasar semanas con su amante y su hija ilegítima. Sólo la elite de los medios de comunicación lo sabía, y jamás lo mencionó. Chirac, que sucedió a Mitterrand como presidente, sólo fue ligeramente más cuidadoso.

Todo esto ha cambiado. En menos de una semana, Pasqua fue sentenciado a tres años de cárcel por comercio ilegal de armas con Angola. Villepin, ex Primer Ministro de Chirac, espera juicio por la acusación de haber organizado una campaña sucia contra su rival a la presidencia, Nicolas Sarkozy. La acusación a Chirac es notable por la misma modestia de su supuesto crimen: se sospecha que pidió a burócratas de la ciudad que trabajaran a favor de su partido político y manejaran sus campañas electorales cuando era alcalde de París.

En tono más ligero, el Ministro de Cultura de Sarkozy, Frédéric Mitterrand, sobrino del ex presidente, está siendo bombardeado por los medios por apoyar a Roman Polanski frente a los intentos de Estados Unidos de extraditarlo para cumplir condena por la violación de una chica menor de edad hace tres décadas. Resulta que Mitterrand compartía con Polanski esa afición por los adolescentes (del mismo sexo, en su caso).

Así es que una especie de revolución está en camino en Francia. Los partidarios del ancien régimen la llaman “populista”, pero se trata de una con epicentro en los tribunales, no en las calles.

Los jueces franceses se han vuelto más independientes que antes. Inspirados por los magistrados investigadores italianos que pusieron en la mira a los jefes mafiosos, y en los jueces españoles que hacen las veces de justicieros sociales, algunos jueces franceses están determinados a democratizar la República Francesa y erradicar la corrupción.

La Internet es una palanca impulsora de este proceso. Hoy la amante y la hija del Presidente Mitterrand no se podrían beneficiar de la complicidad de los medios: ningún secreto de estado ni exceso aristocrático puede escapar a los bloggers actuales.

¿Quedará al descubierto también la vida privada de la elite de Francia? Este derecho a la vida privada, incluidas las aventuras extraconyugales, siempre ha sido una vaca sagrada en la política francesa. Los periodistas que sabían sobre la segunda esposa de Mitterrand argumentaban que era un asunto privado. Y así habría sido si no hubiera utilizado fondos públicos para poner a disposición de su otra familia lugares donde alojar, chóferes y aviones a chorro para sus fines de semana egipcios.

En la actualidad, muchos periodistas franceses todavía resisten la tentación de exponer las vidas privadas de la elite política. Sin embargo, se trata de una batalla perdida: los bloggers no comparten la misma ética. Sarkozy comprende las nuevas reglas del juego. Tan pronto como se supo que había tenido una relación íntima con una ex modelo, decidió casarse con ella y evitarse más problemas.

No obstante, los hábitos aristocráticos no mueren fácilmente, incluso en el sobreexpuesto régimen de Sarkozy. Su hijo, Jean, ya ha sido electo para un puesto de gobierno local importante a la tierna edad de 22 años. Tan ambicioso como su padre, intentó hace poco que lo nombraran presidente de una poderosa compañía pública. Los bloggers, seguidos por los periodistas tradicionales, se alzaron frente a tan descarado acto de nepotismo. El joven Sarkozy dio un paso atrás.

Parece ser que Francia no comparte la cultura democrática real de, por ejemplo, Escandinavia. Todavía falta ver a los ministros franceses tomando el bus o el tren subterráneo para ir a sus oficinas. Los ministerios franceses siguen ocupando los ex palacios del siglo diecisiete del rey y su nobleza.

Mientras la elite gobernante siga ocupada de pulir su esplendor, no se puede esperar que se comporte como los mortales de a pie. Como dijera Bossuet, confesor de Luis XVI, al Rey Sol: "Usted morirá, pero es inmortal". Los Presidentes franceses y su nobleza electa todavía se deleitan con esta aura decadente. Sin embargo, al igual que la arrogancia francesa en las relaciones internacionales, puede que hoy estemos ante el fin de una era.

Guy Sorman, filósofo y economista francés, es autor de Economics Does Not Lie.

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goery92 11:32 12 Nov 09

Article d'autant plus intéressant que l'auteur lui même va devoir rembourser les sommes qu'il a perçu indûment au titre de sa participation au CES de notre ville.


victoriar 05:21 12 Nov 09

Une aristocratie republicaine?non les heritiers des poissardes avinees accourue a Versaille.L'Aristocratie presuppose des devoirs une culture et une education que seul le temps peut donner a l'heritier.Nous sommes gouvernes par de verbeux voyoux sans scrupules