Davies and Shiller
Hablemos en serio sobre el dinero
Robert J. Shiller
En todo el mundo, las personas padecen un grave error de apreciación que les ha impedido adoptar medidas concretas para protegerse de la inflación o la deflación. Dicho error recibe el nombre de "ilusión del dinero": la creencia de que una unidad monetaria nominal es la mejor medida del valor, aun cuando su valor real sea inestable.
Históricamente, la falta de protección contra la inflación o la deflación ha contribuido a propiciar resultados calamitosos. Cuando una inflación espectacular afectó a Alemania en 1923, destruyó el valor real de ahorros (desprotegidos y no ajustados al índice de inflación) de toda la vida y de prestaciones de la seguridad social de millones de personas, cuya ira contribuyó al ascenso del nazismo.
Asimismo, la espectacular deflación que hubo en muchos países de todo el mundo al comienzo del decenio de 1930 aumentó el valor real de las deudas (desprotegidas y no ajustadas al índice de inflación), lo que provocó millones de impagos y quiebras de bancos generalizadas. La deflación aumentó también el valor real de los salarios, con lo que provocó despidos y desempleo. La falta de protección y ajuste al índice de inflación nos trajo la Gran Depresión. Gran parte del malestar económico del Japón en los últimos años refleja también deudas (desprotegidas y no ajustadas al índice de inflación) aumentadas por la deflación desde 1999.
En 2003, un estudio del FMI resucitó el espectro de problemas como los del Japón en todo el mundo y enumeró trece países, incluidos China, Alemania, Singapur y Polonia, con riesgo entre moderado y elevado de deflación. No obstante, ante la abrumadora evidencia de la importancia de la inflación o el riesgo de deflación, la mayoría de las personas –incluso en países que habían recibido advertencias– por lo general siguieron sin adoptar medidas para protegerse.
Dada la generalizada apatía en relación con los cambios en los precios de los bienes de consumo, el modesto éxito de un nuevo mercado para proteger contra el riesgo de inflación, el mercado de futuros relacionados con la inflación europea en el Mercado de Futuros de Chicago, resulta notable. Desde septiembre, ese nuevo mercado ha comerciado con el índice armonizado de precios de consumo de la eurozona, cuya sigla en inglés es HICP, contrato que los operadores llaman en inglés "hiccup". Comprándolo o vendiéndolo, las empresas y los individuos pueden protegerse contra pérdidas debidas a los cambios de valor de su moneda.
Recientemente, el interés mostrado se plasmó en 355 contratos, con un valor hipotético de 355 millones de euros. Se trata de un comienzo real y debemos alentar el aumento de esa clase de contratos para ayudar a miles de millones de personas a protegerse contra sus riesgos de inflación y deflación, pero ese comienzo prometedor sigue a una serie de intentos, fracasados por la falta de interés del público, de creación de futuros relacionados con la inflación.
La única forma de explicar dichos fracasos es mediante la ilusión del dinero, que en última instancia está relacionada con lo que los psicólogos llaman "encuadramiento". La forma cómo va encuadrado un concepto, el contexto y las asociaciones con las que se lo presenta afectan enormemente a los juicios humanos. Un impuesto denominado "impuesto por fallecimiento" recibe una consideración muy diferente de otro denominado "impuesto de sucesiones", aun cuando sean idénticos. La ilusión del dinero se debe a que estamos acostumbrados a que los valores económicos vayan casi siempre enmarcados por el dinero.
Yo llevo años sosteniendo que los gobiernos nacionales deben adoptar algunas medidas sencillas para enmarcar de forma diferente las cantidades económicas y ayudar al público a superar la ilusión del dinero. Bastaría con que crearan una unidad de cuenta ajustada al índice de inflación para substituir la moneda con vistas a medir las cantidades económicas y determinar los precios. Dicha unidad no sería sino un índice de precios de consumo, recibiría un nombre sencillo y se publicaría diariamente a fin de que el público pudiera utilizarla, junto con su nombre, para ofrecer precios en términos reales, cosa que contribuiría a reformar el pensamiento público, lo único que un gobierno debe hacer en realidad. Sería fácil y carecería prácticamente de costos.
Las unidades de cuenta ajustadas al índice de inflación no son una idea nueva; el Gobierno de Chile inició esa vía en 1967 al crear la Unidad de Fomento (UF) y otros países latinoamericanos han seguido su ejemplo. Pese al aparente aspecto técnico del nombre de esa unidad, el público de Chile parece haber aprendido a recurrir a la UF en lugar de al peso para la redacción de contratos importantes.
Los gobiernos podrían también, siguiendo el ejemplo de Chile, redefinir el sistema fiscal mediante las unidades de cuenta, en lugar de la moneda. Así, los contribuyentes que rellenan declaraciones de la renta tendrían que familiarizarse con las unidades de cuenta. Como beneficio secundario, el sistema fiscal quedaría automática, plena y transparentemente ajustado al índice de inflación.
En mi libro El nuevo orden financiero, publicado en 2003, propuse que se llamara "cestas" a esas unidades, pues un índice de precios de consumo es el precio de una cesta de bienes y servicios representativa del mercado. Es un nombre muy sencillo y expresa un nuevo marco conceptual: al prometer pagar a alguien tantas cestas en una fecha futura, prometemos pagar en cestas de bienes y servicios del mercado. Naturalmente, el pago real se hará en moneda corriente al tipo de cambio contemporáneo, basado en el índice de precios de consumo, entre las cestas y la moneda.
¿Qué ocurriría si el público se acostumbrara a expresar las cantidades en cestas? ¿No parecerían totalmente diferentes los contratos de futuros si se los colocara en un nuevo marco de contratos para "cestas" en lugar de "hiccups"? Desde luego, un mercado de futuros para la cesta completa del mercado que los consumidores compran da sensación de importancia.
En última instancia, el avance de la tecnología de la información será la salvación de ideas como el mercado de futuros ajustados al índice de inflación de Chicago y las unidades de cuenta igualmente ajustadas. Esa clase de futuros parecen estar imponiéndose en parte porque las transacciones relativas al nuevo contrato se hacen en un mercado electrónico eficiente (el sistema Globex), que permite a los contratos de futuros funcionar sin el revuelo inicial que requieren los mercados de futuros cuyas transacciones se hacen de viva voz en el corro de operaciones.
De hecho, ésa es también la razón por la que una bolsa americana puede crear un mercado para la inflación europea; con la nueva tecnología de la información, ya no importa dónde vivan las personas, lo que contribuirá también a popularizar las unidades de cuenta ajustadas al índice de inflación, ya que ahora la tecnología de la inflación puede hacerse cargo de todos los cálculos que entraña su conversión en moneda. Cuanto antes ocurra, antes habremos dejado atrás otro flagelo de inestabilidad financiera.
Copyright: Project Syndicate, 2005.
www.project-syndicate.org
Traducido del inglés por Carlos Manzano.
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