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Robert Skidelsky

Repensemos la amenaza nuclear iraní

Robert Skidelsky

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2008-07-18

¿Sería un gran desastre si Irán tuviera armas nucleares? En mi carácter de inconformista habitual, planteo el interrogante porque casi todos parecen creer que lo sería, y que es algo que se debe prevenir a toda costa. ¿Pero es verdad?

John Bolton, ex embajador de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, dijo en abril que "si la elección es que Irán siga avanzando hacia una bomba nuclear o el uso de la fuerza, pienso que estamos frente a un Hitler que entra en la Renania". Bush también comparó al presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, con Hitler.

Pero estos llamados estadistas nunca consideran qué podría haber pasado si Alemania y Gran Bretaña hubieran tenido armas nucleares en 1939. ¿Hitler, por malvado que fuera, habría ido a la guerra si hubiera enfrentado una amenaza certera de destrucción total? ¿Nos hemos olvidado de la teoría de la disuasión?

Por supuesto, el mundo sería más seguro si Irán no tuviera armas nucleares, no porque sea un estado "rebelde", sino porque cualquier propagación de las armas nucleares probablemente convierta al mundo en un lugar más peligroso. Por este motivo vale la pena seguir haciendo todos los esfuerzos posibles para disuadir a Irán de "volverse nuclear".

Supongamos, sin embargo, que se vuelve evidente que Irán le está siguiendo el juego a Occidente, mientras gana tiempo para construir una bomba y desarrollar un sistema de lanzamiento para atacar a Israel. ¿Eso justificaría un ataque militar preventivo, como defienden ciertos círculos en Israel y Estados Unidos?

La intervención militar en Irán podría tener dos consecuencias. Irán podría permanecer en una actitud pacífica como hizo Libia cuando Estados Unidos la bombardeó, o convertirse en otro Irak. Mi intuición es que esto desencadenaría una catarata de acontecimientos incontrolables. Encendería una parte del mundo ya incendiaria, con el riesgo adicional de un colapso económico global si se bloquea el Estrecho de Hormuz, por donde pasa entre una quinta y una tercera parte del petróleo del mundo. Según esta opinión, si Estados Unidos está decidido a utilizar la fuerza para impedir que Irán se convierta en un estado con armas nucleares, tendría que establecer un imperio cuasi permanente en Oriente Medio.

Para evitar esta lógica imperialista es que norteamericanos sensatos como Henry Kissinger y George Shultz han reavivado el sueño de un mundo sin armas nucleares. La primera vez que se lo propuso fue en el Plan Baruch de 1945 y desde entonces salieron a la luz varias versiones a medida que iba aumentando la cantidad de armas nucleares. La principal idea de la iniciativa de Kissinger son grandes reducciones en los arsenales nucleares norteamericanos y rusos, secundadas por mejores acuerdos de seguridad para los materiales fósiles, un régimen de inspecciones más intrusivas para las potencias nucleares y una asistencia para los programas nucleares civiles.

Un mejor sistema de control de armamentos sin duda haría que a los estados con armas no nucleares les costara más adquirir capacidad nuclear; pero es difícil entender por qué la mera reducción, por más dramática que fuera, de la gigantesca cantidad de ojivas nucleares norteamericanas y rusas debería inducir a los países que aspiran a ser potencias a abandonar sus ambiciones nucleares. Aún si Estados Unidos y Rusia acordaran reducir sus arsenales de ojivas nucleares de 5.000-6.000 cada uno a 1.000 cada uno, ¿por qué eso haría que Irán ya no aspirara a fabricar 50 a 100 ojivas nucleares y sistemas de lanzamiento de corto alcance si percibe que esto beneficia su interés nacional?

El riesgo es que si a Irán se le permitiera tener su bomba, lo que seguiría sería una proliferación nuclear incontrolable. Sin embargo, desde que el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) entró en vigencia en 1970, sólo surgieron tres nuevos estados nucleares –India, Pakistán e Israel-. Esto tiene dos explicaciones. Primero, el sistema de control establecido por el TNP hizo que a los estados no nucleares les resultara muy difícil adquirir capacidad de armamentos nucleares. Segundo, la mayoría de los estados no nucleares estaban lo suficientemente contentos de vivir bajo el paraguas de seguridad ofrecido por el duopolio de superpotencias nucleares.

Dados los enormes obstáculos –tecnológicos, económicos y políticos- para adquirir armas nucleares, los estados deben tener razones muy específicas para querer volverse nucleares, como la necesidad de seguridad frente a una amenaza regional o la percepción de que una superpotencia amenaza la independencia política del estado. Por lo tanto, existen grandes barreras para la proliferación nuclear que son independientes del TNP. No existe ninguna razón para creer que se derribarían si Irán construyera su propia arma.

Parece que la principal razón detrás de la ambición nuclear de Irán ha sido el miedo a Estados Unidos más que a Israel. Por este motivo es que la idea atractiva de un Oriente Medio libre de armas nucleares, en el que Irán renunciaría a las armas nucleares a cambio de una medida similar por parte de Israel, parece poco realista. Es Estados Unidos, no Israel,  a quien quieren disuadir los defensores de una línea dura en Irán, utilizando a Israel como rehén. Ellos consideran que volverse nuclear es una manera de limitar la participación militar y geopolítica de Estados Unidos en Oriente Medio. Confían en el eventual consentimiento norteamericano, como sucedió con la India.

¿Cómo se avanza a partir de aquí? Si bien la renuncia voluntaria por parte de Irán a las armas nucleares sería el mejor desenlace para Occidente, no existe ninguna razón para creer que un Irán con armas nucleares sería un peligro para el mundo. No se abrirían las compuertas de la proliferación nuclear; un resultado más factible sería un “equilibrio de terror” entre Israel e Irán, como existe entre la India y Pakistán.

No obstante, si a Irán se le permitiera convertirse en un estado con armas nucleares, se lo debería hacer mediante un acuerdo con las cinco potencias nucleares “legales” (Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña, Francia y China) –es decir, mediante una ampliación sancionada oficialmente del club nuclear, que incluyera a la India, Pakistán e Israel-. Esa sería la mejor manera de amarrar a Irán a reglas de comportamiento aceptables. Al menos, deberíamos tener en cuenta que la intervención militar es la tercera mejor opción (es decir, la peor). Podríamos vernos impulsados a esta opción si las otras dos fallaran, pero sería un error absoluto contemplarla ahora.

Robert Skidelsky, miembro de la Cámara de los Lores británica, es profesor emérito de economía política en la Warwick University, autor de una biografía galardonada del economista John Maynard Keynes y miembro del directorio de la Escuela de Estudios Políticos de Moscú.

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Witcherdamage 02:59 11 Feb 10

Ответ в том что с сегодняшнего дня Иран Уже Ядерная Держава Официонально. Думайте дальше.



AUTHOR INFO

Robert Skidelsky, a member of the British House of Lords, is Professor emeritus of political economy at Warwick University, author of a prize-winning biography of the economist John Maynard Keynes, and a board member of the Moscow School of Political Studies.