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El truco contable de Escandinavia

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2006-10-25

Mientras la mayoría de los países avanzados del mundo se topan con crecientes dificultades a la hora de hacer frente a las fuerzas de la globalización y la competencia de los países con salarios bajos, los países escandinavos -Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suecia- parecen haber manejado estos desafíos bastante bien. Sin duda, el crecimiento escandinavo es mediocre. Con un crecimiento promedio anual del PBI del 2,2% entre 1995 y 2005, fue inferior al promedio para los países no escandinavos del grupo de los 15 de la Unión Europea, que crecieron un promedio del 2,8%. Pero Escandinavia es buena en términos de niveles de PBI per capita y desempleo. Su PBI promedio per capita fue el 39% más alto que el de otros países de la UE, y en promedio la tasa de desempleo se mantuvo en el 6,7%, comparada con el 8% en otras partes de la UE.

¿Cuál es el secreto detrás del éxito de Escandinavia? Una explicación para el sólido desempeño de Escandinavia es la osada liberalización del mercado de productos de Suecia, la reducida generosidad del sistema de sustitución salarial de Dinamarca y el milagro de Nokia en Finlandia. Sin embargo, si bien estos factores pueden explicar parte del éxito de Escandinavia, la baja tasa de desempleo y el alto nivel del PBI per capita también encuentran una explicación mucho más directa: la alta proporción del empleo gubernamental en la fuerza laboral. Cuando los empleos privados ya no son competitivos, los empleos gubernamentales parecen ser la solución fácil para que la gente siga empleada.

En realidad, sorprende lo importante que es la participación del empleo gubernamental en Escandinavia. En Suecia, representa el 33,5% del “empleo dependiente” (empleo total excluyendo a los cuentapropistas) y, en Dinamarca, el 32,9%. En promedio, la porción del empleo estatal en la fuerza laboral en toda Escandinavia es del 32,7%, comparado con apenas el 18,5% en promedio en los países no escandinavos del grupo de los 15 de la UE. En Alemania, la economía más importante de Europa, la participación del gobierno en la fuerza laboral es de apenas el 12,2%.

De manera que la alta participación del empleo gubernamental contribuye a la baja tasa de desempleo de la región. Es más, también contribuye marcadamente a las elevadas cifras del PBI per capita, por la simple razón de que el valor agregado creado por estos empleos del gobierno es parte del PBI, aunque nunca hubiera podido ser producido en la economía de mercado.

Según las reglas de la contabilidad de ingresos nacionales, a falta de precios de mercado, el aporte del sector gubernamental al PBI se mide por los salarios pagados por el gobierno, más allá de lo productivos o útiles que sean los empleos del gobierno. En consecuencia, la diferencia de desempeño correspondiente a Alemania, por ejemplo, se podría describir de la siguiente manera: mientras los alemanes cobran parte del valor agregado privado como impuestos, que luego invierten en beneficios para los desempleados, los escandinavos además les dan a sus desempleados un escritorio y cuentan los beneficios del desempleo como valor agregado del sector del gobierno y, por ende, un aporte al PBI.

Más allá del truco contable implícito en el éxito de Escandinavia, la elevada participación del gobierno en el empleo también puede implicar un aporte real para solucionar uno de los problemas más fundamentales que hoy enfrentan las economías occidentales. Instigado por los flujos de capital a países con salarios bajos, la especialización, la subcontratación y hasta la inmigración, el precio de equilibrio de la mano de obra no calificada cayó en todos los países occidentales. Sin embargo, estos países dudan cuando se trata de permitir que los salarios reales caigan por razones sociales obvias.

Si quieren defender los ingresos de los trabajadores no calificados (o los menos motivados), tienen cuatro opciones. La mejor es educar mejor a los trabajadores no calificados, pero este es un proceso, que por engorroso y por consumir demasiado tiempo, no ofrece una solución a corto plazo. En consecuencia, sólo quedan dos opciones en el corto y mediano plazo.

La primera opción es defender los salarios de los trabajadores menos calificados mediante leyes de salario mínimo o pagando ingresos de sustitución social, lo cual implica demandas de salario mínimo en toda la economía privada. Esta es la estrategia que eligió la mayoría de los países de la UE, especialmente Alemania. Resulta en un desempleo masivo que es ineficiente y financieramente insostenible.

La segunda opción es pagar subsidios salariales en lugar de ingresos de sustitución salarial de manera de permitir la dispersión salarial necesaria para el pleno empleo sin dejar que los ingresos de los trabajadores no calificados decaigan. Esta es la estrategia elegida por Estados Unidos con su crédito impositivo por ingresos ganados. Edmund Phelps, el Premio Nobel de Economía de este año, la defendió durante mucho tiempo.

La tercera opción es la modalidad escandinava. Aquí la demanda del gobierno de mano de obra mantiene altos los salarios. Mientras muchos economistas juzgan que la estrategia de Alemania es la peor y la de Estados Unidos, la mejor, la estrategia escandinava puede considerarse la segunda mejor estrategia. De hecho, es mejor permitirle a la gente limpiar parques públicos, cuidar a los chicos y ocuparse de los ancianos en instalaciones del gobierno que tenerlos sin hacer nada, como en Alemania. Aunque el PBI se infle artificialmente, se produce algún valor agregado, se llevan a cabo algunas actividades útiles.

De todos modos, podría ser mejor dejar que el mercado decidiera qué tipo de productos debería y podría producir el sector menos capacitado y menos motivado de la fuerza laboral, lo que habla a favor de la manera norteamericana de subsidiar los salarios. En consecuencia, la modalidad escandinava es más que un mero artilugio contable, pero al mismo tiempo no es una estrategia verdaderamente recomendable para hacer frente a los desafíos de la globalización.

Hans-Werner Sinn es director del Instituto Ifo para la Investigación Económica en Munich.

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