Monday, July 28, 2014
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Aprovechar la oportunidad que brinda la cumbre de Sarajevo

LONDRES – Oficialmente, la Unión Europea tiene una política balcánica: admitir a los seis países de la región. En la cumbre UE-Balcanes occidentales, celebradas en junio de 2003 en Salónica, todos los Estados miembros de la UE reiteraron su “apoyo inequívoco a la perspectiva europea de los países de los Balcanes occidentales”.

En parte a consecuencia de aquel acuerdo, los países balcánicos han logrado importantes avances. En Servia, desde donde se planeó en tan gran medida de la destrucción de la región, el gobierno de Boris Tadic está intentando trabar unos vínculos más estrechos con la UE. Junto a Bosnia-Herzegovina, Servia se acercó más a la OTAN en 2006. En 2009, Croacia y Albania ingresaron en la Alianza. Incluso el diminuto país de Montenegro ha vivido unos años esperanzados desde que se declaró independiente en 2006.

Después de que la UE estableciera unos criterios explícitos para la liberalización de los visados y manifestara con claridad que estaba dispuesta a admitir a algunos países balcánicos y no a otros, tres Estados (Servia, Macedonia y Montenegro) reactivaron las reformas y lograron los viajes sin visado a la UE en 2009 y se espera que otros dos les sigan en breve. La Comisión Europea ha declarado que Macedonia está lista para iniciar las negociaciones sobre la adhesión, mientras que Montenegro, Albania y Servia han presentado sus solicitudes.

Pero, cuando los dirigentes europeos se preparan para reunirse con sus homólogos balcánicos en la capital bosnia de Sarajevo, la situación ha empezado a parecer mucho más incierta. Los europeos parecen cada vez más divididos sobre lo que se debe hacer con los Balcanes.

Algunos encargados de formulación de políticas en Bruselas y en capitales de la UE ven cada vez con más alarma la perspectiva de la ampliación de la UE a los Balcanes. Aparte de Croacia, que probablemente será la primera en adherirse, los países balcánicos son los más pobres que hayan solicitado jamás la adhesión a la UE. Todos ellos tienen economías no competitivas y que soportan la carga de un desempleo elevado. Aunque han logrado avances en materia de gestión de los asuntos públicos, muchos de ellos siguen siendo Estados débiles. La mayoría de ellos han padecido conflictos enconados y división política. En un momento en que la UE sigue esforzándose por utilizar las instituciones creadas por el Tratado de Lisboa, algunos Estados miembros advierten el riesgo de que una admisión demasiado temprana de los países balcánicos perjudique a la Unión.

Sin embargo, otros encargados de la formulación de políticas ven un riesgo aún mayor de que el aplazamiento de la adhesión a la UE en un futuro indeterminado socave la credibilidad de la declaración formulada en Salónica. Creen que podría socavar el frágil avance que se ha logrado en los Balcanes en el último decenio. En un momento en que incluso un Estado que es miembro desde hace mucho afronta disturbios callejeros mortíferos, preocupa a algunos gobiernos europeos que la supresión de la esperanza en una región con una historia reciente de conflictos violentos podría ser peligrosa.

Dividida entre el miedo a una ampliación apresurada y el miedo a una lenta, los gobiernos europeos han empezado a perder influencia en todos los Balcanes, pues los dirigentes de la región han empezado a dudar de la sinceridad del compromiso de la UE... y de la necesidad de aplicar las reformas impuestas por la UE.

El imperativo para la UE es el de volver a una situación en la que una vez más cree incentivos para el progreso, en lugar de sembrar la desilusión y la posibilidad de regresión.

Los dirigentes europeos deben aprovechar la cumbre de Sarajevo para anunciar su intención de impulsar al máximo el compromiso de la UE en la región comenzando el llamado proceso de “selección” de Albania, Bosnia y Herzegovina, Croacia, Macedonia, Servia y Montenegro en el plazo de un año y emprender un proceso similar con Kosovo.

El proceso de selección obliga a los países candidatos a comprobar detenida y rigurosamente su verdadero grado de cumplimiento de los requisitos para la adhesión y con ello introducir una dosis, muy necesaria, de realismo en sus debates sobre lo que se debe hacer en los próximos años. También ofrece a los países candidatos y a la Comisión Europea una exposición  detallada de lo que se debe conseguir en cada uno de los sectores: desde la inocuidad de los alimentos hasta el desarrollo rural. Además, ayuda a idear estrategias para la utilización de la asistencia financiera y las recomendaciones técnicas de la UE con miras a lograr los mejores resultados.

Además, para fomentar el tipo de competencia regional que ha funcionado tan bien para motivar reformas regionales en el pasado, los seis países deben iniciar juntos el proceso de selección. La competencia –y la perspectiva de pertenecer a un grupo de corredores en cabeza– sería un incentivo suplementario para que los dirigentes de los Balcanes se comprometan con el proceso de adhesión a la UE. Ninguno de ellos deseará que la Comisión Europea observe que un país está actuando mejor que otro.

Éstos son tiempos difíciles para los Balcanes. Las dudas sobre el futuro del proyecto europeo a raíz de la crisis del euro podría alejar a los votantes de los reformadores proeuropeos y acercarlos a los políticos nacionalistas. La forma mejor de avanzar es la de utilizar los instrumentos que la UE tiene ya a su disposición, pero hacerlo más plena y eficazmente.

La reciente experiencia de la liberalización de los visados muestra que la UE tiene capacidad para motivar reformas profundas en Estados débiles, si moviliza los incentivos apropiados. Para ello, hacen falta criterios claros y objetivos, un compromiso técnico profundo por parte de los expertos de la Comisión Europea, un calendario concreto de oportunidades y unas evaluaciones transparentes que desencadenen la competencia positiva entre países vecinos.

En el verano de 2011, debe comenzar el proceso de selección de todos los países de la región. El objetivo debe ser el de que, al concluir la presidencia de la UE correspondiente a Polonia al final de este año, haya terminado el proceso de selección y todos los países hayan adquirido la condición de candidatos. No se trata de hacer concesiones, sino de ejecutar un proceso riguroso, pero justo, que aliente a los países balcánicos a determinar sus deficiencias e idear planes para superarlas.

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