Exit from comment view mode. Click to hide this space
Email | Print

La reforma de las Naciones Unidas

Las Naciones Unidas se encuentran inmersas en una crisis grave y duradera y que no desaparecerá mientras no se entiendan sus causas y se reforme esa organización. Pero una forma nueva de corrección política está dificultando la reforma.

Una causa importante de la crisis de las Naciones Unidas es el cambio en la situación internacional después de la desaparición de la Unión Soviética y la proliferación de lo que yo llamo ``Estados incompetentes''. Muchos países que lograron la independencia gracias a los movimientos de liberación nacional del período comprendido entre 1940 y 2000 han resultado incapaces de crear unas condiciones de vida normal dentro de sus territorios. En la era de la mundialización, también se van quedando cada vez más desesperanzadamente rezagados respecto de los Estados desarrollados.

Además, muchos de esos regímenes son, sencillamente, ineficaces y en un futuro previsible se desplomarán o cambiarán espectacularmente, cosa que originará una inestabilidad política y militar duradera en grandes zonas de África, del Oriente Medio, del Asia central y meridional y varias antiguas repúblicas soviéticas.

El surgimiento de Estados incompetentes plantea enormes amenazas: proliferación de armas de destrucción en gran escala, terrorismo, luchas religiosas y étnicas, disputas por los recursos naturales, oleadas migratorias, tráfico de drogas y deterioro del medio ambiente.

Semejantes Estados ponen en entredicho nuestra actitud tradicional para con la soberanía nacional. Tolerarlos, como se ha hecho hasta hace poco, resulta cada vez más peligroso. La actitud políticamente correcta de afirmar el derecho de cada una de las naciones a la libre determinación, incluida la creación de un Estado independiente, propicia la aparición de más regímenes incompetentes

De hecho, los regímenes incompetentes constituyen ahora casi una mayoría en las Naciones Unidas, lo que, a juicio de muchos en el mundo desarrollado, socava la legitimidad moral de esa organización. Además, perjudica la capacidad de las Naciones Unidas para abordar los problemas más importantes de la situación internacional actual.

La segunda causa profunda de la crisis de las Naciones Unidas es la de que los Estados Unidos ya no están interesados en observar las antiguas normas de las relaciones internacionales. De hecho, la condición de superpotencia de los Estados Unidos hace que resulte cada vez más desfavorable para sus dirigentes respetar unas normas que, si bien fueron violadas repetidas veces en el pasado, ahora impiden, a su juicio, a los Estados Unidos desempeñar un nuevo papel en los asuntos internacionales.

El nuevo papel concebido por los Estados Unidos está estrechamente vinculado con la profunda desestabilización propiciada por la proliferación de Estados incompetentes. De hecho, los Estados Unidos están deseosos desde hace tiempo de ``establecer el orden'' en el mundo y modernizar los regímenes particularmente conflictivos de regiones sumamente estratégicas del mundo. En el Oriente Medio y en el Asia central esa política parece haber cobrado a veces un predominio comparable al de la antigua doctrina de la disuasión desplegada contra la Unión Soviética y sus aliados comunistas.

El deseo de contrarrestar esa desestabilización y consolidar su condición de superpotencia fue la razón primordial para las acciones de los Estados Unidos en el Iraq. El mundo podría no apoyar a los Estados Unidos en sus intentos unilaterales de llegar a ser el policía del mundo, en particular porque pueden crear más inestabilidad. No obstante, es importante comprender por qué hacen los Estados Unidos dichos intentos y también que éstos responden a un problema fundamental del orden internacional actual.

Si Rusia y los demás países que se opusieron en el Consejo de Seguridad a la política de los Estados Unidos en el Iraq querían de verdad convencer a los Estados Unidos para que no atacaran al Iraq y defendiesen el derecho internacional, se trataba de una política ingenua y condenada al fracaso. Si lo que pretendíamos era preservar el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y la posición de los miembros permanentes actuales, lo más probable era que esas acciones tuviesen el efecto opuesto.

Asimismo, las gestiones en la retaguardia para demostrar que la posición de quienes se oponían a la guerra era la correcta y la de los americanos y los británicos la equivocada, junto con las exigencias de ``pruebas'' de que el Iraq poseía armas de destrucción en gran escala, no son constructivas y sólo sirven para causar una irritación mutua. No se puede preservar y reformar a las Naciones Unidas sin la cooperación de los Estados Unidos, por consternador que ello resulte para algunos.

Al convertir a las Naciones Unidas en un instrumento de lucha contra los Estados Unidos, sólo se conseguirá debilitarlas o anularlas totalmente. Lo que hace falta es una reforma que responda al orden internacional actual y actualice la organización cada vez más obsoleta y preterida del derecho internacional en función de las realidades políticas y económicas actuales.

La reestructuración debe comenzar con el Consejo de Seguridad, cuyo mandato de 1945 ha dejado de ser viable. La solución más evidente es la de aumentar el número de miembros permanentes de cinco a ocho o nueve (incluidos Alemania, el Japón, la India y posiblemente el Brasil) y cambiar las normas de votación a fin de que, para bloquear una acción, sean necesarios dos o tres miembros permanentes, en lugar de uno.

Pero no es probable que las Naciones Unidas se reformen a sí mismas desde dentro. Una forma mejor de brindar el impulso necesario para ello sería la de institucionalizar el G-8 y concederle funciones ejecutivas. Si, como es probable, el aumento del número de miembros permanentes del Consejo de Seguridad no cuenta con el apoyo suficiente, los países desarrollados deben volver a examinar la idea -que lleva varios años circulando por los círculos de quienes tienen que ver con las políticas exteriores- de crear una nueva organización a partir del G-8 (pero incluyendo a China y a la India) para contrarrestar las nuevas amenazas a la seguridad mundial.

Esas propuestas podrían estimular una reforma más profunda de las propias Naciones Unidas. En cualquier caso, una cosa parece segura: de no haber una revisión radical, las Naciones Unidas pueden seguir rápidamente los pasos de otros restos institucionales de la guerra fría, como, por ejemplo, la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa y la OTAN.

Reprinting material from this Web site without written consent from Project Syndicate is a violation of international copyright law. To secure permission, please contact us.

Exit from comment view mode. Click to hide this space

Comments (0)

You need to login in order to leave a comment. If you do not yet have an account, please register.

Show comments of
close

The two commenting options explained

Watch a 1 minute video
to discover how you can comment on the entire article or a specific paragraph. The two images below also explain the two ways of commenting.

1) Entire article comment
Once logged in, simply click inside the comment box where it says "Enter text here." Enter and post your comment.

2) Paragraph comment
Please log in first. Then click to the left of the desired paragraph. Your cursor will automatically move to the comments box. Enter and post your comment.

Top Project Syndicate commentaries

Email this article

Your name is required.

Your email is required.


Your friend's name is required.

Your friend's email is required.


A message is required.