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El fantasma en la máquina de la recuperación

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2009-11-13

NEW HAVEN – Las Perspectivas Económicas Mundial es del Fondo Monetario Internacional de Octubre proclamaron que: “Las fuertes políticas públicas han generado una recuperación de la producción industrial, el intercambio comercial global y las ventas al consumidor". El FMI, junto con muchos líderes nacionales, parece listo a dar crédito a estas políticas por diseñar lo que podría ser el fin de la recesión económica mundial.

Los líderes nacionales y las organizaciones internacionales merecen un crédito sustancial por lo que se ha hecho para generar señales de recuperación desde la primavera. La coordinación internacional, como se formalizó en la reciente declaración del G-20, no tiene precedentes en la historia.

Sin embargo, uno sospecha también que los líderes mundiales se han apresurado a reclamar tanto crédito por sus políticas. Después de todo, las recesiones tienden a acabar por si mismas, incluso antes de que hubiera políticas de estabilización. Por ejemplo, en los Estados Unidos las recesiones de 1857-8, 1860-61, 1865-7, 1882-85, 1887-88, 1890-91, 1893-94, 1895-97, 1899-1900, 1902-04, 1907-8 y 1910-12 terminaron todas sin la ayuda de la Reserva Federal, que abrió sus puertas recién en 1914.

Desde hace mucho, los teóricos de la economía han desarrollado modelos que describen cómo las recesiones terminan por si mismas. En su libro de 1959 Business Cycle, en un capítulo titulado “The Lower Turning Point”, el economista de la Universidad de Cambridge R. C. O. Matthews resumió una serie de factores que los teóricos de los ciclos de negocios de su tiempo argumentaban que tendían a generar una recuperación automáticamente.

Por ejemplo, la demanda de bienes de inversión puede recuperarse, especialmente en determinados sectores muy afectados por una recesión, después de que ésta haya hecho que el capital físico se vuelva tecnológicamente obsoleto. Más aún, los tipos de interés tienden a declinar en las recesiones, incluso si no hay bancos centrales de por medio, lo que estimula la demanda más aún.

De manera similar, el sector manufacturero puede expandirse para restituir existencias de inventario desaparecidas por la excesiva contracción de la producción, mientras que factores aleatorios que pueden influir de manera decisiva, como innovaciones de importancia o variaciones en las cosechas, pueden tener un efecto asimétrico en una recesión, con impulsos al alza en algunos sectores que pueden tener más peso que los impulsos a la baja que ocurran en otros. En el frente financiero, la quiebra de los bancos más débiles en una recesión deja a los supervivientes con el beneficio de una mayor confianza pública y, por ende, la capacidad de reanudar negocios rentables.

Es muy posible que algunos de estos factores, más que sólo las medidas adoptadas por gobiernos y organizaciones multilaterales, hayan influido en la mejora económica actual. La impredecible psicología humana también juega un papel. De hecho, estos factores importan mucho para las perspectivas económicas y para juzgar el éxito del programa de recuperación.

Podemos comenzar viendo el repunte del mercado de valores desde marzo de este año, que ha sido notable. Utilizando datos del Índice Compuesto de S&P, el aumento del 38% desde marzo a septiembre fue el segundo mayor a seis meses desde 1871, superado sólo por un aumento del 71% de febrero a agosto de 1933, durante la Gran Depresión. Esta recuperación es todavía más notable porque siguió a la segunda mayor caída a seis meses jamás ocurrida, cuando los precios de las acciones cayeron un 38% desde septiembre de 2008 a marzo de 2009. (La mayor caída a seis meses fue, como podéis suponer, durante la Gran Depresión, cuando el índice se hundió en un 47% de noviembre de 1931 a mayo de 1932.)

Más aún, este agudo repunto ocurrió en muchos países, y para varios recursos, como los precios del petróleo, el oro y, en algunos países, los bienes inmuebles residenciales.

Probablemente no sea fácil llegar a una comprensión cabal de las causas de este repunte. Todavía hay preguntas sin respuesta sobre las razones de otras recuperaciones importantes (1933, 1982, etc.). Una vez iniciado, un boom del mercado puede continuar por un tiempo como una especie de epidemia social, y puede inspirar reconfortantes historias sobre una "nueva era" en el boca a boca y en los medios... y ellas mismas pueden ayudar a aumentar las dimensiones del boom, convirtiéndose en parte del fenómeno que lo sustenta.

Lo acuerdos alcanzados en las reuniones recientes del G-20 son una de esas historias, ya que sugieren una nueva era de cooperación económica y profesionalismo económico, lo que probablemente haya sido exagerado en la psicología de la recuperación. La historia del G-20 adquiere un peso especial en el mundo en desarrollo, ya que el reconocimiento internacional del mayor papel que el G-20 ha dado a esos países tiene una alta resonancia psicológica.

Más allá de eso, las historias de bancos altamente rentables que pagan enormes bonificaciones a sus ejecutivos también han hecho pensar a la gente que las cosas no van tan mal en el mundo de los negocios. La ira acerca de estas utilidades y bonificaciones sólo tiende a aumentar el ritmo de propagación del cuento.

Sin embargo, estos booms especulativos son inherentemente inestables, a medida que las historias evolucionan con el tiempo y con los nuevos shocks, cuyos efectos sobre los mercados son muy inciertos. De hecho, fue un excesivo boom especulativo en el mercado de valores y el mercado inmobiliario lo que nos metió en este lío financiero.

No hay duda de que los gobiernos y las instituciones multilaterales han hecho algunos intentos razonables por recuperar la confianza. Pero no "diseñaron" una recuperación. Tuvieron suerte, y el G-20 y los gobiernos que instituyeron paquetes de estímulo están en estos días en un periodo de luna de miel de aparente éxito.

A dónde irá nuestra todavía doliente economía a partir de aquí es tan incierto como los mercados especulativos que jugaron un papel tan importante en la crisis financiera y en la recuperación. Sólo podemos desear que la formulación de políticas económicas fuera tan clara y precisa como la ingeniería mecánica. No lo es: en ella juegan un papel una serie de factores cíclicos que conocemos poco, así como los caprichos de la psicología humana.

Robert J. Shiller es profesor de Economía en la Universidad de Yale, economista en jefe de MacroMarkets LLC y autor, junto a George Akerlof, de Animal Spirits: How Human Psychology Drives the Economy and Why It Matters for Global Capitalism.

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AUTHOR INFO

Robert Shiller, Professor of Economics at Yale University, is co-author, with George Akerlof, of Animal Spirits: How Human Psychology Drives the Economy and Why It Matters for Global Capitalism.