The Ethics of Life
Obama's Global Ethical Challenges
Peter Singer
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PRINCETON – La asombrosa historia de la elección de Barack Obama como presidente ya hizo mucho para restaurar la imagen global de Estados Unidos. En lugar de un presidente cuya única calificación era el nombre de su padre, ahora tenemos uno cuya inteligencia y visión superaron el formidable obstáculo de ser el hijo de nombre exótico de un musulmán africano. ¿Quién habría creído, después de las dos últimas elecciones, que el público norteamericano seríaa capaz de elegir a un candidato de estas características?
La proeza de Obama eleva las apuestas para su primer mandato en el poder. Hizo campaña alrededor del tema de que es diferente de otros políticos y que planteará un verdadero cambio. Ese mensaje atrajo a grandes multitudes entusiastas que, junto con una utilización astuta de Internet, le representaron un récord de cuatro millones de donantes, a la vez que indujeron a una gigantesca cantidad de afro-norteamericanos y jóvenes a registrarse para votar.
Esta es la oportunidad de una vida de quebrar el cinismo que impregnó a la política norteamericana durante décadas. Pero si Obama no cumple con su promesa de cambio, pasarán décadas antes de que el electorado vuelva a depositar su confianza en un candidato que dice ser diferente de la oferta habitual de políticos.
Muchos norteamericanos juzgarán al nuevo gobierno por lo que hace en casa. Eso incluye aumentar los impuestos a quienes ganan más de 250.000 dólares por año y utilizar el dinero para extender el seguro de salud a las decenas de millones de norteamericanos que -excepcionalmente para un país industrializado- no lo tienen. También prometió recortes impositivos para los trabajadores de ingresos medios y más bajos, y mejoras en el sistema educativo de Estados Unidos. Cumplir con estas promesas a pesar de las sombrías perspectivas económicas de Estados Unidos no será fácil.
El mayor impacto que puede tener Obama, sin embargo, va más allá de las fronteras de Estados Unidos. El año pasado, cuando habló ante el Consejo de Asuntos Globales de Chicago, reclamó un presidente que pueda hablar directamente con todo aquel en el mundo que anhela la dignidad y la seguridad y pueda decir: "Ustedes nos importan. Su futuro es nuestro futuro. Y nuestro momento es ahora". Y, por cierto, es ahora.
Si Obama ha de ser ese tipo de presidente, debería empezar por cumplir con sus promesas de cerrar el campo de prisioneros en la Bahía de Guantánamo en Cuba y terminar con la práctica de la administración Bush de encerrar a la gente sin ni siquiera decirle por qué o de qué se la acusa. También debe iniciar el proceso de retiro de tropas de combate de Irak, una tarea que, dijo, estaría finalizada en 16 meses. Cumplir con estas promesas será un paso significativo hacia el restablecimiento de la imagen de Estados Unidos en todo el mundo.
Desempeñar un papel constructivo a la hora de implementar una reforma en las Naciones Unidas también es vital. La estructura del Consejo de Seguridad tiene 60 años. Todavía les asegura a los ganadores de la Segunda Guerra Mundial una membrecía permanente en el Consejo, y un veto sobre sus decisiones. Cambiar eso inevitablemente diluirá los privilegios de esas naciones, entre ellas Estados Unidos. Pero si algún presidente norteamericano puede superar esa sombra histórica que pende sobre las Naciones Unidas, ése es Obama.
Dado que Obama tiene un padre keniata y ha pasado tiempo en los pueblos de Africa donde aún viven sus parientes, no ha de sorprender que entienda la necesidad de que las naciones ricas ayuden a las naciones en desarrollo. El año pasado, prometió duplicar la ayuda externa norteamericana para 2012, elevándola a 50.000 millones de dólares al año. (Esto aún deja a Estados Unidos rezagado respecto de muchos países europeos en el porcentaje de su ingreso nacional que ofrece en concepto de ayuda).
La ayuda norteamericana también debe apuntar a ayudar a quienes viven en la extrema pobreza. Lamentablemente, cuando al entonces senador y hoy vicepresidente Joe Biden le preguntaron qué gasto podría tener que recortar la administración Obama como consecuencia de la crisis financiera, mencionó la promesa de aumentar la ayuda externa. Pero duplicar la ayuda externa norteamericana implica una cantidad modesta de dinero, en comparación con lo que se ahorrará saliendo de Irak.
Quizás el aspecto más difícil de transformar a Estados Unidos en un buen ciudadano global sea recortar sus emisiones de gases de tipo invernadero, burdamente excesivas –alrededor de cinco veces el promedio per capita global-. En esta cuestión, la administración Bush desperdició ocho años muy valiosos durante los cuales nos hemos acercado peligrosamente al punto en el que podría producirse una cadena irreversible de acontecimientos que conduzca a la catástrofe.
El presidente de Uganda, Yoweri Musenevi, el año pasado acusó a los países industrializados de atentar contra Africa al causar el calentamiento global. Esto podría sonar como una exageración, pero aumentar la temperatura y reducir las precipitaciones de un país predominantemente agrícola puede ser tan devastador para su gente como un bombardeo.
Obama necesita hacer que Estados Unidos sea un líder en materia de reducción de emisiones. Luego, después de haber demostrado su buena fe, él y los líderes europeos deberían estar en condiciones de forjar un trato que incorpore a China e India a un acuerdo que reemplace al protocolo de Kyoto cuando éste expire en 2012. Este puede ser el desafío ético más grande de la presidencia de Obama, pero, como es tanto lo que depende de eso, la respuesta que adopte Obama probablemente juegue un papel decisivo en la manera en que se juzgue su presidencia.
Peter Singer es profesor de Bioética en la Universidad de Princeton. Su próximo libro, The Life You Can Save: Acting Now to End World Poverty, será publicado en marzo.
Copyright: Project Syndicate, 2008.
www.project-syndicate.org
Traducción de Claudia Martínez
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