Friday, September 19, 2014
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Reinventando el sueño europeo

PRINCETON – La crisis del euro y el reciente Jubileo de la reina Isabel parecen no tener nada en común. En rigor de verdad, imparten en conjunto una lección importante: el poder de una narrativa positiva -y la imposibilidad de ganar si esa narrativa no existe.

Haciendo referencia al desfile fluvial y a las carreras de caballos, el historiador Simon Schama habló con la BBC sobre "pequeños botes y grandes ideas". La mejor idea fue que la monarquía de Gran Bretaña sirve para conectar el pasado del país con su futuro de maneras que trascienden el carácter insignificante y desagradable de la política cotidiana. El legado de los reyes y las reinas que se remontan a más de un milenio -el simbolismo perdurable de coronas y carrozas, y la encarnación literal del estado inglés, hoy estado británico- une a los británicos en un viaje común.

Los cínicos podrían decir que se trata de la antigua rutina de pan y circo. Pero el punto es fijar los ojos y los corazones en una narrativa de esperanza y determinación -para subirle el ánimo a la población, más que para distraerla-. ¿Se supone realmente que los griegos, los españoles, los portugueses y otros europeos deben abrazar un programa de austeridad que les fue impuesto porque el criterio prevaleciente en Alemania y otros países del norte los considera derrochadores y vagos? Esas son palabras combativas, que crean resentimiento y división justo cuando más se necesita estar unido y repartir la carga.

Grecia, en particular, hoy necesita una manera de conectar su pasado con su futuro, pero no hay ninguna monarquía a la vista. Y, por ser la cuna de la primera democracia del mundo, Grecia necesita otros símbolos de renovación nacional que cetros y togas. Es a través de Homero que prácticamente todos los lectores occidentales se adentran por primera vez en el mundo mediterráneo: sus islas y sus playas y sus pueblos, entrelazados por la diplomacia, el comercio, el matrimonio, el petróleo, el vino  y los grandes barcos. Grecia una vez más podría ser un pilar de este mundo, si utiliza su crisis actual para diseñar un futuro nuevo.   

Esta visión es más plausible de lo que uno podría pensar. Se estima que los campos de gas natural en el este del Mediterráneo almacenan hasta 122 billones de pies cúbicos, lo suficiente para abastecer a todo el mundo por un año. En el Mar Egeo y en el Mar Jónico, frente a las costas griegas, hay más campos de gas y de petróleo que alcanzarían para transformar las finanzas de Grecia y de toda la región. Israel y Chipre están planeando una exploración conjunta; Israel y Grecia están analizando la posibilidad de un oleoducto; Turquía y el Líbano están evaluando las posibilidades; y Egipto está planeando una exploración bajo licencia.

Sin embargo, la política, como siempre, interviene. Todos los países involucrados tienen disputas marítimas y desacuerdos políticos. Los turcos están trabajando con Chipre del Norte, cuya independencia sólo ellos reconocen, y regularmente hacen ruidos amenazadores sobre una perforación de Israel con el gobierno chipriota griego de la República de Chipre. Los chipriotas griegos regularmente tienen a la UE de rehén sobre cualquier negociación con Turquía, al igual que Grecia. Los turcos no dejan entrar a los barcos chipriotas a sus puertos y no se han sentado a la mesa de negociaciones con los israelíes desde que nueve ciudadanos turcos fueron asesinados en un barco que intentó romper el bloqueo de Gaza por parte de Israel. El Líbano e Israel no tienen relaciones diplomáticas.  


En resumidas cuentas, las riquezas, los empleos y el desarrollo que beneficiarían a todos los países de la región como consecuencia de una explotación energética responsable bien pueden verse bloqueados por la insistencia de cada uno de ellos de obtener lo que considera una parte justa del acuerdo y negarles el acceso a sus enemigos.

La visión de una Comunidad Energética Mediterránea, en consecuencia, parece destinada a seguir siendo un sueño imposible. Sin embargo, en julio se celebrará el 60 aniversario de la ratificación del Tratado de París, que estableció la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) entre Francia, Alemania, Italia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo sólo seis años después del fin de la Segunda Guerra Mundial. Durante los 70 años anteriores, Alemania y Francia habían peleado entre sí en tres guerras devastadoras, dos de las cuales, las dos últimas, arruinaron las economías de Europa y diezmaron a su población.

La sospecha y el odio mutuos de estos países no eran menos amargos o menos arraigados que los que afligen a los países del este del Mediterráneo. Sin embargo, el ministro de Relaciones Exteriores francés Robert Schuman, con la asistencia de su asesor Jean Monnet, anunciaron un plan para la CECA en 1950, sólo cinco años después de que las tropas alemanas se habían restirado de París, con el objetivo de "hacer que la guerra no sólo fuera impensable sino materialmente imposible". Schuman propuso poner la producción de carbón y acero franco-alemana bajo una Alta Autoridad común, impidiendo así que un bando utilizara las materias primas de la guerra contra el otro, y alimentando una economía industrial común. La CECA se convirtió en el núcleo de la Unión Europea de hoy.

La UE hoy está contra las cuerdas, pero unas pocas medidas concretas por parte de los líderes europeos bastarían para abrir las puertas a una diplomacia igualmente audaz que pudiera restablecer las economías de la UE y del Mediterráneo y transformar la política energética de Europa y Asia. Si el Parlamento Europeo y el Consejo Europeo tomaran medidas para que el comercio directo de la UE con Chipre del Norte fuera objeto de una votación mayoritaria calificada en lugar de un consenso (y por lo tanto un veto por parte de Chipre), la UE podría comenzar a hacer negocios con Chipre del Norte, y Turquía podría entablar relaciones comerciales con Chipre en general. Estas medidas podrían, a su vez, conducir a una sociedad energética turca, chipriota y griega que ofrecería incentivos positivos para una reconciliación turco-israelí.

El Plan Schuman demoró dos años en cristalizarse y una década en implementarse. Pero les ofreció a los europeos desgarrados por la guerra y desesperanzadamente pobres una visión positiva de un nuevo futuro, algo que Grecia y Chipre, para no mencionar a los países de Oriente Medio y el norte de Africa, necesitan desesperadamente. Los líderes de Europa no superarán esta crisis aquejando a sus ciudadanos con demandas sombrías de austeridad. Deben tomar medidas concretas en las que Grecia sea un socio pleno y en igualdad de condiciones, a fin de crear una visión de recompensa real de una UE rejuvenecida.

La UE no tiene una reina Isabel. Lo que necesita es otro Schuman y otro Monnet.

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  1. CommentedAndré Rebentisch

    "Are Greeks... really supposed to embrace an austerity program imposed on them.." - What is so difficult to get when financial markets grant bonds junk status? "Carrots without stick" would be irresponsible for all sides, as is biting the hand that still feeds.

  2. CommentedGary Techentien

    This lady of Princeton, this former Director of Policy Planning for the Department of State at the Obama White House, writes blithely of how the traditions of a thousand year monarchy in Britain as manifested in the Queen’s recent Jubilee enables the people of Britain to form a vision of the future and to, as she puts it, “fix eyes and hearts on a narrative of hope and purpose – to uplift, rather than distract.” Without belaboring the point that, from where I sit, parties like the Queen’s Jubilee are very much intended to distract every bit as much as they are meant to uplift, Professor Slaughter gives the illustration to reinforce the point that to lack such a positive narrative, makes “winning” impossible. She doesn’t say what kind of winning she’s talking about, although I find her choice of operative verb to be intriguing. She chooses “winning” instead of, say, “advancing” “developing” “becoming” “building” or “succeeding”. More on the curious word choice later.

    The upshot on her characterization of the Queen’s party as inspirational is that not only does she choose not to call it the obvious propaganda that it is, she writes as if oblivious of the fact that she is invoking a symbol of empire. It never apparently occurs to her that the august monarchy she sees as providing that “uplifting…positive narrative” was—particularly during the years of empire from the late 15th through the mid 20th centuries—wont to beat untold wealth out of its colonial possessions like a brute master beating work out of a listless slave, while on the home front, the people wearing those very crown jewels and riding in those very carriages Professor Slaughter extols colluded with their captains of industry to ruthlessly exploit the labor of the lower classes throughout the dark and smoke palled industrial revolution. By pointing this out I don’t mean to contend that the British people didn’t wind up loving their monarchy. They did and do, the damn fools. So yes, I appear to be one of those cynics Professor Slaughter anticipated might call the Queen’s Jubilee the “old bread-and-circuses routine.”

    I don’t think she’s so naïve as to think the Queen’s party wasn’t propaganda. But I do understand why she doesn’t want to seem so cynical herself. She’s held an important office in the U.S. empire and so she must not mention such things if she wishes to retain her privileged position.

    Still, she says something that it seems might get her into hot water with her official connections at State. She asks, “are Greeks, Spaniards, Portuguese, and other Europeans really supposed to embrace an austerity program imposed on them because prevailing wisdom in Germany and other northern countries considers them profligate and lazy?” This is a radical thought because, as the Germans are quick to point out, the Greeks, Spaniards, Portuguese and others borrowed the money and they need to pay it back and the interest too. Hence, Professor Slaughter’s statement seems a little rad for two reasons: First, she thinks the obligation to pay arises from how the Germans see the southerners as profligate and lazy; second, she thinks the debt ought to be forgiven for that reason. If you’ll pardon me, her take on this seems a little naïve, maybe even a little disingenuous. The German cultural impressions of the debtor countries is irrelevant to what the German's see as the duty of those countries to pay and the debt ought to be forgiven because to enforce its payment would press the debtor countries into too much misery.

    Next Professor Slaughter gets to the point of her article: the Greeks, Turks and Cypriots could all get a mojo going for the future if they got together and developed their common offshore natural gas reserves. The upshot is that these countries could all profit if they’d find some way, through good faith and diplomacy, to work together in their common interest, and who can disagree with that? Not me.

    Still, the essay bugs me. From its tortured imagery through its obliviousness to presence of EMPIRE in everything it discusses to the choice of the word “winning” to describe what the article assumes in the opening paragraph we all want to do. The type of international cooperation the article suggests is essentially the process of working together toward a common good, which I like, and yet Professor Slaughter chooses to characterize that process by applying the word “winning” to it.

    What is being won? A positive outcome. If such an outcome were to happen, wouldn’t the process really be more one of a building, a creating, a crafting? While the word “win” now is often used as a kind of synonym for things like creating, building or crafting something in the sense that the thing created was won from alternative outcomes that were not so positive, it nonetheless has its roots in contests where entities compete and some win while others lose. Professor Slaughter paints a scenario of Greek-Turkish-Cypriot gas development as a win-win situation, although she ignores the obvious environmental costs of extracting and consuming any fossil fuel.

    I can’t help but be made uncomfortable by our culture’s overweening worship of the idea of “winning” and of Professor Slaughter’s use of it in this essay when there were other better words available. It says something about what the deeper problem is in our society, that we compete too much, that we preserve the perquisites of the winner and, to greater or lesser degrees, ignore the difficulties that result to the loser. As a result of that, we get wealth flowing like rivers to the top of our hierarchical society while the lower levels grow pale and anemic.

    Professor Slaughter occupies a position high in the hierarchy, close to the headwaters of power. And yet, she would forgive the Greek and Spanish debt. She probably wouldn't be making statements like that if she were still at State. But maybe so. It’s enough to suggest some hope.

  3. CommentedProcyon Mukherjee

    A brilliant article and the reference to building partnerships as opposed to playing the same 'austerity' melody harmonized by a 'bail-out' movement looming at large.

    Eastern Coal and Steel Community and the vision of the Mediterranean Energy Community have a lot in common and deference, but a lot to differ as well. The stumbling block for this to succeed, is the lack of vision itself and common sense, which is left in the lurch, for good reason that only time will tell.

    The success of ECSC happened at a time when the world of finance and bond markets had not taken shape and speculation was yet to take root in the annals of forex transactions or even the word 'GDP' was unknown in common language; leadership brought down barriers, whether in trade or in homes and the rules of the market was not hijacked by the powerful for an uncommon good.

    A brilliant attempt to recast our thoughts.

    Procyon Mukherjee

  4. CommentedZsolt Hermann

    Although I do not think the British monarchy works the way the writer describes, this historical connection probably working for a day or two around celebrations, or soccer World Cups, but I agree with her conclusion that only positive motivation is capable of providing people with the drive that is sustainable, requires no trickery or coercion.
    Moreover the motivation has to come from ground up, and not top down as before, in the forms of "great speeches", great leaders urging their masses into something, but we need a motivation everybody understands, feels, and lives through.
    Otherwise it will not work, but we will continue stumbling from crisis to crisis.
    And such positive, general motivation could unite people and drive them to build a fundamentally different human system, that is moving away from excessive consumerism, making decision only based on self calculation, self profit, where people become capable of considering the whole above the fragmented, polarized details, above individual priorities.
    So what can give us such motivation?
    A global, integral education/information sharing program for all, helping all of us understand that the system we evolved into, this global, interconnected network, where a small change on one end of the globe shakes the whole as one, and that we live on top of finite resources and within a fragile natural system, so based on the general understanding with our undisputed talent and ingenuity we could build our new structure that adapts to our 21st century conditions.

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