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Salvando al pecador griego

MUNICH – La actual debilidad del euro tiene un culpable: Grecia. El último déficit de cuenta corriente de Grecia, que representó el 14% del PBI, fue el mayor entre los países de la zona del euro después de Chipre. Su relación deuda-PBI era de 113% a fines de 2009. En vista de que la proyección del déficit para este año es que supere el 12% de un PBI que se contrae, la relación deuda-PBI aumentará por sobre el 125% para fines de 2010, el nivel más alto en la zona del euro.

La reacción de los inversores ha sido intentar abandonar el euro y, sobre todo, mantenerse alejados de la deuda del gobierno griego. Grecia tuvo que ofrecerles tasas de interés cada vez más altas para retenerlos. En enero, la prima de interés era de 2,73 puntos porcentuales en relación a la deuda pública alemana. Si esta prima prevalece, Grecia tendrá que pagar 7.400 millones de euros más en intereses por año sobre su deuda de 271.000 millones de euros que tendría que pagar a la tasa alemana.

El problema no es sólo la prima en sí misma, sino el riesgo inminente de que Grecia no pueda encontrar los 53.000 millones de euros que necesita para pagar su deuda con vencimiento en 2010, mucho menos los estimados 30.000 millones de euros adicionales para financiar la nueva deuda resultante de su déficit presupuestario proyectado.

El desastre griego fue posible porque su gobierno engañó a sus socios europeos durante años con estadísticas falsas. Para poder calificar al euro, el gobierno griego aseguró que su déficit presupuestario representaba el 1,8% del PBI en 1999 –muy por debajo del límite del 3% del PBI establecido por el Tratado de Maastricht.

Esa cifra, ahora nos enteramos, no tenía anclaje en la realidad. Después de que se habían impreso y distribuido billetes de euros con motivos griegos, Eurostat, la agencia de estadísticas de Europa, informó que el déficit de Grecia, en realidad, había sido del 3,3% del PBI en 1999. Aún así, la cifra revisada también era excesivamente generosa, y Eurostat más tarde la retiró.

Hoy, no se cuenta con ninguna cifra oficial sobre el déficit presupuestario en 1999, el año en el que la UE basó su decisión sobre el ingreso de Grecia. Los informes emitidos por Grecia en 2009 fueron igualmente engañosos y saltaron del 5% del PBI al 12,7% después de que Eurostat hiciera una mirada más exhaustiva.

Por cierto, las cifras oficiales eran tan poco confiables que Eurostat se sintió obligada a expresar “reservas sobre los datos revelados por Grecia debido a dudas significativas respecto de las cifras dadas a conocer por las autoridades estadísticas griegas” –una dura reprimenda en jerga burocrática-. De manera que lo que Grecia obtuvo exactamente es lo que buscaba evitar con sus datos dudosos: el incremento de los diferenciales de tasas de interés para los bonos estatales griegos.

Esta argucia les permitió a los griegos tener varios años de bonanza. Desde que Grecia ingresó a la eurozona en 2001, los gastos en asistencia social aumentaron a una tasa anual que era 3,6 puntos porcentuales superior a la del crecimiento del PBI. De acuerdo con estadísticas de la OCDE, las pensiones en Grecia, cobrables después de apenas 15 años de trabajo, llegan a un increíble 111% de los ingresos netos promedio. Por el contrario, en Alemania el nivel de pensión promedio es de aproximadamente 61% de los ingresos netos promedio para la gente que ha trabajado al menos 35 años. El intento griego de crear una tierra prometida mediante una toma de préstamo excesiva es espeluznante.

Si no recibe apoyo desde el exterior, Grecia tendrá que anunciar una moratoria formal de la deuda, declarando así que sólo cumplirá con parte de su deuda, como hicieron México y Brasil en 1982 y Alemania en 1923 y 1948.

Sin embargo, los otros países de la zona del euro no permitirán que Grecia se hunda, porque temen un efecto dominó similar al que se desató entre los bancos como consecuencia del colapso de Lehman Brothers en 2008. Si Grecia estalla, los inversores de todo el mundo perderían su confianza en la estabilidad de los miembros más débiles de la eurozona, principalmente Irlanda, pero también Portugal, Italia y España.

Si estos países se volvieran insolventes y recortaran el gasto, es probable que se produjera una nueva recesión mundial. Por supuesto, los países de la UE podrían dejar a Grecia a merced del Fondo Monetario Internacional, que está dispuesto a ayudar y está en condiciones de hacerlo –siempre y cuando el gobierno implemente un estricto programa de austeridad-. Pero muchos políticos de la zona del euro consideran que recurrir al FMI es una señal de debilidad y prefieren que sus propios países carguen con la deuda.  

Otra razón por la que la ayuda probablemente provenga de los países de la eurozona es que, de todas maneras, ellos tendrían que hacerse cargo de una porción sustancial de las pérdidas griegas. La deuda pública de Grecia estaba colocada en su propio sistema bancario, que está endeudado con el Banco Central Europeo mediante la emisión de euros. Si el estado griego quiebra, también lo harán los bancos griegos, y el BCE tendría que renunciar a iniciarles reclamos, asumiendo un costo de aproximadamente 6.000 millones de euros. Como el BCE pertenece a todos los países del euro, ellos asumirían la pérdida.

Ayudar a Grecia es algo más fácil de decir que de hacer, ya que la Unión Europea no tiene ningún mandato para tomar una medida de estas características. Por el contrario, el Artículo 125 del Tratado de Maastricht excluye explícitamente los rescates, con el argumento de que ni la Unión ni sus estados miembro son responsables de los compromisos de los gobiernos de la UE. De hecho, algunos países insistieron en la cláusula de no rescate como condición de su participación en el euro, por miedo a que los países deudores de Europa pudieran, por votación mayoritaria, expropiar a los países más prósperos, generando así un efecto de riesgo moral que socavaría la estabilidad de la UE.

Esa preocupación hoy sigue siendo válida. Por lo tanto, sólo la ayuda bilateral parece posible, tal vez coordinada por la UE y combinada con una fuerte supervisión del presupuesto griego y de la oficina de estadísticas de Grecia. La oficina de estadísticas griega ya ha sido escindida del gobierno, y Eurostat tendrá derecho a supervisar las estadísticas oficiales de Grecia de manera directa.

De la misma manera, Grecia perderá su soberanía en la medida en que la UE ahora controlará directamente todas las decisiones relevantes para el presupuesto que tome el gobierno griego. Esta primavera (boreal), antes de que se lancen las primeras grandes emisiones de nueva deuda griega, el mundo verá qué solución ha elegido Europa.

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