NEW HAVEN – El economista jefe del Fondo Monetario Internacional, Olivier Blanchard, y varios economistas del FMI han propuesto en un documento reciente que los gobiernos ofrezcan lo que llaman un “seguro contra la recesión”. Las empresas o las personas o ambos comprarían pólizas de seguros, pagarían una prima periódica por ellas y recibirían una indemnización, si alguna variable de la economía, como, por ejemplo, el crecimiento del PIB, descendiera por debajo de un nivel determinado. Sostienen que semejante seguro ayudaría a las empresas y a las personas a afrontar la “extraordinaria incertidumbre” de la situación económica actual.
El seguro contra la recesión podría contribuir, en efecto, a aliviar la crisis económica al reducir la incertidumbre. Al fin y al cabo, el problema real que actualmente afrontamos es el de una parálisis: la incertidumbre ha mantenido en suspenso muchas decisiones de gasto por parte de las empresas (sobre una producción mayor) y por parte de los consumidores (sobre los artículos que las empresas producen). La reducción de la incertidumbre podría aumentar los programas de estímulo fiscal o incluso ser superior a ellos, pues abordaría la causa primordial de la falta de disposición a gastar.
Además, el seguro contra la recesión podría no imponer –en contraste con la política fiscal– costos al Estado, pues, si estimula la confianza, se previene el riesgo contra el que se estará asegurado. La capacidad gubernamental para ofrecer semejante seguro en una escala suficiente para que no resulte oneroso es una razón para mostrarse a favor de un plan público y no de aseguradores privados.
Blanchard y sus colegas señalan que los bancos podrían poner como condición a las empresas para concederles préstamos la subscrición de seguros contra la recesión, lo que tal vez permitiría a los mercados crediticios funcionar mejor y se abordaría un grave problema subyacente a la crisis actual. Dicen que con ello se crearía “una visión de la producción futura basada en el mercado y de la probabilidad de crisis graves”, lo que resulta muy interesante, aunque no explican cómo estaría estructurado dicho mercado.
De hecho, no existe un mercado para otros tipos de seguros relacionados con la recesión y facilitados por el Estado, como, por ejemplo, el seguro de desempleo, el de vejez o el de invalidez. Por eso, el Estado se limita a fijar una prima de seguro y obliga a todo el mundo a pagarla.
Los autores del FMI no dicen que los gobiernos deberían hacer eso con un seguro contra la recesión, por lo que tal vez quieran decir que los gobiernos subastarían las pólizas, lo que crearía un precio de mercado, pero éste dependería en particular de cuántos seguros decidiera subastar un gobierno, porque la oferta influiría en el precio tanto directamente como mediante el efecto del seguro en los riesgos de recesión subyacentes.
Los gobiernos están en buenas condiciones para formular nuevas políticas de gestión de riesgos y después pueden sentar un ejemplo para que los seguros privados lo sigan, pero, como opción substitutiva de la propuesta del FMI, podría haber seguros puramente privados contra la recesión.
Un seguro de esa clase ya existe en pequeña escala en forma de seguro crediticio contra el desempleo. Una empresa con sede en Nueva York, el Grupo Assura, ha estado trabajando durante cuatro años en un plan con vistas a lanzar seguros complementarios contra el desempleo para quienes lo deseen. Sus pólizas estarían vinculadas con los programas de seguro de desempleo estatales de los EE.UU., lo que permitiría a Assura no tener que ocuparse de la supervisión.
Un problema de las pólizas basadas en el mercado es la adopción y la cancelación estratégicas. El riesgo relativo al PIB es a largo plazo. Se tendría que ajustar periódicamente el precio del seguro conforme a las variaciones del conocimiento público de la probabilidad de recesión y no se podría permitir a los interesados cancelar sus pólizas y dejar de hacer sus pagos, siempre que las perspectivas económicas se volvieran más halagüeñas.
El Grupo Assura tuvo que obtener el permiso del Departamento de Seguros del Estado de Nueva York para disponer de una cotización dinámica de las tarifas, lo que quiere decir que fijarán los precios mediante una fórmula, y no mediante una tarifa fija, con el fin de que sus precios varíen, al reaccionar rápidamente ante las condiciones económicas.
En un documento reciente, Mark Kamstra y yo propusimos que los gobiernos emitieran participaciones en su PIB, cada una de ellas equivalente a una billonésima parte del PIB, que permitirían a los países gestionar sus riesgos en materia de PIB. Nos pareció que los emisores de esos valores tendrían, en realidad, una forma de seguro contra la recesión.
Otra forma de crear un precio de mercado contra el riesgo de recesión es la de ofrecer las macroparticipaciones que mi empresa, MacroMarkets, creó por primera vez. Nuestras primeras macroparticipaciones han sido relativas al riesgo relacionado con el precio del petróleo, pero están en preparación planes relativos al riesgo en materia de PIB. Esos valores se ofrecen en pares –uno largo y otro corto– y, a diferencia de un plan gestionado por el Estado, en la cantidad, sea cual fuere, que demande el mercado.
Una vez que tengamos un precio de mercado para el seguro contra la recesión o productos similares, se plantea la pregunta: ¿será tan alto, que pocos quieran comprarlo? Sabemos que probablemente estemos en una recesión ahora mismo y tal vez para cierto tiempo, por lo que las pérdidas esperadas actualmente son enormes. A consecuencia de ello, el público puede mostrarse reacio y no mostrarse dispuesto a subscribir el seguro. El único seguro que el público podría considerar asequible podría ser en gran medida desgravable y, si la desgravación es muy elevada, el público podría no sentirse tranquilizado por ese seguro.
Toda propuesta realmente nueva presenta incertidumbres, pero la del FMI es un paso importante, porque aborda el problema esencial que afrontamos en este momento: los miedos sobre el futuro de la economía se convierten en una profecía destinada a cumplirse. No deberíamos mirar con recelo semejante política por sus posibles fallos.
La actual crisis económica mundial es una oportunidad para nuevas experimentaciones que no sólo podrían propiciar su resolución, sino también crear instituciones que contribuyeran a prevenir crisis futuras. El seguro contra la recesión es una de esas ideas.


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