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El auge patológico de las exportaciones alemanas

Hans-Werner Sinn

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2005-10-14

Alemania es el bazar industrial del mundo. Ningún otro país puede ofrecer a sus clientes internacionales tan extensa variedad de productos industriales. Tiene 450 campeones ocultos de nichos de productos y es el hogar de 15 de las 20 ferias comerciales más grandes del mundo. También es el primer exportador mundial de mercancías y el segundo exportador más grande de bienes y servicios.

Pero Alemania gradualmente se está convirtiendo en una economía de bazar en un sentido diferente, ya que hoy en día se especializa en empacar y vender sus productos, mientras que subcontrata una parte cada vez mayor de sus manufacturas de alto valor agregado en países con mano de obra barata. En otras palabras, el papel de Alemania en la economía mundial está cambiando de ser productor a ser mercader. Como resultado, sus exportaciones contienen una parte cada vez mayor de bienes y servicios importados, y la proporción del valor agregado interno por unidad producida en sus exportaciones está disminuyendo rápidamente.

Eso no significa que la proporción de las exportaciones hechas en Alemania esté cayendo en términos absolutos. Sólo significa que el volumen total de las exportaciones alemanas ha estado creciendo más rápido que el valor agregado alemán total de esas exportaciones.

¿Es esto bueno o malo? Una evaluación favorable no puede apoyarse en el hecho de que el valor agregado alemán total en las exportaciones ha estado creciendo porque eso es simplemente un efecto de la especialización alemana en la producción relacionada con la exportación. Cuando un país se especializa en una área determinada, el capital y la mano de obra se desplazan hacia ella más rápido de lo que se desplazan hacia otras --en efecto, el crecimiento de los sectores relacionados con la exportación puede darse a cambio de una caída en otros. En pocas palabras, sí existe la especialización excesiva.

Para evaluar si se ha dado una especialización excesiva en Alemania debemos centrarnos en el mercado laboral, porque es ahí donde es más visible el efecto de la especialización. Desgraciadamente, no hay motivos para el optimismo. De 1995 a 2004 Alemania perdió un total equivalente a 1.09 millones de empleos de tiempo completo en los sectores de las manufacturas y el comercio. Al mismo tiempo, no se crearon empleos nuevos en el resto de la economía. Al contrario, el empleo fuera de los sectores de las manufacturas y el comercio disminuyó, de forma que la economía en su conjunto sufrió una pérdida neta equivalente a 1.26 millones de empleos de tiempo completo.

De hecho, desde la caída del comunismo la disminución porcentual del empleo industrial en Alemania ha sido mayor que el de cualquier otro país de la OCDE. En parte eso se debió a la disminución en la ex Alemania del Este. Pero incluso Alemania occidental está en el penúltimo lugar de todos los países desarrollados.

Las industrias automotriz y de ingeniería eléctrica han estado al frente de la economía de bazar. Para mantener precios competitivos han tenido que recurrir a componentes importados. La manufactura de productos eléctricos como los chips y los dispositivos pasivos se ha desplazado completamente a Asia con mucha frecuencia, mientras que aun los automóviles que todavía se ensamblan en Alemania tienen muchos componentes producidos en Europa del Este.

En el fondo, la coincidencia del desempleo y el auge de las exportaciones se puede explicar por los salarios altos y rígidos que Alemania todavía padece. Como consecuencia de su seguridad social y de los sindicatos agresivos, Alemania ha tenido los costos de mano de obra por hora más altos del mundo durante la mayor parte de los últimos 20 años; hace poco que Dinamarca la rebasó debido a una revaluación de la corona. Los salarios excesivos destruyen muy rápido las etapas avanzadas del proceso de producción intensivas en mano de obra y también dañan otros sectores intensivos en mano de obra como los textiles, los servicios sencillos, el turismo y la construcción.

Como resultado, esos sectores intensivos en mano de obra deben liberar mucho capital y mano de obra, que se insertan en los sectores exportadores intensivos en capital que pueden manejar mejor los salarios altos. Pero, aunque estos sectores crecen particularmente rápido en consecuencia, su alto nivel de intensidad de capital significa que no pueden emplear plenamente la mano de obra liberada, lo que da como resultado que algunos de los trabajadores desempleados no tengan otro remedio que recurrir a la seguridad social.

Al mismo tiempo, puesto que los rendimientos del capital se mantienen bajos debido a los salarios altos, hay muy poca inversión. El exceso de ahorro frente a la inversión fluye al exterior como exportaciones de capital. El crecimiento económico y la creación de empleos se desaceleran, mientras que las exportaciones se disparan.

De manera asombrosa, muchos interpretan el auge de las exportaciones alemanas y el actual superávit en cuenta corriente, que mide estas exportaciones de capital, como indicador de la fortaleza de Alemania como lugar para invertir. Pero, según el Bundesbank, la inversión neta en el extranjero (incluyendo la inversión financiera) ya alcanzó prácticamente a la inversión interna en los últimos años.

A medida que la división internacional del trabajo siga avanzando, el contenido de importación en los productos alemanes seguirá aumentando, lo que significa que las exportaciones crecientes llevarán a menos empleos internos y un menor crecimiento del ingreso. A menos y hasta que los trabajadores alemanes acepten la necesidad de una mayor flexibilidad ante la competencia global, las ganancias de las exportaciones se seguirán invirtiendo en el extranjero, lo que reducirá los costos generales de producción --y reforzará la economía de bazar en casa.

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AUTHOR INFO

Hans-Werner Sinn is Professor of Economics and Public Finance, University of Munich, and President of the Ifo Institute.