Wednesday, November 26, 2014
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Sarkozy en el ocaso

PARÍS – Y el próximo Presidente será… el candidato del Partido Socialista, François Hollande. Hace un mes, cualquier predicción formulada con semejante certeza habría parecido imprudente, si no absurda. Predomínaba la incertidumbre. Cuatro candidatos dominaban la competición y nadie se habría atrevido a predecir qué par de ellos pasaría al desempate de la segunda vuelta. De hecho, la carrera parecía más abierta que ninguna de las de memoria reciente.

De repente algo ocurrió: no un acontecimiento en sí mismo (si bien comenzó con la primera gran concentración pública de Hollande a mediados de enero), sino algo que puede parecer un proceso irresistible y que se puede resumir así: una mayoría de los franceses quieren castigar a un Presidente que ha dejado de caerles en gracia.

Podrían no haberse atrevido a hacerlo, si no hubieran encontrado una opción substitutiva bastante creíble. Al parecer más sólido y decidido de lo que la mayoría de los franceses pensaban, ha brindado una voz (y una cara) a un deseo generalizado de rechazar al presidente saliente, Nicolas Sarkozy.

Con esto no quiero decir que Hollande sea carismático. Al contrario, aún persisten dudas sobre su seriedad, por no hablar de las profundas preocupaciones por el realismo o la sensatez de su programa, pero, a diferencia de su antigua compañera, Ségolène Royal, que disputó a Sarkozy la presidencia en 2007, parece “real”.

En adelante, la campaña parece destinada a trasformarse en un clásico combate entre la izquierda y la derecha, pero con una importante diferencia entre las estrategias de los dos candidatos principales. Hollande quiere convertir las elecciones presidenciales en un referéndum sobre Sarkozy, quien, en vista de su impopularidad, está intentando centrar la batalla en los valores y la experiencia.

De hecho, la esencia del mensaje para la campaña de Sarkozy ha pasado a ser: “Puede que yo no os guste personalmente (por cierto, que os equivocaríais, porque no soy como me veis y mi experiencia en el poder me ha transformado profundamente), pero apoyáis mis valores conservadores, porque representan lo que de verdad pensáis. En un mundo que está cambiando tan rápida y brutalmente, necesitáis estabilidad y seguridad. Yo puedo dároslas”.

Al subrayar la división ideológica entre Hollande y él, Sarkozy se va viendo abocado a cortejar, más a las claras que nunca, al electorado de extrema derecha del Frente Nacional de Marine Le Pen, como si tuviera la sensación de que esta última podría no encontrar suficientes firmas para presentar su candidatura. Esa estrategia puede tener sentido en la primera vuelta, pero, al atraerse a los votantes de derechas en la primera vuelta, Sarkozy podría perder el apoyo de los votantes centristas en el desempate. Éstos podrían estar dispuestos a votar por la “experiencia”, pero no por un “conservador cristiano” que se desvía de los valores humanistas.

En cualquier caso, podríamos sostener que los franceses se están mostrando injustos con su Presidente. Sarkozy ha tenido que afrontar unas circunstancias excepcionalmente difíciles y su ejecutoria en modo alguno es deficiente. Al comienzo de su mandato, Francia estaba al frente de la Unión Europea y demostró ser un dirigente hábil. Por haber comprendido la gravedad de la crisis económica que estalló en 2008, reaccionó rápidamente y con considerable energía. Además, ha lanzado una importante reforma del sistema de pensiones, que resultaba necesaria desde hacía mucho, y de la enseñanza superior. Al intervenir en Costa de Marfil y Libia, sus opciones fueron acertadas.

Podríamos añadir fácilmente más ejemplos semejantes. En una palabra, Sarkozy ha intentado sinceramente reformar un país profundamente paralizado y, dada la profundidad de la crisis mundial, no se puede considerarlo responsable del elevado desempleo.

No obstante, de no producirse un milagro de última hora –un grave error de Hollande que destruya su crédito o un nuevo embate de la crisis que contribuya al deseo de los votantes de una continuidad tranquilizadora en la cima–, Sarkozy parece condenado a ser el segundo Presidente de un solo mandato en la historia de la Quinta República, después de Valéry Giscard d’Estaing.

En 1981, Giscard fue derrotado en gran medida a consecuencia de la “traición” de su ex Primer Ministro, Jacques Chirac, que presentó su candidatura contra él. En 2012, nadie del bando de Sarkozy está traicionando al Presidente (quienes lo están intentando, como, por ejemplo, el ex Primer Ministro Dominique de Villepin, no han contado con apoyo). Ha sido el propio Sarkozy quien ha defraudado las esperanzas de sus partidarios y ha consolidado la hostilidad de sus oponentes.

Sarkozy hizo eso más que nada al comienzo de su presidencia y es probable que sea castigado por ello en 2012. Ha cambiado para mejor, pero sólo hasta cierto punto, y está claro que no lo suficiente para la mayoría de los franceses, que, según recientes encuestas de opinión pública, no pueden, sencillamente, soportar la idea de tenerlo en sus pantallas de televisión otros cinco años.

Naturalmente, como el ex Primer Ministro Harold Wilson solía decir, “una semana es mucho tiempo en política” y Sarkozy pasará a ser candidato oficialmente sólo esta semana. Aun así, le resultará extraordinariamente difícil, si no imposible, impedir que las próximas elecciones se conviertan en un referéndum emocional y negativo sobre su persona.

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    1. CommentedPaul A. Myers

      France, like its banks, is an undercapitalized, over-obligated economy--the advanced country disease of the early 21st century. Sarkozy, and one should stress his team, has navigated France skillfully from its position as Number 2 in Europe behind Germany.

      And that may be what is at stake in the presidential election: the ability of France to maintain credibly that number 2 spot.

      At the end of the day, a country holds on to number 2 by being productive. That means more work. Does France want to make this effort? Does Hollande understand its preeminent importance? Does he grasp how tough world markets can be?

      America is unhappy because there is not enough work; France seems to be unhappy because more work is being demanded.

      Undoubtedly a very fast education awaits someone in May.

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