Quince años después del colapso y desmembramiento de la Unión Soviética, Rusia todavía se ajusta bien a la caracterización hecha por Winston Churchill de la URRS de Stalin hace casi siete décadas: “un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma.”
A lo largo de las presidencias de Boris Yeltsin en los años 90 y de Vladimir Putin, Rusia ha abierto sus puertas al comercio internacional, el turismo, los medios de comunicación y la Internet. En agudo contraste con la Unión Soviética, Rusia hoy publica gran cantidad (si bien no siempre fiable) de información económica, social y demográfica.
De entre las varias economías denominadas "de transición", la de Rusia es la segunda mayor del mundo, con un PIB que representa cerca de un quinto del de China, pero con el doble de ingreso per cápita. Sin embargo, no está claro en qué punto del espectro de significado de la palabra "transición" se encuentra Rusia. ¿Se encamina a una asignación de recursos y una toma de decisiones descentralizados e impulsados por el mercado, o centralizados y controlados por el estado? ¿O está oscilando entre ambos?
Yegor Gaidar, reputado economista de la administración Yeltsin y primera persona en ocupar el cargo de primer ministro en la Rusia poscomunista, argumenta que la transición plena de Rusia a una economía basada en el mercado probablemente demore 75 años debido a la prolongada “duración del periodo socialista y las distorsiones relacionadas con el mismo.”
Por otra parte, Estados Unidos y la Unión Europa han aceptado formalmente a Rusia como una "economía de mercado", estatus que hace menos probable que otras economías de mercado impongan barreras arancelarias "anti-dumping" u otras medidas proteccionistas a las exportaciones rusas. No obstante, el hecho de que Rusia aún no haya cumplido los requisitos para ser miembro de la Organización Mundial de Comercio sugiere que este estatus puede haber sido acordado tanto por razones políticas como económicas.
De hecho, en la actualidad existe un acalorado debate al interior de Rusia acerca de la dirección de su transición económica, que refleja los notablemente diferentes énfasis que los bandos opuestos atribuyen a las "buenas noticias" que apuntan al cambio orientado al mercado o las "malas noticias" que van en la dirección opuesta. El debate también subraya la falta de acuerdo acerca de la fiabilidad de los datos oficiales.
Desde 1991, el índice real de crecimiento del PIB ruso ha sido más del doble del promedio no ponderado de los otros miembros del G-8 (Japón, Alemania, Francia, Canadá, Italia, el Reino Unido y Estados Unidos). Durante el gobierno de Putin -desde 2000- el crecimiento anual del PIB ruso ha sido de un 6%, en comparación con el 2% del G-7, su deuda externa se ha reducido en un 50% del PIB a menos del 30%, y su deuda de $3,3 mil millones con el FMI fue pagada en 2005 antes de lo programado. De los $40 mil millones adeudados a sus acreedores del Club de París, Rusia ha pagado $15 mil millones antes de plazo, y sus reservas en moneda extranjera se han más que triplicado, a más de $250 mil millones.
Los optimistas también citan evidencia de que la cantidad de empresas privadas se ha más que duplicado en la última década, a cerca de un 80% de todas las empresas, mientras que la proporción de empresas estatales disminuyó de un 14% a menos de un 4%. De modo similar, el empleo en las empresas privadas creció en un 41%, mientras que se redujo en un 15% en las empresas privadas. De hecho, los optimistas plantean que la información oficial acerca del crecimiento del sector privado en realidad puede estar subestimando el ritmo y la dimensión del avance de Rusia hacia la propiedad privada, si se consideran los esfuerzos que hacen las empresas privadas por evitar pagar tributos, por ejemplo no registrándose o informando menos transacciones que las que realmente hacen.
Un indicador final de “buenas noticias” que refleja tanto las influencias externas (los precios del gas y el petróleo) como el curso de los acontecimientos internos, es el importante ascenso de las grandes calificadoras para la deuda soberana rusa, desde una calificación de "basura" a “calidad de inversión". Esta decisión reduce los costes de Rusia para acceder al capital extranjero e indica que los mercados tienen una confianza al menos modesta en las perspectivas de la economía.
Sin embargo, aunque hay gran cantidad de buenas noticias económicas, también hay muchas malas noticias. La inflación sigue rondando el 10% y la huida de capitales –indicador de un debilitamiento de la confianza en la economía rusa- fue de más de $9 mil millones en 2004, y aumentó todavía más en 2005.
Más aún, los pesimistas rebaten la imagen de un crecimiento del sector privado superior al de los datos oficiales. El nivel de propiedad, producción y empleo estatales en la economía rusa es hoy al menos tan alto como lo era en 2003, cuando Mikhail Khodorkovsky, director ejecutivo de la compañía petrolera Yukos, fuera arrestado y el estado se apropiara de los activos de la misma, junto con los de varias otras compañías de propiedad privada.
Es más, una pregunta clave acerca de las "buenas noticias" es hasta qué nivel se deben atribuir adecuadamente al alza de los precios del petróleo y el gas natural (y, por ende, a factores que no están bajo el control de Rusia), más que a mejores políticas económicas y medidas reformistas.
El trabajo empírico reciente realizado en la RAND Corporation, una organización de estudios sin fines de lucro, destaca la fuerte dependencia de Rusia de los combustibles fósiles. El aumento de los precios del petróleo y el gas natural explica entre un tercio y dos tercios del crecimiento de la economía en el periodo comprendido entre 1993 y 2005. La producción de gas y petróleo constituyó entre el 16% y el 20% del PIB ruso y entre un 44% y un 55% de sus ingresos totales por exportaciones desde 2004. La acumulación de reservas rusas en moneda extranjera contribuye a ilustrar esta dependencia.
¿Hacia dónde se dirige la economía rusa? ¿Hacia la asignación descentralizada de los recursos mediante mercados competitivos, o retrocederá a una toma de decisiones centrada en el estado y sus burocracias? La respuesta sigue siendo sumamente incierta. No menos incierto es lo que estos acertijos económicos implican con respecto al papel y el comportamiento de Rusia en el ámbito internacional.


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