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En todo el mundo los gobiernos quieren promover el espíritu empresarial. Aunque la mayoría de las empresas incipientes jamás llegarán a crecer, cada pequeña compañía es un experimento y se necesita mucha experimentación para producir de vez en cuando la empresa que puede transformar la economía de una nación --o incluso cobrar importancia internacional. En pocas palabras, el espíritu empresarial es una incubadora esencial para el éxito económico a largo plazo.
Para explicar las variaciones en los niveles de espíritu empresarial en distintos países se presta mucha atanción a las diferencias en las actitudes y políticas nacionales. Pero también hay diferencias en los niveles de espíritu empresarial al interior de cada país. Se dice que la gente de Shanghai tiene más madera de empresario que la de Beijing. La gente de la ciudad ucraniana de Kherson se inclina más a las actividades empresariales que la de Kiev.
En un estudio reciente, Mariassunta Giannetti y Andrei Simonov de la Escuela de Economía de Estocolmo mostraron la magnitud de las diferencias en los niveles de espíritu empresarial de los muncipios suecos. Definieron a los empresarios como aquellas personas que declaran ingresos de una compañía bajo su control y en la que trabajan por lo menos medio tiempo, y detectaron que la proporción de empresarios en la población difiere sustancialmente en los 289 municipios que estudiaron, y va del 1.5% al 18.5%.
¿Qué nos dicen estas diferencias acerca de las causas reales del espíritu empresarial?
Los cambios de política a nivel nacional no pueden explicar las variaciones que encontraron Giannetti y Simonov. En la década de 1980 y principios de la de 1990, se disolvieron los acuerdos centralizados de fijación de salarios y el gobierno sueco redujo personal y recortó las tasas de impuestos a las empresas. El nivel de la actividad empresarial en el país en su conjunto se duplicó como consecuencia de ello, pero la respuesta fue muy distinta de un minicipio a otro. ¿Por qué?
Las variables culturales parecen explicar mucho: la religión y la política fueron responsables de aproximadamente la mitad de las variaciones en los municipios. Los municipios tendían a tener más empresarios si contaban con una proporción alta de jubilados miembros de la Iglesia de Suecia (la iglesia oficial del Estado hasta el año 2000) y una proporción alta de electores de derecha.
Más allá de eso, parece operar un mecanismo de retroalimentación: las ciudades con más empresarios tienden a generar más empresarios aún. Cuando la cultura empresarial se arraiga, se extiende generalmente a nivel local a medida que la gente aprende sobre las empresas y comienza a sentirse atraída por ellas --aun si no rinden un beneficio inmediato o seguro.
En efecto, Giannetti y Simonov descubrieron que el ingreso promedio de los empresarios era menor en los municipios con alto espíritu empresarial que en los de espíritu empresarial bajo. De manera similar, estudios realizados en otros países muestran que los empresarios a menudo tienen ingresos y crecimiento del ingreso menores en un principio que si fueran empleados. Lo que esos estudios indican es que las diferencias en el grado de espíritu empresarial pueden deberse menos a mejores oportunidades económicas (el lado de la "oferta" de la ecuación del espíritu empresarial) que a las diferencias culturales que hacen que el espíritu empresarial sea más gratificante (el lado de la "demanda").
Giannetti y Simonov apoyan esta hipótesis y sostienen que las diferencias en el prestigio de los empresarios en los distintos municipios podría explicar las diferencias en los niveles de espíritu empresarial. En ciertos municipios los empresarios gozan de un alto status social sin que importe si ya son exitosos; en otros lugares se les desprecia y se admiran otras ocupaciones.
La idea de que el prestigio es importante no es nueva. En su libro Money, Morals & Manners (Dinero, moral y modales), la socióloga Michèle Lamont comparó las definiciones del éxito en Francia y Estados Unidos. Entrevistó a personas en ambos países y les preguntó que significaba ser una "persona respetable". En esencia, le estaba preguntando a la gente acerca de su sentido de qué es importante en la vida y acerca de su sentido personal de identidad.
El estudio de Lamont confirmó la opinión popular de que los estadounidenses aprecian el éxito empresarial mientras que los franceses dan mayor valor a la cultura y a la calidad de vida. De manera similar, el desprecio abierto hacia la competencia y los empresarios "avaros" se expresa con más frecuencia en Francia que en Estados Unidos.
Pero si bien Lamont se concentró en las diferencia entre franceses y estadounidenses, el descubrimiento más interesante de su estudio es el de las diferencias significativas entre las regiones al interior de Francia. Comparó a Clermont-Ferrand, capital de Auvergne, en el centro de Francia, con París. Los habitantes de Auvergne tienen fama de ser parsimoniosos y severos y, a pesar de progresos sustanciales recientes, de tener una escasez relativa de cultura superior.
Lamont descubrió que tanto la gente de París como la de Clermont-Ferrand tendían a expresar desprecio por la "avaricia". Pero los de Clermont-Ferrand valoraban "la sencillez, el pragmatismo, el trabajo duro y la determinación", mientras que los parisinos acentuaban "el brío y la brillantez". Concluyó que "En muchos aspectos los de Clermont-Ferrand se parecen más a los Hoosiers (nombre que se da a los residentes de Indiana, estado del medio oeste de los EU) que a los parisinos". Sus evidencias indican que en Clermont-Ferrand, en comparación con París, hay una mayor demanda intrínseca para iniciar pequeñas empresas.
Prácticamente todos los países son un masaico de culturas locales que difieren en la forma en que motivan a la gente y forjan su identidad personal. Las diferencias en la manera en que estas culturas definen lo que significa ser una persona respetable y cómo se indica esa respetabilidad tal vez expliquen gran parte de las variaciones en los niveles de espíritu empresarial.
Los economistas y otras personas suelen ver a los países como un todo y dan énfasis a las actitudes y las políticas nacionales como los factores principales que alientan o desalientan el espíritu empresarial. Pero, de hecho, el éxito empresarial nacional depende de la evolución de las culturas locales y su interacción con las políticas nacionales. El espíritu empresarial puede echar raíces en las regiones compatibles de cualquier país cuando las barreras económicas en su contra se eliminan y después alimentarse a sí mismo hasta alcanzar importancia nacional.
Robert J. Shiller es profesor de economía en la Universidad de Yale, director en Macro Securities Research LLC y autor de Exuberancia Irracional y El nuevo orden financiero. El riesgo en el siglo XXI.
Copyright: Project Syndicate, 2005.
www.project-syndicate.org
Traducción de Kena Nequiz