Transatlantic Perspectives
¿Se salvarán a si mismos los pecadores de Europa?
Hans-Werner Sinn
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Cuando las autoridades alemanas presionaron en los años 90 para que se aceptara el Pacto de Estabilidad y Crecimiento como un prerrequisito para renunciar al Marco Alemán, no previeron que Alemania sería el primer país en violarlo. Mientras el pacto señala que un gobierno no puede endeudarse en más de un 3% de su PGB, el déficit de las finanzas públicas de Alemania llegó al 3,7% del PGB (y más) desde el año 2002 al 2004.
Sin embargo, ha habido otros pecadores. Francia también violó el criterio del pacto fiscal en estos tres años. Portugal lo hizo en 2001 y Holanda también, en 2003. Grecia hizo trampa mediante la manipulación de sus estadísticas: si bien informó déficits por debajo del límite, el país tuvo que admitir que el verdadero déficit de 2000 a 2004 fue, en promedio, un 4,3% y que nunca estuvo por debajo del 3,7%.
Otros países han tenido más éxito, gracias a afortunadas circunstancias. Italia, por ejemplo, no sólo se benefició de la contabilidad creativa de su gobierno, sino también del hecho de que el euro generó una convergencia en los tipos de interés de Europa. Los tipos de interés de largo plazo para los bonos del gobierno italiano bajaron de cerca del 12% a aproximadamente el 4% en la década comprendida entre 1994-95 y 2004-05. Actualmente, la relación entre deuda y PGB en Italia se acerca al 106%, por lo que los menores costos de los préstamos redujeron la relación de la deuda pública en más de ocho puntos porcentuales.
De hecho, si los demás factores se hubieran mantenido igual y las tasas de interés no hubieran bajado, Italia habría tenido un déficit en sus finanzas públicas del 11% del PGB en 2004, en lugar del 3% informado y, por supuesto, su relación deuda/PGB habría sido mucho mayor. Fue el euro, no el gobierno italiano, lo que ayudó a que Italia cumpliera el Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Pero ahora parece que este país se ha metido en problemas nuevamente y también desea debilitar el pacto.
Las propuestas de reforma que se están debatiendo en la actualidad son riesgosas, por decir lo menos, ya que todas parecen girar alrededor de la pregunta de qué gastos del gobierno deben eximirse del cálculo del déficit. La lista de las exenciones incluye los pagos netos de un país a la UE, los gastos de educación, la inversión pública en general, o los gastos excepcionales. El pacto perdería todo sentido en esas circunstancias.
Después de todo, la idea del pacto era imponer estrictas limitaciones al endeudamiento de los gobiernos europeos para evitar que las generaciones futuras tengan que cargar con las obligaciones de hoy, o que un día adopten la estrategia italiana: endeudarse sin límites e imprimir más papel moneda para borrar la deuda con inflación. Si bien las limitaciones son una buena idea, es comprensible que no sean del agrado de los gobiernos de la UE: a los pecadores no les gustan las reglas.
Las generaciones futuras ya están condenadas a una excesiva carga por las pensiones en todos los países europeos. Por ejemplo, en Alemania el Consejo de Asesores Económicos calculó la deuda implícita de las pensiones en más de un 270% del PGB. Si a este total se agrega la deuda pública abierta del 67% del PGB, el resultado es una relación general entre la deuda y el PGB alemán de cerca del 340%.
Otros países de Europa se encuentran en una situación similar, agravada por el hecho de que los europeos están teniendo menos hijos. Puede que las generaciones futuras que tengan que pagar la cuenta ni siquiera lleguen a existir.
Más aún, Europa es el continente con la tasa de crecimiento económico más lenta del mundo. El crecimiento promedio de la UE en 2004, cuando la economía mundial registró el mayor crecimiento en más de un cuarto de siglo, fue de sólo un 2,2%, con una inflación de 1,9%. Esto es cerca de un 4% en términos nominales, y es muy difícil que en el corto plazo sea posible lograr un crecimiento más acelerado.
Con un índice tan lento, el techo del 3% del PGB para los déficits fiscales anuales ya no es compatible con el límite de un 60% a la relación entre deuda y PGB que estipula en Tratado de Maastricht para los países que han adoptado el euro. Los países que se endeudan en un 3% y crecen a un 4% se acercarán a una relación de un 75% entre deuda y PGB. Un país como Alemania, que tiene una tendencia a un crecimiento real de apenas un 1% anual y puede continuar teniendo sólo un 1% de inflación en el mediano plazo, se encamina a una relación deuda/PGB de un 150%.
Pero la respuesta correcta es hacer más estricto el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, no debilitarlo. La manera más fácil de mantener bajo control la relación deuda/PGB sería implementar un criterio de déficits por etapas que redujera el déficit fiscal permisible a menos de un 3% para los países cuya relación deuda/PGB superara el 60% y elevara el techo del déficit por sobre el 3% para los países en que la relación esté por debajo de ese porcentaje.
Este método daría cuenta de las distintas tasas de crecimiento y ofrecería a los países un potente incentivo para tener excedentes en tiempos de prosperidad, ya que eso aumentaría su margen de maniobra en épocas de vacas flacas. Sin embargo, lamentablemente aquí son los mismos pecadores quienes fijan las condiciones bajo las cuales son castigados.
Profesor de economía y finanzas públicas en la Universidad de Munich y Presidente del Instituto Ifo.
Copyright: Project Syndicate 2005.
www.project-syndicate.org
Traducido del inglés por David Meléndez Tormen
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