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Reinventar la economía

NEW HAVEN-  El fracaso generalizado de los economistas para prever la crisis financiera que estalló en 2008 está muy relacionado con los modelos defectuosos.  La falta de modelos acertados significó que los responsables del diseño de las políticas económicas y los banqueros centrales no tuvieron una advertencia de lo que iba a pasar.

Como señalamos George Akerlof y yo en nuestra reciente publicación, Animal Spirits , la actual crisis financiera fue originada por burbujas en los mercados de la vivienda, bursátil y de energía, así como en otros mercados de materias primas. Las burbujas las causan los circuitos de retroalimentación: el aumento de los precios especulativos fomenta el optimismo, lo que alienta a comprar más, y de ahí que haya más incrementos de los precios especulativos –hasta que se da la quiebra.

Sin embargo, no encontrará la palabra “burbuja” en la mayoría de los tratados o libros de economía. Del mismo modo, una búsqueda en los documentos de trabajo realizados en años recientes por los bancos centrales y departamentos de economía arroja pocos ejemplos en los que siquiera se menciona la palabra “burbuja.” En efecto, la idea de que existen las burbujas se ha vuelto tan vergonzosa en muchas de las profesiones de la economía y las finanzas que hablar de ellas en un seminario de economía es como hablar de la astrología en un grupo de astrónomos.

El problema fundamental es que una generación de los teóricos principales de la macroeconomía ha aceptado una teoría que tiene un error en su misma base: el axioma de que las personas son completamente racionales. Y como lo mostrara el estadístico Leonard “Jimmie” Savage en 1954, si las personas siguieran ciertos axiomas de racionalidad, actuarían como si conocieran todas las probabilidades e hicieran todos los cálculos apropiados.

Entonces, los economistas asumen que las personas en efecto utilizan toda la información públicamente disponible y conocen, o se comportan como si conocieran, las probabilidades de todos los eventos imaginables futuros. No están influenciados por nada salvo los hechos, y las probabilidades se toman por hechos. Actualizan estas probabilidades tan pronto está disponible nueva información, y por tanto cualquier cambio en su conducta debe atribuirse a la respuesta racional a la información realmente nueva. Y si los actores económicos siempre son racionales, entonces las burbujas –respuestas irracionales de los mercados- no se permiten.

Sin embargo, las abundantes  evidencias psicológicas ahora han mostrado que las personas no cumplen los axiomas de racionalidad de Savage. Este es el elemento central de la revolución económica conductista que desde hace una década más o menos ha empezado a permear la economía.

De hecho, las personas casi nunca saben las probabilidades de los eventos económicos futuros. Viven en un mundo en el que las decisiones económicas son esencialmente ambiguas porque el futuro no parece ser una mera repetición de un pasado cuantificable. Para mucha gente siempre parece que “esta vez es diferente.”.

El trabajo de los neurocientíficos Scott Huettel y Michael Platt ha demostrado mediante experimentos funcionales de resonancias magnéticas que “la toma de decisiones en un contexto incierto no representa un caso especial más complejo de toma de decisiones riesgosas, en cambio, estas dos formas de incertidumbre se apoyan en  mecanismos distintos”. En otras palabras, diferentes partes del cerebro y circuitos emocionales participan cuando está presente la incertidumbre.

El economista-matemático, Donald J. Brown y  la psicóloga, Laurie R. Santos, los dos de la Universidad de Yale, están realizando experimentos con seres humanos para tratar de entender cómo varia en el tiempo la tolerancia humana a la toma de decisiones económicas en un contexto incierto. Su teoría dice que “los mercados alcistas están caracterizados por una conducta que busca la ambigüedad, y los mercados bajistas por una que la evita.” Estas conductas son aspectos de una confianza cambiante, que apenas estamos empezando a entender.

Con seguridad, la teoría puramente racional es útil para muchas cosas. Se puede aplicar con cuidado en áreas en las que las consecuencias del no cumplimiento del axioma de Savage no sean muy serias. Los economistas también han hecho bien en aplicar la teoría de Savage a una variedad de asuntos microeconómicos, como por ejemplo, para saber por qué los monopolios fijan precios más elevados.

Sin embargo, la teoría se ha desbordado. Por ejemplo, el “Modelo de Equilibrio General Dinámico y Estocástico de la eurozona”, creado por Frank Smets del Banco Central Europeo, y Raf Wouters del Banco Nacional de Bélgica, funciona muy bien para dar una lista precisa de las sacudidas externas que se presume impulsan la economía. Pero, las burbujas no están modeladas en ningún lado: se presume que la economía no hace nada más que responder de una forma totalmente racional a estas sacudidas externas.

Milton Friedman (el mentor y coautor de Savage) y Anna J. Schwartz, mostraron en su libro de 1963, A Monetary History of the United States , que las anomalías de la política monetaria –un ejemplo típico de una sacudida externa- fueron un factor importante en la Gran Depresión de los años treinta. Los economistas como Barry Eichengreen, Jeffrey Sachs y Ben Bernanke nos han ayudado a entender que dichas anomalías fueron el resultado del esfuerzo individual de los bancos centrales para seguir con el patrón oro, haciendo que las tasas de interés se mantuvieran relativamente altas a pesar de la falta de dinamismo económico.

Para algunos, esta revelación representó un evento culminante para la teoría económica. Se había explicado la peor crisis económica del siglo XX –y se había sugerido una manera de corregirla- usando una teoría que no dependía de las burbujas.

Con todo, los sucesos como la Gran Depresión, así como la crisis reciente, nunca se entenderán del todo sin entender las burbujas. El hecho de que los errores de la política monetaria fueran una causa importante de la Gran Depresión no quiere decir que entendamos completamente esa crisis, o que otras crisis (incluida la actual) encajen en ese molde.

De hecho, el fracaso de los modelos de los economistas para prever la crisis actual marcará el inicio de su revisión. Ello sucederá a medida que los economistas reorienten sus esfuerzos de investigación y escuchen a científicos con diferentes conocimientos. Sólo entonces las autoridades monetarias entenderán mejor cuándo y cómo las burbujas pueden hacer descarrilar el tren de una economía, y qué se puede hacer para evitar ese resultado.

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