Wednesday, October 22, 2014
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Dar libertad al FMI

BRUSELAS – El Fondo Monetario Internacional ha vuelto a la acción. Durante los años de la burbuja, no parecía que se necesitara ni su consejo ni su dinero. Sin embargo, hoy más y más países necesitan ayuda para su balanza de pagos, y hay un consenso general de que el sistema monetario global necesita una entidad que pueda supervisar su estabilidad general. El FMI es el único candidato para esta tarea, pero la experiencia ha demostrado que el Fondo sólo puede cumplir este papel si se reforma su gobierno interno.

Garantizar el apoyo a la balanza de pagos tiene importantes implicancias fiscales, y es natural que deba haber una constante y estrecha supervisión por parte de quienes aportan el capital, es decir, los estados miembros del FMI.

No obstante, velar por la estabilidad del sistema financiero global, incluida la evaluación de las políticas de tipos de cambio y los desequilibrios de pagos globales, es una responsabilidad diferente. Para estas funciones analíticas no hay necesidad de una supervisión estrecha. Por el contrario, los factores decisivos deberían ser la pericia profesional y la independencia. Por tanto, un cambio clave debería ser distinguir entre las medidas financieras del FMI y sus funciones analíticas, especialmente la vigilancia de los tipos de interés y otras fuentes de riesgo financiero global.

La Junta Ejecutiva del FMI, compuesta exclusivamente por representantes de los países miembros, gestiona en la actualidad las actividades cotidianas de la entidad. No lleva a cabo funciones de supervisión, sino que básicamente funciona como una Junta de Administración ampliada que delega la ejecución de sus decisiones al Director Ejecutivo y al personal.

Este modus operandi debe cambiar para que el FMI tenga la independencia que necesita para convertirse en un juez fiable e imparcial de los desequilibrios de las balanzas de pagos y de las fuentes de riesgo de los mercados financieros globales.

Esta necesaria independencia del personal del FMI se puede lograr estipulando que la Junta supervise únicamente el trabajo de las funciones analíticas del Fondo y, lo que es más importante, que su composición y sus mecanismos de toma de decisiones se lleven a cabo de las siguientes maneras:

- Se debería ampliar la Junta Ejecutiva con varios miembros independientes (posiblemente de 3 a 5, como en el sector privado) y el principio de votación debería de ser un voto por persona. Los miembros independientes de la junta representarían sólo una pequeña minoría, pero su presencia y experiencia profesional les darían un peso desproporcionado.

- La administración tendría la libertad de adoptar posturas en todos los temas que no fueran el uso de los recursos del Fondo, a menos que la junta ampliada señalara explícitamente lo contrario. Esto daría a la administración una considerable independencia de facto , puesto que bajo el principio “una persona, un voto” los países miembros más grandes ya no podrían bloquear asuntos sólo porque no son políticamente convenientes.

Para todas las decisiones que implicaran los recursos del Fondo (prestar a países miembros, el tamaño de los cupos, etc.) el mecanismo de toma de decisiones existente se mantendría sin cambios. Por tanto, todas las decisiones financieras seguirían siendo adoptadas por la Junta Ejecutiva, con una votación ponderada que refleje las contribuciones financieras de los países miembros.

El Banco Central Europeo es una analogía interesante, porque tiene dos procedimientos de votación, dependiendo del asunto que se trate. El Consejo de Gobierno del BCE está formado por los seis miembros de la Junta Ejecutiva, más los presidentes de los 16 bancos centrales nacionales de los países de la eurozona. El Consejo de Gobierno se hace cargo de las decisiones realmente importantes sobre política monetaria, siguiendo el principio de un voto por persona.

Cuando se negoció el Tratado de Maastricht, los alemanes consideraron que esta cláusula era una concesión importante. Sin embargo, es indispensable para que el BCE sea realmente independiente y para que se pueda esperar que todos los miembros del Consejo de Gobierno, especialmente los presidentes de los bancos centrales nacionales, tomen decisiones basadas únicamente en los intereses de toda el área del Euro (y no en los de sus países de origen).

Sin embargo, en lo referido a asuntos financieros (en particular, la distribución de utilidades y pérdidas), las reglas de votación son diferentes: la Junta Ejecutiva no participa y los votos de los presidentes de los bancos centrales nacionales en el Consejo de Gobierno se ponderan según sus participaciones de capital respectivas.

Cuando los líderes del G-20 se reúnan en Londres, deberían considerar el dar al FMI la independencia que necesita para convertirse en un guardián eficaz de la estabilidad financiera mundial. Incluir a expertos independientes en la Junta será un paso esencial en esa dirección.

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