Economics and Justice
¿Llevará a una Depresión el Colapso del Mercado Accionario de EEUU?
Jeffrey D. Sachs
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Los miles de millones de personas del mundo que no invierten en el mercado de valores de Estados Unidos (EEUU) están muy preocupados acerca de la severa caída de los precios accionarios del país. ¿Incitará el pinchazo del boom del mercado de valores un derrumbe de la economía estadounidense, uno que se esparcirá al resto del mundo? Esa pregunta es vital, porque muchas burbujas financieras, sin duda, han dado paso a un colapso en la producción y en el empleo.
Sólo podemos tratar de adivinar la respuesta, pero yo creo que al final EEUU escapará con sólo un modesto revés. Puede que mi optimismo parezca fuera de lugar estando en un periodo en el que el mercado de valores cae casi todos los días, y dado que a través de la historia otros países han visto cómo los colapsos accionarios incitan colapsos económicos también.
Asimismo, parece fuera de lugar dado el débil liderazgo económico de EEUU. El presidente Bush, indiferente, antepuso una reducción de impuestos para los ricos a todos los otros asuntos económicos. Es un proteccionista, no un partidario del libre comercio. Ahora tanto el presidente Bush como el vicepresidente Cheney están bajo escrutinio por posibles fechorías corporativas acontecidas cuando hacían negocios.
Entonces ¿por qué soy moderadamente optimista? Examinar las conexiones entre el mercado de valores y el resto de la economía podría explicar eso.
Durante un boom accionario, cuando las acciones se ofertan al alza debido a la fuerte confianza de los inversionistas, el mercado de valores ayuda a crear un boom económico general. Los consumidores que tienen acciones se sienten más ricos, por lo que compran más. Esos mismo consumidores piden dinero prestado en base a su riqueza bursátil para comprar nuevas casas, autos y otros artículos caros del estilo.
Además, a las compañías les resulta fácil pedir prestado o crear nuevas acciones para inversiones de capital, generando así un boom en las inversiones empresariales. Los bancos prestan dinero bajo términos fáciles a los hogares y los negocios que son dueños de acciones altamente valoradas, pues creen que la riqueza accionaria es una buena garantía. Para asegurarse "parte de la acción", los inversionistas extranjeros traen dinero al mercado.
Cuando termina un boom del mercado accionario, y los precios se colapsan, esos patrones se revierten. El consumo y la inversión caen. Los inversionistas extranjeros huyen. Se hacen más estrictos los préstamos bancarios. Estos factores resultan, en conjunto, en una reducción del ritmo económico. Lo más probable es que EEUU experimente un tanto de desaceleración, como ocurrió en la recesión ligera de los últimos dos años.
Pero hay dos fuerzas que pueden convertir una desaceleración en una recesión severa o incluso en una depresión:
La caída del mercado accionario puede llevar a una crisis bancaria total, como ocurrió en Japón, México y más recientemente en Argentina. Podría ser que durante un colapso del mercado de valores los bancos descubran que no pueden recuperar sus préstamos. Entonces los bancos podrían enfrentar la bancarrota y, por lo tanto, restringir los préstamos severamente. En casos extremos, los cuentahabientes temen por la seguridad de sus depósitos y huyen de los bancos. Tal pánico de los cuentahabientes empeora la crisis bancaria; los inversionistas extranjeros podrían huir repentinamente conforme las visiones de riqueza fácil se convierten en un pánico financiero. De pronto el país es arrojado a una crisis de balanza de pagos, en la cual no puede cubrir los pagos de sus deudas externas. Eso desestabiliza el comercio y la producción.
Mi optimismo moderado se origina en la creencia de que EEUU evitará tanto una crisis bancaria como una crisis de balanza de pagos. Lo más probable es que algunos bancos estadounidenses reporten grandes pérdidas como resultado del colapso del mercado de valores. Sí, es posible que el dólar estadounidense siga perdiendo valor. Pero ninguna de esas cosas tiene posibilidad de convertirse en una crisis total.
Los bancos de EEUU todavía parecen fuertes: bien capitalizados, razonablemente supervisados y con sólo niveles moderados de préstamos vencidos o incobrables. En cuanto a las deudas con acreedores externos, la buena noticia es que EEUU les debe dinero en dólares estadounidenses más que en otra moneda.
EEUU no "se quedará sin dólares" para cubrir sus deudas externas de la misma forma en la que Argentina o Corea se quedaron sin los dólares que necesitaban para pagarle a sus acreedores externos durante la última década. El dólar, por lo tanto, podría perder valor conforme los inversionistas huyen de EEUU, pero probablemente sin provocar una crisis más seria.
Recordemos también que EEUU puede utilizar una política monetaria expansionista para contrarrestar, al menos en parte, cualquier desaceleración que surja. La Reserva Federal puede seguir recortando las tasas de interés, si es necesario. Tales recortes de tasas de interés quizá no puedan impedir que ocurra una desaceleración, pero pueden ayudar a asegurarse contra un colapso económico total.
El más famoso derrumbe de mercado accionario que haya sido seguido por un colapso económico empezó en 1929. El mercado accionario estadounidense se hundió en octubre de 1929 y EEUU y gran parte del mundo cayeron entonces en la Gran Depresión. Pero esa famosa y desastrosa era demuestra los principios que enfatizo ahora.
La razón clave de la Gran Depresión de los años treinta no fue la caída del mercado accionario, sino el colapso del sistema bancario de EEUU que tuvo lugar entre 1930 y 1933. Puesto que en aquel entonces no había seguro de depósito en EEUU, los cuentahabientes se apanicaron cuando algunos bancos empezaron a tener fallas. Ese pánico incitó un quebranto bancario generalizado. Además, la Reserva Federal no se sentía con libertad suficiente como para expandir el suministro de capital en ese tiempo porque EEUU se adhería al patrón oro.
Mi optimismo moderado no debe ocultar mi disgusto acerca de la pobre administración económica de EEUU. Los descuidados recortes de impuestos y las políticas comerciales proteccionistas de la administración de Bush deberían ser revertidas. Los abusos corporativos necesitan ser expuestos y castigados. Pero al final, la economía estadounidense es productiva y flexible y altamente innovadora, y lo más probable es que sea suficientemente fuerte para soportar la irresponsable administración económica, pública y privada, de los años recientes.
Jeffrey D. Sachs es profesor Galen L. Stone de economía y Director del Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard.
Copyright: Project Syndicate, julio de 2002
Traducido del inglés por Martín Hernández K.
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