ROMA – Cuando los jefes de la industria y las finanzas se reúnan este mes en el Foro Económico Mundial de Davos, la destrucción causada por el reciente sismo en Haití estará en los primeros lugares de la agenda. Así debe ser, porque es mucho lo que pueden hacer para ayudar.
Haití ya estaba en aprietos incluso antes del sismo. El rápido crecimiento de la población junto con el desorden político y social contribuyeron a que Haití fuera la nación más pobre del hemisferio occidental. Actualmente, los esfuerzos internacionales de ayuda están concentrados, con razón, en las zonas urbanas del país, que fueron las más afectadas por el terremoto. Pero cuando comience la reconstrucción, no hay que olvidar a las zonas rurales.
De hecho, gran parte de quienes perdieron sus casas y empleos en Puerto Príncipe y otras ciudades probablemente regresarán a las comunidades rurales donde tengan familiares. Esto generará presiones para la economía rural y más cargas para las regiones que ya padecían por la escasez de recursos.
La agricultura desempeña un papel vital en la economía de Haití y sin embargo el país no produce alimentos suficientes para sus habitantes. Alrededor del 60% de los alimentos que los haitianos necesitan y hasta el 80% del arroz que consumen son importados. El desarrollo agrícola sustentable es esencial para mejorar las perspectivas de una seguridad económica y alimentaria a largo plazo en el país.
El Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) ha constatado directamente cómo la inversión en agricultura puede ayudar a que la gente se recupere de los desastres naturales. Nuestra experiencia en los países en desarrollo indica que la inversión en agricultura puede ser dos veces más efectiva para reducir la pobreza que otras inversiones similares en otros sectores.
Hace menos de dos años, Haití fue arrasado por un huracán que provocó alrededor de 220 millones de dólares de daños a las cosechas de productos alimenticios —en un momento en el que la población ya tenía problemas debido a los altos precios internacionales de los alimentos. IFAD financió un programa para poner en marcha la producción de alimentos. El ciclo agrícola del invierno de 2008 produjo 5 millones de dólares en cosechas de frijol, lo que ayudó a mejorar la seguridad alimentaria y los ingresos de los campesinos pobres.
Si bien la crisis en Haití representa un retraso importante para lograr un aumento en la producción de alimentos, no debe ser un alto en el camino hacia el desarrollo de largo plazo. El desafío consiste en asegurar que los esfuerzos anteriores no se pierdan, y la recuperación incluye un impulso hacia los sistemas sustentables de producción agrícola para Haití.
Un grupo que está surgiendo de los escombros es Fonkoze, una organización de microfinanciamiento que opera principalmente en las zonas rurales de Haití. Con la ayuda del Servicio de Financiamiento de Transferencia de Remesas de donadores múltiples del FIDA, Fonkoze adquirió teléfonos satelitales y generadores de diesel en 2007 y comenzó a proporcionar servicios de remesas en las zonas rurales donde la infraestructura básica a menudo es escasa o inexistente.
Apenas hoy se está apreciando el valor real de esas inversiones. Fonkoze reanudó sus operaciones apenas unos días después del terremoto. Las remesas que se transfieren mediante Fonkoze son gratuitas, lo que le da a las familias que las reciben en Haití recursos vitales para satisfacer necesidades de corto plazo y al mismo tiempo fomenta el desarrollo de largo plazo.
En 2008, se enviaron a Haití remesas por más de 1.9 mil millones de dólares, más que la ayuda oficial al desarrollo y la inversión extranjera directa combinadas, y más de la mitad de esos fondos llegan directamente a manos de familias de las zonas rurales.
Cuando esté en Davos, señalaré a los directores y líderes empresariales los beneficios mutuos de formar asociaciones con los pequeños productores. Las inversiones de capital que tanto se necesitan pueden permitir a los pequeños agricultores proporcionar al sector privado un suministro sustentable de productos agrícolas de alta calidad.
En efecto, los pequeños agricultores frecuentemente son productores extremadamente eficientes por hectárea, y pueden contribuir al crecimiento económico y la seguridad alimentaria de un país. Por ejemplo, Vietnam se pasó de ser un país deficitario en alimentos a ser el segundo mayor exportador de arroz en el mundo mediante el desarrollo de su sector de pequeña agricultura. Como resultado, la pobreza cayó del 58% en 1979 a menos del 15% actualmente.
En Haití y otros países en desarrollo en todo el mundo, los pequeños agricultores pueden contribuir a la seguridad alimentaria y el crecimiento económico como lo hicieron los de Vietnam. Pero no pueden hacerlo sin acceso seguro a tierras y agua – y a servicios de financiamiento rural para comprar semillas, herramientas y fertilizantes. También necesitan caminos y transportes para llevar sus productos al mercado y tecnología para recibir y compartir la información de mercado más reciente sobre los precios. Sobre todo, necesitan un compromiso de largo plazo con la agricultura de parte de sus gobiernos, la comunidad internacional y el sector privado, con el apoyo de una mayor inversión.
La capacidad productiva de los pequeños agricultores de Haití será crucial para ayudar al país a superar esta crisis y evitar una escasez grave de alimentos. Por ello Haití necesita más que nunca del sector privado – para ayudar a reconstruir tanto el país como los medios de vida de la gente pobre de las zonas rurales.
En efecto, el sector privado tiene un papel central que desempeñar en el desarrollo rural, no sólo en Haití sino en todo el mundo en desarrollo. Pero las asociaciones entre el sector público y el privado deben estar respaldadas con las políticas adecuadas y el apoyo a las comunidades rurales, de forma que la gente pueda aumentar la producción de alimentos, mejorar sus vidas y contribuir a una mayor seguridad alimentaria para todos.
Las organizaciones como la IFAD pueden ayudar a crear vínculos entre el sector privado y los pequeños agricultores. Podemos apoyar las inversiones que amplíen el potencial productivo del sector de la pequeña agricultura en el mundo en desarrollo ayudando a los inversionistas a reducir sus riesgos y dando asistencia a los pequeños agricultores para que tengan acceso al nuevo financiamiento y a los mercados mediante asociaciones con el sector privado.
Klaus Schwab, el fundador y presidente del Foro Económico Mundial, ha declarado que la reunión de Davos de este año debe utilizarse para “solicitar compromisos de ayuda práctica para el alivio del dolor del pueblo haitiano y particularmente para la reconstrucción de Haití. En Davos, trabajaré para asegurar que los intereses de los pequeños agricultores – de Haití y de los países en desarrollo de todo el mundo—estén representados.


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