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La OTAN después de la cumbre de Estambul

Jaap de Hoop Scheffer

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2004-07-07

La semana pasada, los Jefes de Estado o de Gobierno de las 26 naciones que son miembros de la OTAN se reunieron en Estambul para celebrar una importante cumbre. El simbolismo de una ciudad encabalgada entre dos continentes resultó particularmente apropiado. En Estambul no sólo reforzamos el decisivo vínculo entre las dos riberas del Atlántico, sino que, además, tendimos puentes de cooperación con otras regiones. Después del desacuerdo sobre la cuestión del Iraq, la cumbre demostró un nuevo impulso en la cooperación transatlántica en materia de seguridad y reforzó el papel de la OTAN como instrumento de la mayor importancia para dicha cooperación. Las decisiones fundamentales que adoptamos en la cumbre lo muestran con toda claridad.

En primer lugar, el Afganistán. En Estambul, la OTAN decidió ampliar su presencia estabilizadora en el Afganistán. Vamos a aumentar el número de equipos provinciales de reconstrucción para apoyar la ampliación de la autoridad del gobierno central y facilitar el desarrollo y la reconstrucción. También prestaremos un mayor apoyo para la celebración de las próximas elecciones, que son decisivas para garantizar la paz y la estabilidad a largo plazo en ese país y velar por que no vuelva a ser nunca un refugio seguro para terroristas.

En segundo lugar, el Iraq. A petición del Primer Ministro, Lyad Allawi, la OTAN decidió ofrecer su ayuda para capacitar a las fuerzas iraquíes de seguridad. Además de nuestro apoyo permanente a Polonia en su dirección de la división internacional en el Iraq, la OTAN va a desempeñar a partir de ahora un papel decidido para ayudar al Iraq. El hecho de que se adoptara esa decisión al tiempo que la transferencia de la autoridad a un nuevo gobierno iraquí contribuyó aún más a su importancia. Los Aliados afirmaron sin ambigüedades que un Iraq estable redundaría en su interés común y que la OTAN debía participar en su consecución. El de la capacitación es un sector decisivo para la estabilidad del Iraq y en el que la OTAN tiene una experiencia y una especialización valiosas que puede compartir.

En tercer lugar, los Balcanes. Si bien nuestra presencia en Kosovo permanece inalterable, la situación, muy mejorada, en materia de seguridad en Bosnia y Herzegovina nos permite poner fin a nuestra lograda misión de la SFOR en ese país al final de este año. Después seguirá la Unión Europea con una misión suya y la apoyaremos en ese empeño, pero la OTAN mantendrá una presencia en Sarajevo, en particular para ayudar a Bosnia y Herzegovina a reformar su sistema de defensa. Queremos acoger a ese país y a Serbia y Montenegro en nuestro programa de Alianza para la Paz en cuanto cumplan las condiciones pertinentes, entre las cuales figura la cooperación plena con el Tribunal Internacional para la Antigua Yugoslavia.

En cuarto lugar, la transformación militar. En la cumbre, los Aliados decidieron acelerar sus medidas para equipar a la OTAN con las fuerzas y las tecnologías que necesita para realizar sus misiones en el siglo XXI, desde los Balcanes hasta el Afganistán. La Fuerza de Respuesta de la OTAN pronto alcanzará su capacidad operacional inicial y nuestro nuevo Batallón Multinacional de Defensa para afrontar las amenazas químicas, biológicas, radiológicas y nucleares ya está en pleno funcionamiento... ideas, todas ellas, propuestas por los Estados Unidos y ejecutadas rápidamente por la Alianza. Además, en Estambul acordamos varias medidas encaminadas a fortalecer el vínculo entre el acuerdo político para iniciar operaciones y la dotación de las fuerzas necesarias, mediante, entre otras cosas, metas en materia de utilizabilidad y cambios en los procesos de planificación de la OTAN.

Quinto, la ampliación de la OTAN y la Asociación. Aunque la de Estambul fue la primera cumbre de la OTAN a la que asistieron los siete nuevos países miembros -Bulgaria, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania y Rumania-, indicamos claramente que las puertas de la OTAN siguen abiertas y alentamos a quienes quieran adherirse a nuestra Alianza a que sigan aplicando las reformas necesarias a fin de estar preparados para la adhesión. También lanzamos una nueva fase en nuestras relaciones con los países asociados... con oportunidades para una cooperación más individualizada, una mayor insistencia en la reforma del sistema de defensa y una mayor atención al Cáucaso y al Asia central. Además, acogimos con agrado el interés mostrado por Rusia y Ucrania en contribuir al "Empeño Activo", nuestra operación naval antiterrorista en el Mediterráneo, como otra señal del valor estratégico en aumento de nuestra asociación con esos países.

Por último, el Mediterráneo y el gran Oriente Medio. En Estambul la OTAN decidió tender la mano a nuevas regiones de importancia estratégica, en particular el gran Oriente Medio. En los próximos años ninguna otra región afectará más intensamente a nuestra seguridad con su desarrollo. Necesitamos un esfuerzo transatlántico coherente en esa región y la OTAN participará a él. Acordamos fortalecer nuestro Diálogo Mediterráneo con siete países del norte de África y del Oriente Medio y transformarlo en una auténtica asociación. También lanzamos la "Iniciativa de Cooperación de Estambul" para ofrecer cooperación práctica en materia de seguridad a países del gran Oriente Medio. Varios miembros del Consejo de Cooperación del Golfo ya han expresado interés en colaborar con la OTAN, por lo que ha sido un buen comienzo.

La cumbre de la OTAN en Estambul fue una firme demostración de un atlantismo que aborda los imperativos del presente y del futuro y está preparado para afrontar las amenazas a la seguridad dondequiera que surjan. La cumbre concedió a la OTAN más medios militares y políticos para proyectar la estabilidad donde haga falta. Lo más importante de todo es que la cumbre reafirmó el papel de la comunidad transatlántica de naciones democráticas y valores compartidos sigue siendo la fuerza más poderosa para determinar nuestro futuro.

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Jaap de Hoop Scheffer is Secretary General of NATO.