Peter Singer
¿Santa Diana?
Peter Singer
PRINCETON – Diez años después de muerta, la princesa Diana sigue conservando su estrellato. Los medios de comunicación están plagados de tributos y retrospectivas y el público de todo el mundo parece recibirlos con avidez. ¿Ha llegado a ser Diana un nuevo tipo de santa? Y, en caso de que sí, ¿qué nos revela eso?
Tuve oportunidad de conocer el culto a Diana en 2004, cuando estaba en Hyde Park el día en que la Reina inauguró la fuente conmemorativa de la princesa Diana. Me encontré en medio de un grupo de mujeres de mediana edad que llevaban chaquetas y sombreros cubiertos con insignias. Parecían fanáticas del fútbol, excepto que la cara que aparecía en las insignias era la de Diana, no la de David Beckham.
Me puse a charlar con ellas y me enteré de que sus ropas, bolsos de mano y zapatos eran iguales a los que había llevado Diana. Algunas tenían una "habitación de Diana" en su casa, llena de recuerdos de la princesa. Al parecer, ahora su vida giraba en torno a una mujer que ya llevaba siete años muerta.
El escultor italiano Luigi Biaggi ofreció su visión de ese fenómeno con una estatua de Diana en una pose y con ropa que recordaban a la Virgen María. Lo que nos decía su obra era que las celebridades han substituido a figuras religiosas. Margaret Evans, investigadora británica, estudió los tributos que la gente dejó a Diana después de su muerte y descubrió que algunos se referían a ella como a una santa o un ángel y algunos la comparaban directamente con Jesús.
Sobre la muerte de Diana surgieron teorías extrañas, entre ellas las de que el servicio secreto británico la había asesinado, porque era una amenaza para el trono, y de que está viviendo felizmente con su nuevo amor, Dodi Fayed, tras haber escenificado todo aquel suceso para escapar a la luz pública. Después, como corresponde a una figura casi divina, se descubrió una profecía de su muerte en la letra del cantante y letrista Morrisey en el álbum The Queen is dead ("La Reina ha muerto") de The Smiths.
Desde una perspectiva racional y objetiva, la idolización de Diana es tan absurda como cualquier culto. Cierto es que utilizó su prominente posición para fomentar causas dignas. Se erigió en adalid de los enfermos y los marginados y su labor en pro de la prohibición de las minas terrestres, si bien fue ridiculizada a veces como políticamente ingenua, señaló esa cuestión a la atención de todo el mundo. Resulta imposible saber si, de no haber muerto, dicha labor habría contribuido al Tratado de Ottawa que prohíbe las minas terrestres. Incluso ahora muchas naciones, incluidos los Estados Unidos, Rusia, China, Israel y el Irán, siguen sin firmar ese tratado.
Naturalmente, a menudo hubo una incongruencia preocupante entre el compromiso de Diana con los pobres y los enfermos y el extravagante estilo de vida que llevaba, pero los defectos de Diana formaban parte de su atractivo. En contraste con los reservados y estirados miembros de la familia real británica, demostró ser una princesa que era también un ser humano normal, más parecido a todos nosotros. Su experiencia a lo largo de una desastrosa ruptura matrimonial desencadenada por la infidelidad de su marido, millones de mujeres compartieron su dolor. En una era anterior a los reality shows televisivos, la vida de Diana fue uno de ellos.
La constante atención que le prestaban los medios de comunicación permitió a la gente tener la sensación de conocerla, por lo que siguieron –y les interesaron intensamente– sus altibajos, como si fuera un miembro de su familia. La sensación de participación en la vida de Diana infundía pasión y brillo a una vida por lo demás trivial.
El Conde Spencer nos instó a resistir a la tentación de canonizar a su hermana. En su discurso funerario, el más interesante de todos los panegíricos de Diana, dijo que convertirla en una santa era incompatible con apreciar su "travieso sentido del humor". Aun así, a continuación le atribuyó algunas cualidades semejantes a las de los santos, en particular su deseo "casi infantil" de hacer el bien a los demás. Al intentar explicar las burlas de la prensa británica sobre sus buenas intenciones, dijo: "Sólo puedo explicármelo considerando que la bondad auténtica resulta amenazadora para los que se encuentran en el extremo opuesto del espectro moral".
Esa observación pudo ser una amarga revancha contra el papel que, en opinión de Spencer, desempeñaron en la muerte de Diana los medios de comunicación y los paparazzi que trabajaban para ellos, pero no carecía de algún fundamento. Algunas personas utilizan el cinismo para evadir la responsabilidad moral. Si podemos convencernos de que todo el mundo actúa de forma egoísta, ¿por qué habríamos de intentar ser buenas personas?
Una persona con un deseo ingenuo, pero sincero, de hacer el bien amenaza esa concha protectora y una forma de atenuar la amenaza es la de burlarse de ella. Diana podría haber tenido una vida mejor en los Estados Unidos, donde la gente y los medios de comunicación están más dispuestos a aceptar las buenas intenciones como tales.
¿Qué efecto tuvieron la vida y la muerte de Diana en los millones de personas que la admiraron y la quisieron? Después de su muerte, decenas de millones de ellas la lloraron y muchas escribieron cartas y enviaron cheques al fondo caritativo que lleva el nombre de la Princesa de Gales y tiene un sitio web llamado www.theworkcontinues.org, pero, si la labor continúa, es en una escala más modesta y situada en segundo plano respecto de la labor caritativa pública.
Tal vez fuera inevitable. Si bien una sola persona puede despertar nuestras emociones, esa clase de sentimientos suelen ser pasajeros y raras veces producen un cambio duradero en nuestra vida. ¿O tal vez quienes se identificaron tan intensamente con Diana imaginaron en cierto modo que participaban de sus buenas obras y no necesitaban hacer nada más?
Copyright: Project Syndicate, 2007.
www.project-syndicate.org
Traducido del inglés por Carlos Manzano.
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