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La resurrección de los espíritus animales

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2008-11-13

NEW HAVEN – el problema económico fundamental del mundo actualmente es la asombrosa pérdida de confianza de las empresas. Los bancos comerciales, los bancos de inversión y los fondos especulativos deben sus problemas a su deterioro, que a su vez pone en riesgo los planes de las compañías y los empresarios para iniciar proyectos e invertir y las intenciones de consumir de los hogares.

Nuestros “espíritus animales”, para tomar prestada una frase que hizo famosa John Maynard Keynes, se están debilitando. George Akerlof y yo acabamos de escribir un libro con ese título, pero para cuando aparezca Espíritus animales este invierno, la economía mundial podría estar incluso peor de lo que está ahora.

En todas partes, los países están empezando a aplicar paquetes agresivos de estímulos y de rescate. Sin embargo, las perspectivas económicas siguen siendo sombrías. El último pronóstico del Fondo Monetario Internacional prevé que las economías avanzadas del mundo se contraerán un 0.3% en 2009 –la primera contracción de ese tipo desde finales de la Segunda Guerra Mundial.

Parte de la dificultad de lidiar con una crisis de confianza es que para empezar es difícil cuantificarla. El Índice de Confianza de los Consumidores de la Conference Board de los Estados Unidos, que se empezó a utilizar en 1967, cayó en octubre al valor más bajo de su historia. El Índice Global de Confianza de los Consumidores Nielsen, que incluye 52 países, cayó a 84, de 137 cuando inició en 2005.

Pero estas encuestas, que recaban respuestas rápidas a preguntas sencillas, no nos muestran la intensidad de las opiniones de quienes responden ni cómo las circunstancias nuevas pueden modificar la confianza ni lo que la gente hará realmente cuando tome decisiones importantes en los próximos meses o años.

Esta pérdida de confianza se relaciona fundamentalmente con el caos de los mercados financieros que comenzó en 2007 y se aceleró en septiembre de este año. El espectro del colapso de las instituciones financieras de todo el mundo y de los desesperados intentos de los gobiernos para rescatarlas ha creado una sensación de alarma.

Además, está el efecto del recuerdo en los espíritus animales actuales. La gente sabe lo suficiente sobre la Gran Depresión para comprender que hay paralelos con la situación de hoy. Muchos saben que las tasas de interés de los bonos del Tesoro de los Estados Unidos a tres meses fueron ligeramente negativas en 2008 –por primera vez desde 1941. La gente también está conciente de que la bolsa de valores no ha sido tan volátil desde la Gran Depresión (con la única excepción de octubre de 1987). Por otra parte, los líderes nacionales están defendiendo medidas de rescate excepcionales utilizando comparaciones no tan veladas con la Gran Depresión.

Los acontecimientos económicos extraordinarios no siempre quebrantan los espíritus animales. Pero no todas las convulsiones económicas son iguales. Por ejemplo, el 19 de octubre de 1987 se dio la peor caída en un solo día de la bolsa de valores de la historia. El índice Standard & Poor’s Composite cayó un 20.5%, el FTSE 100 un 12.2% y el Nikkei 225 un 14% el día siguiente. La crisis se extendió a todo el mundo pero no hubo recesión. En cambio, los mercados de valores se recuperaron y crearon una colosal burbuja que llegó a su apogeo 13 años después, en 2000.

En un estudio que llevé a cabo inmediatamente después de la caída de 1987, descubrí que la mayor preocupación que expresaron los inversionistas individuales e institucionales en los Estados Unidos fue esencialmente que el mercado de valores se había sobrevaluado. Después de que la caída corrigió ese problema, mucha gente aparentemente sintió que ya no había mucho de qué preocuparse. El único paralelo con la Gran Depresión fue la caída de la bolsa en sí misma. Además, muchos expertos financieros culparon de la caída de 1987 a un tipo de operaciones programadas llamadas “seguro de portafolios”, que muchos pensaron que terminarían.

Pero no se puede dar una interpretación tan favorable a los acontecimientos recientes. La enorme magnitud de las caídas recientes no se puede descartar como una anomalía de un solo día provocada por un error técnico de las operaciones.

La semana del 3 al 10 de octubre fue la peor para los mercados en los Estados Unidos desde la Gran Depresión, mientras que los resultados del mercado de valores de Japón fueron peores que los que obtuvieron durante la peor semana de la crisis financiera asiática de hace diez años. Igualmente, el mercado de valores de México tuvo un desempeño tan malo como el de la peor semana de la crisis financiera de ese país en 1995 y el mercado argentino tuvo una caída similar a la peor que sufrió durante su crisis financiera de 1997-2002. Desde entonces ha habido una extraordinaria volatilidad, tanto al alza como a la baja.

Los actuales planes de estímulo y rescate se diseñaron como reacción a esa terrible semana. El 10 de octubre los países del G-7 anunciaron un plan coordinado para reparar la economía mundial y ese fin de semana los países del G-20 apoyaron ese plan. Pero los mercados de valores apenas subieron a principios de noviembre y en China y la India bajaron.

La erosión de los espíritus animales se alimenta a sí misma. Lo único que logra una inmensa volatilidad de los mercados es reforzar la sensación de la gente de que algo anda muy mal. Comienza entonces un circuito de retroalimentación de la volatilidad: mientras más volatilidad haya, la gente siente que tiene que prestar más atención a los mercados y por lo tanto sus operaciones son más erráticas.

Tal vez la esperanza en esta situación sea que los espíritus animales pueden cambiar y a veces lo hacen. La confianza es un fenómeno psicológico y puede dar saltos aparentemente caprichosos hacia arriba o hacia abajo. La perspectiva más prometedora para que se recuperara la confianza de las empresas sería una especie de inspiración pública. En Estados Unidos, el presidente electo Barack Obama parece tener el carisma para crearla, y su condición de ser el primer presidente de una minoría señala una transición histórica importante que podría tener un gran efecto psicológico en los Estados Unidos y en todo el mundo.

Independientemente de lo que nos depare el futuro, la multitud de planes que se están discutiendo ahora para atacar la crisis global deben juzgarse prestando atención a los efectos inaprensibles e inexplicables que puedan tener sobre la confianza. Los “espíritus animales” que Keynes identificó hace varias generaciones siguen con nosotros actualmente.

Robert J. Shiller es profesor de economía en la Universidad de Yale y economista en jefe de MacroMarkets LLC. Su último libro es The Subprime Solution: How Today’s Global Financial Crisis Happened, and What to Do about It.

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tvselvakumaran 02:22 26 Dec 08

There are two economic situations where prolonged deflation could occur:

1. Globalization: In the last several centuries, there have been specific periods, each stretching up to several decades, when there were significantly increased flows of goods and services across national borders. During these times, the less developed countries had figured out how to produce goods that require older technologies efficiently. Hence, they could trade these goods at significantly lower prices. Also, improvements in transportation enabled the free trade of these goods. For example, the late 19th century was one such period. I quote from Professor Jeffry Frieden's Global Capitalism (p. 8), "From 1873 until 1896 prices dropped by 22 percent in the United Kingdom, 32 percent in the United States, more elsewhere. ... ... Prices and earnings declined but debt burden remained constant. Expectations of further price declines caused uncertainty and pessimism. More important, the price declines were not across the board. The prices of goods that entered readily into world trade fell particularly rapidly, such raw materials as wheat, cotton, and coal by 59, 58, and 57 percent respectively. But the prices of other goods and services fell more slowly or not at all. For example, American farm prices declined by more than a third, mining prices by nearly half, but construction costs stayed constant."

2. Depression: In a depression situation, due to severe miscommunication of price signals, the economy invariably goes into a chaotic condition. Firms lay off employees in large numbers expecting a severe downturn. The result is that consumers don't have the incomes necessary for purchasing goods. Inventories pile up and firms have to cut prices. However the more the firms cut prices the more is their losses, and they have to lay off more employees and reduce production. In the worst case, a quarter or a fifth of the working age population is unemployed. This cutting of production and prices and laying off employees leads to a downward spiral of contraction, deflation and unemployment, where these three factors reinforce each other. Thus there is a prolonged period of spiraling downwards, in particular a deflation in prices, before some external event puts an end to it. This was the situation in the Great Depression of the 1930s. During its worst phase, the GDP contracted by a third.

It is clear that the current economic crisis of 2008 would not lead to unemployment above 20%, nor a contraction of a third of GDP. Moreover, due to massive accumulations of capital, like social security and pension funds, consumers could continue to maintain their usual level of spending on essential goods even if they lose their jobs. Thus the re-appearance of a dire economic situation like the Great Depression cannot be cited as a reason for prolonged deflation in contemporary times.

Next, during the current phase of economic globalization, the phenomenon of 'China price' has been hitting the global economy since the 90s. These deflationary forces have been successfully managed so that there would not be severe destabilization of the global economy. This is the great contribution of Alan Greenspan, that he allowed the stock market to boom right into 2000, even though he worried about a bubble in the stock markets as early as 1996. China's supply of manufactured goods at low prices helped to keep inflation low, and enabled America to continue to grow with unemployment rates well below that specified by the Non-Accelerating Inflation Rate of Unemployment (NAIRU). On the demand side, the wealth effect created by the stock market boom enabled consumers to keep spending so that the economy could keep growing, which in turn allowed an increasing trade deficit with China. Thus Greenspan's stewardship ensured that America and China developed a stake in each other's well-being. Moreover, the case for globalization producing a prolonged period of deflation this time around is not compelling at all, since the resulting deflationary forces have been successfully managed for the last 15 years or so.

So why are several famous economists still warning against the dangers of a recurrence of the Great Depression? Depending on their preferences, these economists are either advocating inflationary monetary expansion, or huge fiscal spending to the extend that the budget deficit next year could be a trillion dollars. These are in addition to the massive expansion of the Federal Reserve's balance sheet (from $900 billion to $2.3 trillion so far), the $700 billion TARP program, and the large scale off-balance sheet programs announced by the Fed and the government for rescuing financial corporations and buying all kinds of securities.

Well, it appears that a consensus has been developing among economists in the advanced industrial economies that by enacting massive fiscal spending programs, they could re-engineer entire economies of the West so as to shift their focus on manufacturing and construction, and possibly away from services. As Professor Paul Krugman put it in his recent New York Times column, Life Without Bubbles, "By selling more to other countries and spending more of our own income on U.S.-produced goods, we could get to full employment without a boom in either consumption or investment spending". Other famous economists like Professor Robert Shiller, Professor Nouriel Roubini and Professor Joseph Stiglitz have written in expressing support for a massive fiscal spending program with the goal of maintaining full employment.

Well, there is some strength in this argument. Infrastructure is definitely crumbling in many parts of the United States. It would be appropriate to recall here that not long ago, a large bridge on an Interstate highway collapsed in Minnesota killing dozens of people. Schools, public libraries, courtrooms, police stations, airports, railway stations and other public buildings require upgrades urgently. Moreover, potholes have been springing on most public roads, and the local governments have only been doing patch-work on them for lack of funds. Similarly, the manufacturing industry has been languishing for several decades now. So there is definitely a case for upgrading infrastructure and reviving the manufacturing industry in the Western economies.

However, I should also point out that expending all the political capital that the left has won in the recent elections (for US President and US Congress) on a one trillion deficit spending program may not be the 'best bang for the buck' (to borrow Professor Stiglitz's lingo). At present, the most economic benefit that the United States can obtain is to recover its standing among the world nations by conducting its foreign policy with vastly improved diplomacy. In particular, spending the far less amount of $20 or $30 billion towards Millennial Development Goals and eradicating poverty would improve the goodwill for America around the world. As a result, America would obtain much better long-term economic benefits by spending just 2 or 3 percent of the trillion dollar deficit program.



AUTHOR INFO

Robert Shiller, Professor of Economics at Yale University, is co-author, with George Akerlof, of Animal Spirits: How Human Psychology Drives the Economy and Why It Matters for Global Capitalism.