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Diplomacia sin escrúpulos

NUEVA DELHI – “Inteligencias tan excelentes” colmadas de “ideas tan malas”. Así fue como Daniel Patrick Moynihan, ex senador de los Estados Unidos y tal vez la inteligencia más aguda dedicada a la política de los Estados Unidos después de la segunda guerra mundial, describió en cierta ocasión a la India, donde fue embajador de los EE.UU. en el decenio de 1970. Esa ingeniosa descripción de mi país es también una forma muy válida de describir el actual –y aparentemente inacabable– conflicto entre los dirigentes del Irán y de los EE.UU.

Cuando comienza una nueva ronda de negociaciones con el Irán –en las que la primera en intervenir será la Alta Representante de la Unión Europea, Catherine Ashton–, resulta urgente encontrar una forma de liberar las relaciones Irán-EE.UU de unos antecedentes tan cargados. En los dos países, un recelo profundo y mutuamente paralizante ha envenenado las relaciones durante tres decenios. En semejante atmósfera, las negociaciones están casi fatalmente condenadas al fracaso.