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Capitalismo langosta

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2005-05-25

Alemania inventó el socialismo. Karl Marx y Friedrich Engels eran alemanes. El movimiento socialdemócrata que dio forma al moderno Estado de bienestar europeo también tuvo su origen en Alemania. Aunque el país se beneficio mucho de su reintegración al sistema de comercio mundial después de la Segunda Guerra, Alemania realmente nunca aceptó el capitalismo anglosajón y el escepticismo sobre él todavía es muy fuerte.

Ahora que la economía alemana ya no funciona con fluidez, que el capital está desplazándose al exterior y que el desempleo aumenta, las críticas hacia el capitalismo están cobrando nuevo impulso. El público está disgustado por los sueldos de los altos directivos y por el hecho de que las grandes empresas alemanas despiden trabajadores a pesar de tener ganancias sin precedentes. En respuesta, el gobierno exhortó a los directivos a hacer públicos sus ingresos y abolió las leyes sobre el secreto bancario que alguna vez se consideraron sacrosantas.

Estas nuevas críticas al capitalismo culminaron recientemente en una serie de ataques por parte del líder del Partido Social Demócrata, Franz Müntefering. El acusó a los empresarios que desplazan la producción a países con mano de obra barata de mostrar una avaricia excesiva y una falta de responsabilidad social y comparó a los administradores de fondos accionarios internacionales con una plaga de langostas que ocupan compañías, las explotan y las abandonan después de haber hecho su trabajo destructivo.

Estos ataques le dieron a Müntefering un gran apoyo público y propiciaron un debate importante. En gran parte, los medios de comunicación alemanes apoyan las críticas. Günter Grass, el Premio Nobel de Literatura, se unió al coro de críticas quejándose del desvanecimiento del poder político en la era de la globalización. Ridiculizó las condiciones actuales como "libertad definida por el mercado accionario".

A los líderes de la oposición no les agrada el tema pero evitan cuestionarlo. Solamente unos cuantos periodistas económicos y profesores de universidades están dispuestos a objetar. Un profesor judío de una universidad de Munich incluso comparó el lenguaje de Müntefering con lemas nazis. Los empresarios y directivos se tragan su enojo y sólo muestran su desacuerdo acelerando silenciosamente sus decisiones de reubicación.

Pero Müntefering tiene razón. La abolición de los impuestos sobre las ganancias del capital aumentó la venta de acciones enormemente. Los fondos internacionales de inversión tomaron su lugar dando a las empresas la liquidez que necesitaban con urgencia y desenmarañaron la red tradicional de la propiedad. Germany, inc. está en las últimas.

La buena noticia es que los enormes conglomerados alemanes están siendo reducidos a un tamaño eficiente y que el mercado de capital puede hacer sus funciones, mejorando la asignación de recursos. La mala noticia es que el capital financiero se está trasladando al exterior para financiar otros conglomerados grandes. Sin embargo, en términos netos puede haber mayor crecimiento tanto a nivel mundial como en Alemania. Cualquiera que sea el caso, para muchos alemanes los procesos capitalistas de asignación que están viendo no tienen sentido.

Hubo tiempos en que al capitalismo alemán se le mostró más respeto. En el período de posguerra, el milagro económico alemán tranquilizó a los escépticos del capitalismo. Empezando con salarios extremamente bajos y con una moneda poco desarrollada, los trabajadores alemanes tuvieron éxito al competir en contra del mundo. Los salarios subieron rápidamente y la mayoría de los alemanes experimentaron una prosperidad creciente. El enfoque económico liberal de Ludwig Erhard funcionó y las ideas socialistas plasmadas en los programas de los partidos social demócrata y demócrata cristiano se olvidaron.

Durante la década de 1970, los alemanes se excedieron, al confundir al capitalismo con tiendas de autoservicio. Empezaron a expandir el Estado de bienestar, aumentando la participación del gobierno en el PNB de un 39% a un 49% y aceptando las propuestas sindicales de aumentos salariales de dos dígitos. Las señales de desvanecimiento del milagro se hicieron visibles cuando los competidores japoneses y otros tigres asiáticos lograron exterminar partes sustanciales de industrias alemanas intensivas en mano de obra como la textil, de productos ópticos y de ingeniería de precisión. No obstante, el público todavía creía en el crecimiento perpetuo.

Sólo después de la caída de la cortina de hierro y del establecimiento de la economía de mercado en los países ex comunistas se hizo evidente la falta de competitividad de los trabajadores alemanes. El país con los costos más altos de mano de obra del mundo tuvo que enfrentarse con los competidores de salarios bajos de al lado. El costo de los salarios en los diez miembros nuevos de la Unión Europea sigue siendo de una séptima parte del nivel que tiene en Alemania occidental; los salarios en Rumania y Bulgaria están a una décima parte. Los salarios en China están aún más abajo, a sólo 4% del promedio alemán occidental.

Las industrias alemanas reaccionaron enviando al exterior las partes intensivas en mano de obra de sus cadenas productivas y reduciendo su inversión en Alemania. La proporción de la inversión neta en el PNB es ahora la segunda más baja de todos los países de la OCDE. Dado que la inversión es tan baja, las exportaciones netas de capital de Alemania están en casi un 4% del PNB.

Ahora el desempleo es el problema más grande de Alemania, y está en un nivel récord de la posguerra. Esto alarma al público y provoca el enojo contra los capitalistas quienes no reinvierten sus ganancias. Müntefering simplemente capturó el sentir popular cuando desarrolló su teoría del capitalismo langosta.

Pero esta reacción inútil a las leyes de la economía de mercado global oculta el hecho de que los problemas de Alemania son, en gran parte, el resultado de un Estado de bienestar enorme y de políticas sindicales extremamente agresivas a lo largo de los últimos treinta años. Incluso Marx sabía que no se podía vencer a las leyes de hierro de la economía sólo con desearlo. Müntefering debió haber consultado más cuidadosamente al antecesor de su partido antes de abrir la boca.

Hans-Werner Sinn es Director del Instituto Ifo de Investigación Económica de Munich.

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