Europe at Home and Abroad
Hay que domar a las “langostas” del capital privado
Poul Nyrup Rasmussen
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Las plenas repercusiones de la crisis financiera desatada por las hipotecas incobrables en Estados Unidos aún son inciertas, pero entre los efectos impensados ya figura una demanda irrefrenable de una mayor transparencia y una mejor regulación en los mercados financieros.
Una parte de los mercados financieros que no está sujeta a la transparencia y las reglas de información que se aplican, digamos, a los bancos y a los fondos mutuos son los fondos de cobertura y los fondos de participación privada. Los cinco acuerdos más importantes de participación privada, alguna vez relativamente pequeños, hoy involucran más dinero que los presupuestos anuales de Rusia y de la India. Los activos en fondos de participación privada y fondos de cobertura actualmente representan 3 billones de dólares, y se espera que alcancen los 10 billones de dólares para fines de 2010. Los fondos hoy dependen fuertemente de la inversión de los fondos de pensión y del dinero solicitado a bancos y otras fuentes no privadas.
De hecho, estos fondos privados representan aproximadamente las dos terceras partes de toda la deuda nueva. Así, si existe un problema de deuda, como en la crisis hipotecaria norteamericana, también debe analizarse el papel que desempeñaron los fondos privados. Ellos son, en pocas palabras, un desafío importante para la estabilidad financiera y, a menos que estén regulados, probablemente contribuyan a futuras crisis.
Los grandes fondos de participación privada han demostrado ser una amenaza para las compañías saludables, para los derechos de los trabajadores y para la Agenda de Lisboa de la Unión Europea (destinada a hacer de Europa la economía más competitiva del mundo). Por lo general, adquieren empresas con dinero prestado –normalmente, más del 80% del valor-. Estas “compras apalancadas” dejan a la empresa sobrecargada de deuda y pagos de intereses, sus trabajadores son despedidos y sus activos, vendidos. Una compañía que en algún momento fue rentable y saludable es exprimida en busca de ganancias a corto plazo, que no benefician ni a los trabajadores ni a la economía real.
En Gran Bretaña, la Automobile Association fue comprada por un fondo de participación privada en 2004. La AA había tenido una ganancia de 75 millones de libras y estaba expandiendo sus servicios con 10.000 empleados. Las ganancias anuales desde entonces ascendieron a 190 millones de libras, pero 6.000 empleados se han quedado sin trabajo y tanto los costos como los tiempos de espera de los miembros de la AA que necesitan un arreglo y servicios de recuperación de sus vehículos han aumentado.
En Dinamarca, la empresa de telecomunicaciones TDC fue adquirida por un grupo de firmas de participación privada en 2005, en una operación donde el 80% de la compra estuvo financiada por empréstitos. La relación deuda/activos de la compañía saltó del 18% al 90% ya que las reservas de la compañía para un desarrollo a largo plazo –esencial en la industria de las telecomunicaciones- se utilizaron para pagar el crédito.
En general, estos fondos están exentos de impuestos, muchas veces porque están registrados en el extranjero, aunque operen desde los principales centros financieros del mundo. El gerente de un fondo admitió que paga menos impuestos que su mucama. En Estados Unidos, se calculó que los fondos cuestan entre 2.000 y 3.000 millones de dólares en ingresos tributarios perdidos –una cantidad tres veces mayor que el presupuesto de la UE para ayuda humanitaria.
Los sindicatos en el Reino Unido, Alemania, Canadá y otras partes vienen señalando desde hace mucho tiempo el daño causado por las compras apalancadas. Lo mismo hicieron políticos de trayectoria como el ex vicecanciller alemán Franz Müntefering, quien describió a los fondos de participación privada como “langostas”, y demócratas prominentes en el Comité de la Cámara sobre Servicios Financieros del Congreso de Estados Unidos. El Grupo Socialista del Parlamento Europeo, la Cámara de los Comunes del Reino Unido y el parlamento australiano investigaron a estos fondos privados.
Charlie McCreevy, comisionado del mercado interno de la UE, resiste incondicionalmente cualquier medida a favor de un mayor control de los fondos de participación privada y los fondos de cobertura. Pero la corriente está virando en su contra. En la cumbre de otoño de la UE, el primer ministro británico, Gordon Brown, la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, acordaron en una declaración conjunta que se necesita más transparencia en los mercados financieros. En una maniobra separada, Brown prometió cerrar cualquier laguna legal que les permita a los gerentes de fondos de cobertura eximirse de pagar impuestos.
Tanto la industria de los fondos de participación privada como la de los fondos de cobertura reaccionaron publicando códigos voluntarios de conducta. Paul Marshall, presidente de un fondo de cobertura, le dijo al Financial Times que esperaba que una acción voluntaria por parte de la industria “reduzca la presión”. Al menos eso fue transparente.
Nadie quiere demonizar o restringir innecesariamente a los fondos de participación privada y a los fondos de cobertura, y la inversión del capital de riesgo en nuevas compañías innovadoras y de alto riesgo subraya su papel potencialmente útil. Pero esto representa apenas una parte menor (5%) de la industria de la participación privada. Dado que la parte principal de la industria (60%) reside en compras apalancadas y deuda extrema, parece absolutamente razonable exigir que cumplan con las reglas de transparencia y tributarias aceptadas por todos los demás.
Por último, los fondos de participación privada deberían estar regulados a nivel global. Podemos promulgar medidas en cada uno de nuestros estados miembro y en la UE, pero una acción coordinada por la UE y Estados Unidos sería un puntapié inicial realista. Los fondos privados no pueden operar sin estos dos mercados gigantes y tendrían que cumplir con sus requerimientos. En la UE existe la voluntad de actuar. Enfrentado a los líderes de las tres principales economías de Europa, McCreevy no es un obstáculo serio. El actual ocupante de la Casa Blanca es un obstáculo más imponente para la reforma, pero el cambio es inminente.
Aún así, con asegurar la transparencia y la información no basta para resolver plenamente la cuestión de las compras apalancadas altamente endeudadas, lo cual todavía sería objetable. Existe una necesidad de establecer un límite a la cantidad de deuda que una compañía puede acumular y modificar la legislación de adquisiciones y fusiones para que incluya el apalancamiento. Esto último claramente entra dentro de la competencia de la UE. También existe una necesidad de proteger nuestros ahorros de pensión, que hoy están fuertemente invertidos en participación privada. En resumen, necesitamos un sistema de control apropiado para el sector de servicios financieros en Europa.
Todavía hay mucho por conversar. Se necesitan discusiones serias para alcanzar acuerdos intergubernamentales en toda la Unión Europea y para alentar a Estados Unidos a avanzar en la misma dirección. Pero, por el bien de nuestras pensiones, nuestros ahorros, nuestros empleos y nuestros estados de bienestar, cuanto antes se produzca el cambio, mejor.
Poul Nyrup Rasmussen es presidente del Partido de Socialistas Europeos y ex primer ministro danés.
Copyright: Project Syndicate/Europe’s World, 2008.
www.project-syndicate.org
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Traducción de Claudia Martínez
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