Thursday, October 23, 2014
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La promoción de Estados Unidos

Hace un año, la entonces Consejera de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, Condoleezza Rice, anunció que "estamos enfrascados en una guerra de ideas principalmente, no de ejércitos". Tenía razón, pero es una guerra que los EU están perdiendo porque Al-Qaeda constantemente les gana las jugadas.

Los crecientes sentimientos antiestadounidenses en todo el mundo amenazan con privar a los EU del poder blando o atractivo que necesitan para tener éxito en la lucha contra el terrorismo. Como lo ha demostrado Iraq, el poder militar duro no puede por sí solo dar una solución. En encuesta tras encuesta se confirma que el poder blando de los Estados Unidos ha decaído, sobre todo en el mundo islámico. Incluso en países supuestamente amigos como Jordania y Pakistán más personas dicen confiar en Osama Bin Laden que en George Bush.

La información es poder y hoy en día una parte mucho mayor de la población mundial tiene acceso a ella. Ya pasaron los tiempos en que los funcionarios del servicio exterior de los EU iban en jeeps a las regiones remotas del Tercer Mundo a proyectar películas en carretes a los pobladores aislados. Los avances tecnológicos han conducido a una explosión de la información y las audiencias se han hecho más conscientes de la propaganda. El mundo está inundado de información, a veces exacta, a veces engañosa.

Como resultado, la política se ha convertido en un concurso de credibilidad. Mientras que el mundo de la política de poder tradicional se define por quién tiene el ejército o la economía victoriosos, la política en la edad de la información tiene que ver con quién tiene la versión triunfadora. Los gobiernos compiten entre sí y con otras organizaciones para mejorar su credibilidad y debilitar la de sus adversarios. Desgraciadamente el gobierno de los EU no ha aguantado el paso.

Incluso la Junta Científica de Defensa del Pentágono lo admite al informar que la comunicación estratégica de los Estados Unidos "carece de dirección presidencial, de coordinación eficaz entre las dependencias del gobierno, de asociaciones óptimas con el sector privado y de recursos adecuados". En los últimos años de la administración Clinton, el Congreso abolió equivocadamente la Agencia de Información de los EU y le asignó sus tareas a una nueva Subsecretaría de Diplomacia Pública en el Departamento de Estado.

Este despacho posteriormente quedó vacante o, durante dos de los últimos cuatro años, estuvo ocupado de manera interina. El presupuesto total para la diplomacia pública (programas de difusión, información e intercambio) es de 1.2 mil millones de dólares, más o menos lo mismo que Francia, o lo que McDonald’s gasta en publicidad. El gobierno de los EU gasta 450 veces más en poder militar duro que en poder blando.

En 1963, Edward R. Murrow, el famoso periodista que dirigió la Agencia de información de los EU durante la administración Kennedy, definió la diplomacia pública como las interacciones no sólo con gobiernos extranjeros, sino principalmente con individuos y organizaciones no gubernamentales, que frecuentemente presentan una diversidad de puntos de vista privados además de los puntos de vista del gobierno. Los escépticos que sostienen que la "diplomacia pública" es un eufemismo que significa la difusión de propaganda del gobierno no entienden las cosas. La simple propaganda carece de credibilidad y por lo tanto es contraproducente. En contraste, la diplomacia pública implica la construcción de relaciones de largo plazo.

Lo más importante en la situación actual será el diseño de una estrategia de intercambios culturales y educativos de largo plazo orientados al desarrollo de una sociedad civil más rica y abierta en los países del Medio Oriente. Dada la baja credibilidad oficial, los voceros más eficaces de Estados Unidos tendrán que ser a menudo ajenos al gobierno. En efecto, algunos analistas incluso han sugerido que los EU creen una corporación no partidista para la diplomacia pública que reciba fondos del gobierno y privados, pero que estimule la comunicación transfronteriza independiente.

Corporaciones, fundaciones, universidades y otras organizaciones sin fines de lucro pueden promover mucho del trabajo para el desarrollo de una sociedad civil abierta. Las empresas y fundaciones pueden ofrecer tecnología para ayudar a modernizar los sistemas educativos árabes y llevarlos más allá del aprendizaje de memoria. Las universidades estadounidenses pueden establecer más programas de intercambio para estudiantes y profesores.

Las fundaciones pueden apoyar el desarrollo de instituciones de estudios estadounidenses en los países árabes, o programas para mejorar el profesionalismo periodístico. Pueden apoyar la enseñanza del inglés y financiar intercambios estudiantiles. En resumen, una estrategia eficaz de largo plazo para crear recursos de poder blando y promover las condiciones para el desarrollo de la democracia tiene muchas ramas.

La respuesta al reciente desastre provocado por los tsunamis en Asia es un ejemplo. El Presidente George W. Bush prometió --aunque tarde-- 250 millones de dólares de ayuda para las víctimas y envió a emisarios de alto nivel a la región. También ha habido un flujo impresionante de ayuda privada por parte de organizaciones estadounidenses de caridad y sin fines de lucro. Las imágenes de soldados estadounidenses luchando en Iraq han cambiado por imágenes de las fuerzas armadas del país entregando ayuda a las víctimas del desastre.

Pero el seguimiento es esencial. Los anuncios previos de Bush de mayor ayuda para el desarrollo y de esfuerzos más intensos para combatir al VIH/SIDA en Africa fueron no sólo imperativos morales sino también inversiones importantes en poder blando para los Estados Unidos.

Desafortunadamente los fondos necesarios para aplicar esas iniciativas no han fluido tan rápido como la retórica. Y hay algo igual de importante: ninguno de esos esfuerzos de ayuda o de diplomacia pública será efectivo a menos que el estilo y la sustancia de las políticas de los EU sean consistentes con un mensaje democrático más amplio.

Eso significa que la tarea principal de Condoleezza Rice como Secretaria de Estado será darle en estilo más consultivo a la política exterior estadounidense mientras busca una solución política en Iraq y avances para la paz en Medio Oriente. Sólo entonces podrá iniciar la labor de reparar la dañada reputación de los Estados Unidos reforzando su olvidada diplomacia pública.

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