Peter Singer
Para cumplir un propósito de Año Nuevo
Peter Singer
MELBOURNE -- ¿Ha concebido el lector un propósito de Año Nuevo? Tal vez se haya propuesto ponerse en forma física, perder peso, ahorrar más dinero o beber menos alcohol o puede haberse tratado de un propósito más altruista: ayudar a los necesitados o reducir su huella de carbono. Pero, ¿lo cumple?
El año 2010 acaba de comenzar, pero los estudios hechos demuestran que menos de la mitad de los que conciben propósitos de Año Nuevo consiguen cumplirlos ni siquiera durante un mes. ¿Qué nos revela eso sobre la naturaleza humana y sobre nuestra capacidad para vivir prudente o éticamente?
Parte del problema radica, naturalmente, en que concebimos propósitos de hacer cosas que, de lo contrario, no es probable que hagamos. Sólo un anoréxico concebiría el propósito de tomar un helado al menos una vez a la semana y sólo un adicto al trabajo el de pasar más tiempo delante de la televisión. De modo que aprovechamos la ocasión del Año Nuevo para intentar cambiar el comportamiento que puede ser más difícil de cambiar, por lo que el fracaso resulta una clara posibilidad.
No obstante, es de suponer que concebimos propósitos porque hemos llegado a la conclusión de que lo mejor sería hacer lo que quiera que nos hayamos propuesto, pero, si ya hemos concebido ese propósito, ¿por qué no lo cumplimos sin más? Desde Sócrates en adelante, esa pregunta ha desconcertado a los filósofos. En el Protágoras, uno de los diálogos de Platón, Sócrates dice que nadie opta por lo que sabe que es malo. De modo que elegir lo malo es como un error: la gente lo hará sólo si cree que es bueno. Si podemos enseñar a las personas lo que es mejor, parecen haber pensado Sócrates y Platón, lo harán, pero se trata de una doctrina difícil de tragar: mucho más que comer otro trozo de tarta que no es –lo sabemos– bueno para nosotros.
Aristóteles profesó una opinión diferente y que encaja mejor en nuestra experiencia cotidiana de dejar de hacer lo que sabemos que es lo mejor. Según él, nuestra razón puede decirnos lo que es mejor hacer, pero en un momento determinado puede verse vencida por la emoción o el deseo. Así, el problema no es la falta de conocimiento, sino la incapacidad de nuestra razón para dominar otros aspectos no racionales de nuestra naturaleza.
Investigaciones científicas recientes abonan esa concepción, al mostrar que gran parte de nuestro comportamiento se basa en rápidas e instintivas respuestas emocionales. Aunque podemos decidir lo que hacer basándonos en procesos de pensamiento racionales, semejantes decisiones resultan con frecuencia menos potentes que nuestros sentimientos instintivos para movernos a actuar.
¿Qué tiene esto que ver con el cumplimiento de los propósitos? Richard Holton, profesor de Filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts y autor de Willing. Wanting. Waiting (“Querer, desear, esperar”), señala que un propósito es un intento de superar el problema del mantenimiento de una intención cuando esperamos que, en algún momento futuro, afrontaremos inclinaciones contrarias a nuestra intención. Ahora mismo queremos perder peso y estamos convencidos racionalmente de que es algo más importante que el placer que nos dará ese otro trozo de tarta de chocolate, pero prevemos que, al afrontar la tarta mañana, nuestro deseo de esa rica textura de chocolate alterará nuestro razonamiento para convencernos de que ganar simplemente un poquito más de peso no importa tanto, en realidad.
Para prevenirlo, procuramos apuntalar nuestra intención actual de perder peso. Al adoptar un propósito solemne y contárselo a nuestra familia y a amigos íntimos, inclinamos la balanza para no sucumbir a la tentación. Si no logramos cumplirlo, deberemos reconocer que no dominamos nuestro comportamiento tanto como esperábamos, con lo que perderemos la cara ante nosotros mismos y ante aquellos que nos importan.
Eso encaja perfectamente con lo que los psicólogos han descubierto sobre cómo podemos mejorar las probabilidades de cumplir nuestra decisiones. Richard Wiseman, profesor de Psicología en la Universidad de Hertfordshire, ha seguido la pista a 5.000 personas que concibieron un propósito de Año Nuevo. Sólo una de cada diez logró cumplirlo. En su libro recién publicado 59 Seconds (“Cincuenta y nueve segundos”), Wiseman expone lo que podemos hacer para que el éxito nos resulte más probable:
- dividir nuestro propósito en una serie de pequeños pasos;
- contar a nuestra familia y amigos nuestro propósito, con lo que obtendremos apoyo y aumentaremos el costo personal del fracaso;
- recordarnos periódicamente los beneficios de la consecución de nuestra meta;
- concedernos una pequeña recompensa cada vez que logremos dar un paso hacia su consecución;
- seguir nuestros avances hacia su consecución: por ejemplo, llevando un diario o colocando un gráfico en la puerta de la nevera.
Individualmente, cada uno de esos factores parece trivial. Colectivamente, son formas de ejercer nuestro autocontrol no sólo ahora, sino también en el futuro. Si lo logramos, el comportamiento que consideramos mejor llegará a ser habitual y, por tanto, dejará de requerir un acto consciente de la voluntad para seguir actuando de ese modo.
Esos instrumentos para cumplir un propósito de Año Nuevo pueden ayudarnos a lograr avances, no sólo para perder peso o no contraer deudas, sino también para vivir más éticamente. Podemos descubrir incluso que ésa es la mejor decisión que adoptar: para nuestro provecho y para el de los demás.
Copyright: Project Syndicate, 2010.
www.project-syndicate.org
Traducido del inglés por Carlos Manzano.
Richard 12:00 18 Jan 10
No way is Peter Singer right-wing! His compassionate, thoughtful and original views have been an inspiration to me and many others. He advocates taking all sentient beings' interests equally, and argues that this has radical implications for redistribution of wealth, for example. If you can find a right-winger who has read much Singer, ask them if they are a fan. They won't be.
AUTHOR INFO



JustJustinHarries 03:48 07 Jan 10
Another fundamentally right-wing article from Pete. Seems like he is only interested in how philosophy can be roped into the American myths of success and ever greater achievement. Strange that someone who calls themselves a philosopher can be so light-weight philosophically. Is there even an argument here? Or is he merely spitting more ideology? Holton is clearly a fool. But maybe Pete's just given up philosophy for psychology, although Wiseman's clearly not the sharpest tack in the shed. If you have nothing to say, say nothing, or at least cut the crap and get back to work.