Islam
Esperanzas palestinas para Barack Obama
Yasser Abed Rabbo
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RAMALLAH – La campaña provocadoramente positiva del presidente electo Barack Obama a favor del cambio generó esperanza no sólo entre los millones de norteamericanos que lo votaron, sino también entre los miles de millones de personas en el mundo que no pudieron hacerlo. En todo Oriente Medio, como en otras partes, se están generando expectativas de que su presidencia preludiará una nueva era para el papel de Estados Unidos en el mundo.
Los palestinos se identifican profundamente con el movimiento de derechos civiles en Estados Unidos. Muchos recuerdan los días oscuros en que la sociedad norteamericana implementó la segregación racial. Que la misma sociedad eligiera a un presidente afro-norteamericano apenas unas décadas después renueva la esperanza palestina de que, en nuestra lucha permanente por la justicia y la libertad, nosotros, también, venceremos.
El triunfo electoral de Obama llega en un momento simbólico en la historia palestina. Este mes se cumple el vigésimo aniversario de la Declaración de Independencia palestina. Redactado por la mano poética de mi amigo ya desaparecido Mahmoud Darwish, el texto es visionario. Mientras que anteriormente la Organización para la Liberación Palestina (OLP) había hecho campaña a favor de un estado único, secular y democrático en la totalidad de la Palestina Mandatoria, nuestra Declaración de Independencia respaldaba una solución de dos estados.
La profundidad de este compromiso se puede apreciar plenamente sólo en su contexto histórico. En la guerra y la violencia que rodearon al establecimiento de Israel en 1948, nuestras pérdidas fueron inmensas. Más de 726.000 cristianos y musulmanes palestinos –la mayoría de la población árabe de la Palestina Mndatoria- huyeron o fueron obligados a abandonar sus hogares por las milicias sionistas. Más de 400 pueblos palestinos en lo que devino Israel fueron destruidos o despoblados.
Respaldar una solución de dos estados implicó reconocer la soberanía israelí en más del 78% de nuestra tierra natal y ejercer nuestro derecho de autodeterminación en apenas el 22% restante que Israel ocupó militarmente desde 1967: Cisjordania, el este de Jerusalén y la Franja de Gaza. Sin embargo, hicimos este compromiso histórico porque creíamos que hacerlo nos colocaría en el umbral de la libertad.
Por supuesto, no fue así como se desarrollaron los acontecimientos: los palestinos han estado viviendo bajo ocupación israelí durante 41 años. Mientras Obama se prepara para ingresar a la Casa Blanca, confiamos en que considere el papel constructivo que Estados Unidos puede desempeñar en la búsqueda de la paz y la seguridad.
En el año desde que palestinos e israelíes renovaron su compromiso con sus obligaciones según el “mapa de ruta”, puede que no hayamos alcanzado una solución concluyente para nuestro conflicto, pero eso no significa que los esfuerzos hechos fueran en vano. Con la determinación de ambas partes, confío en que podamos alcanzar un acuerdo final en relativamente poco tiempo.
Estados Unidos puede tomar cuatro medidas prácticas para ayudar a que las negociaciones avancen de inmediato. La primera medida es un compromiso temprano. Los esfuerzos de la administración Bush por asistir a nuestro proyecto en busca de la paz flaquearon en parte porque nuestro conflicto fue ignorado durante la primera parte de su mandato. Permitir que este conflicto se ulcere no hará más que agravar la inseguridad de nuestros pueblos y la inestabilidad de nuestra región.
Segundo, Estados Unidos debería establecer un mecanismo creíble de ejecución para asegurar que las partes cumplan con sus respectivas obligaciones, particularmente un congelamiento inmediato de las actividades de asentamiento israelí en todo el territorio palestino ocupado. No sólo Israel no frenó sus actividades de asentamiento desde Annapolis –en violación del derecho internacional y sus renovados compromisos del mapa de ruta-, sino que, en rigor de verdad, aceleró este tipo de actividad.
La construcción de unidades habitacionales de asentamiento hoy es más del 45% superior que en los nueve meses anteriores a Annapolis. Las demoliciones israelíes de hogares palestinos también se han incrementado, en especial en el este de Jerusalén ocupado. Nada socava más la fe palestina en el proceso de paz que ver cómo se tiran abajo los hogares de nuestras familias, mientras que se fortalece la arquitectura de nuestra opresión.
Tercero, la nueva administración debería alentar un nuevo compromiso de sus socios del Cuarteto –las Naciones Unidas, la Unión Europea y Rusia- en el proceso de mediación. La cooperación internacional es clave para asegurar la legitimidad de las negociaciones, y será crucial cuando llegue la hora de implementar y hacer cumplir cualquier acuerdo. No se puede esperar que Estados Unidos por sí solo se eche al hombre las cargas post-conflicto del proceso de paz.
Cuarto, Estados Unidos debería renovar su respeto por el derecho internacional reconociendo tres principios: que deben respetarse en cualquier negociación las fronteras anteriores a la ocupación de 1967; que debe salvaguardarse la soberanía palestina en el este de Jerusalén, con un acceso garantizado para musulmanes, cristianos y judíos a sus sitios sagrados; y que debe reconocerse y abordarse con justicia la situación comprometida de los refugiados palestinos, cuya experiencia horrorosa de 60 años sigue siendo emblemática del predicamento palestino.
Afortunadamente, ya existe un marco que respalda estas consideraciones. La Iniciativa Árabe de Paz de 2002 le ofrece a Israel una oportunidad única: la plena normalización de las relaciones con los 57 estados árabes y musulmanes a cambio de un acuerdo de paz integral, que incluya el fin a la ocupación por parte de Israel de las tierras árabes y una solución justa y acordada para los refugiados.
Nuestra Declaración de Independencia hoy ya tiene veinte años. La Iniciativa Árabe de Paz viene acumulando polvo desde hace más de seis años. La paciencia palestina no es infinita. Algunos ya se han resignado a creer que nunca surgirá un estado palestino viable. Otros, como yo, sostenemos que no debemos perder la fe. Pero si hemos de concretar nuestro sueño de libertad y estadidad –y demostrar que los cínicos están equivocados-, necesitaremos de la ayuda del presidente Obama.
Yasser Abed Rabbo es secretario general del Comité Ejecutivo de la Organización para la Liberación Palestina (OLP).
Copyright: Project Syndicate, 2008.
www.project-syndicate.org
Traducción de Claudia Martínez.
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