Thursday, October 23, 2014
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Determinación más allá del poder

BUDAPEST – La segunda ronda de la elección parlamentaria griega el 17 de junio es sólo el último síntoma de la crisis más seria que afectó a las democracias occidentales y las sociedades abiertas desde los años 1960. Las democracias liberales en Occidente hoy luchan por evitar -y, al hacerlo, exacerban- una crisis de identidad, que pone en riesgo el contrato social existente y amenaza con su implosión.

El fin de la Guerra Fría legó a nuestros líderes un nuevo conjunto de desafíos en materia de gobernancia, que rápidamente cobraron magnitud, en gran medida debido a una globalización más veloz, a las consecuencias de la liberalización económica de los años 1980 y a la revolución en la tecnología de la información en los años 1990. Estos desafíos, que no se abordaron de manera suficiente, enseguida llevaron a muchos a cuestionar la sustentabilidad del atractivo de la democracia liberal en casa y su universalidad en el exterior, y a explorar los supuestos méritos del "modelo chino", mejor caracterizado como una forma de capitalismo autoritario o estatal.

El colapso financiero de 2008, que enseguida se metamorfoseó hasta convertirse en la recesión económica más profunda de Occidente desde los años 1930, no hizo más que agregar leña al fuego, conforme los responsables de las políticas se pusieron de rodillas y adoptaron una modalidad de gestión de la crisis para nada transparente, condonando una intervención estatal masiva en la economía y la socialización de las pérdidas del sector privado a una escala nunca vista antes. La resultante austeridad fiscal hundió a muchos por debajo de la línea de pobreza y aceleró la desigualdad económica, mientras que muchas instituciones privadas, habiendo causado la crisis de 2008, se recuperaron en la arena pública.

Para colmo de males, en Grecia e Italia, dos de los países más duramente castigados, los mercados financieros efectivamente derrocaron a gobiernos electos, por más imperfectos que fuesen. El desventurado ex primer ministro griego George Papandreou tuvo que renunciar el año pasado después de atreverse a sugerir un referendo para decidir el futuro económico de sus compatriotas. (Irónicamente, la inminente elección servirá de facto como el referendo que Papandreou sugirió en octubre de 2011).

En la raíz de la crisis europea (y su crisis equivalente en Estados Unidos) hay un cambio en la configuración del poder económico, social y político. Las democracias liberales y las sociedades abiertas tradicionalmente se basaron en un delicado equilibrio de estas tres formas de poder. En los últimos veinte años, nuestras elites fueron incapaces de sostenerlo, ya que el poder económico hace mucho tiempo que se volvió global y se desprendió del poder político, muchas veces corrompiendo la política democrática en el proceso.

Al mismo tiempo, el poder social, que ofrece el oxígeno para la legitimidad democrática, resultó marginalizado y desilusionado, y cada vez se aleja más de las correas de transmisión tradicionales de la política. El resultado es una erosión de la estatura de los partidos políticos tradicionales y de los sindicatos, y niveles bajos sin precedentes de confianza en los gobiernos se hacen evidentes. Potenciadas por los nuevos medios, se están empezando a formar identidades alrededor de las nuevas redes de interacción social que suelen desafiar las fronteras estatales y tienen escasa conexión con las instituciones tradicionales de gobernancia de la democracia liberal.

La reticencia de las elites de hoy a promover un equilibrio efectivo de los tres poderes -para reconocer una determinación más amplia más allá de maximizar cada poder individual- visiblemente se tradujo en un respeto menguante por el bien público. Esto tiene consecuencias dramáticas para la democracia liberal y las sociedades abiertas.

Frente a un poder político disminuido (y a veces usurpado) por la transformación de su contraparte económica, y el hecho de que su desapego de su base social lo vuelva cada vez más ilegítimo, llegó la era de los populistas y los extremistas. Ahora los vemos hacerse un festín con las democracias debilitadas en muchos países europeos, en tanto movimientos marginales compiten seriamente por el poder y amenazan con borrar los logros de más de 60 años de integración europea. En Estados Unidos, el sistema político se sumergió en una parálisis partidaria aparentemente inextricable, socavando seriamente el sistema de equilibrio de poderes y generando una sensación cada vez más profunda de malestar y frustración.

Nos encontramos en un momento crítico. Para recrear la democracia y las sociedades abiertas en una era global hace falta invertir en nuevas ideas para volver a equilibrar el poder político, económico y social tanto a nivel nacional como global. A nivel nacional, necesitamos poner a prueba nuevos mecanismos para el diseño e implementación de políticas, volviendo a conectar las instituciones democráticas con los ciudadanos y las redes emergentes de la sociedad civil. A nivel global, debemos permitir que el poder político y el poder social establezcan su lugar legítimo junto al poder económico.

Un ajuste menor no será suficiente; necesitamos una transformación de la arquitectura institucional global. A menos que podamos establecer un espacio socio-político global, no estaremos en condiciones de deliberar legítimamente sobre la provisión de bienes públicos globales, mucho menos distribuirlos de manera exitosa. A la cabeza del esfuerzo por lograr un espacio de este tipo tienen que estar quienes estén dispuestos a asumir riesgos -emprendedores sociales y políticos que no tienen miedo de cruzar las líneas que tradicionalmente dividen sectores y estados, y que ayudan a recrear una comunidad global de determinación más allá del poder.

El filósofo francés Jean-Paul Sartre alguna vez describió el Muro de Berlín como un espejo. En vista del sistema soviético, resultaba verdaderamente fácil pasar por alto nuestras propias debilidades y errores. Cuando cayó el Muro, nuestras elites se esforzaron por mantener la ficción de una marcha triunfal inherentemente inminente por la democracia liberal en todo el mundo, hoy despojada por la crisis económica a ambos lados del Atlántico.

Hemos perdido dos décadas valiosas para responder de manera adecuada a la globalización y a la crisis de la democracia liberal y las sociedades abiertas. Es hora de iniciar una reflexión honesta sobre el poder y su determinación en el mundo de hoy, que cambia a pasos acelerados.

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  1. CommentedGreg Rushing

    I find this article quite vague. "reach across party lines"well, duh. Of course this needs to be done. It is always better for citizens when their self-serving politicians act like disinterested statesmen. But the trick is to think of a way to incentivize them into doing this in a reliable manner. For example, both term limits and being elected "President for life" are possible solutions to the problem of politicians being obsessed with short term political gamesmanship. But these two solutions may raise other problems. The author does not offer any realistic SOLUTIONS for actually accomplishing this aspirational goal.

  2. CommentedKevin Lim

    "At the root of the European crisis (and its equivalent crisis in the United States) is a shift in the configuration of economic, social, and political power. Liberal democracies and open societies have traditionally relied on a fine balance of these three forms of power. Over the last two decades, our elites have been unable to maintain it, as economic power has long since gone global and dislodged itself from political power, often corrupting democratic politics in the process"

    Rubbish. First, this is not a problem plauging liberal democracies. New Zealand, Chile, Australia and Canada arent having any problems. This is a European problem plain and simple. The fact that the author concludes that liberal democracy is under threat simply reveals his eurocentrc view of the world.

    Second, each country has come to this dire state in different ways. In Spain, it was an asset bubble that rocked the boat, so arguably economic power has disrupted political life. But in Greece, it was the political elites abusing economic power to ensure their short term political survival that got them into a mess. Grossly inflating their civil service beyond all reason, allowing a culture of tax evasion to persist (a political decision, it was routine b4 an election to tell tax collectors to stop doing their jobs).

    There is no grand threat to liberal democracy. The roots of this current crisis are awesome only in their magnitude, but otherwise utterly banal and predictable in their nature.

  3. CommentedZsolt Hermann

    This very precise review article says the following:

    "...We stand at a critical juncture. Recreating democracy and open societies in a global age requires investment in new ideas to rebalance political, economic, and social power at both the national and the global level. Nationally, we need to experiment with new mechanisms for policymaking and implementation, reconnecting democratic institutions to citizens and emerging networks of civil society. Globally, we must allow political and social power to establish their rightful place next to economic power.
    Mere tinkering will not do; we need a transformation of the global institutional architecture. Unless we can establish a global socio-political space, we cannot legitimately deliberate over the provision of global public goods, let alone deliver them successfully..."

    I could not agree more, we are at crossroads, and our decision will decide our immediate future and even our long term survival.
    On the other hand I do not fully agree with the following statement:

    "...The push toward such a space needs to be spearheaded by risk takers – social and political entrepreneurs who are unafraid to work across lines traditionally dividing sectors and states, and who help to re-create a global community of purpose beyond power..."

    Risk taking will not do, we have already done enough experimenting and wasting resources. This is why before we do anything, even planning we need a global education program for each and every one of us from leaders to the common people of the street regardless of culture, education, talent, age or nationality.
    Before we move we need to understand what it means to live in a global, interconnected world, what it means that the whole of humanity and the environment around us is totally interdependent, how it is possible to live within available resources, still providing mutual, equal necessities to everybody.
    The information for this education is already around us, we simply have to put it together into a cohesive, complete picture providing us with the blueprint of the global, integral reality we exist in.

  4. CommentedJohn Aho

    I like this analysis but continue to fear the growing darkness of our times. Yes, there is a purpose beyond power, but there is no money in it and our people has been trained aggressively for generations to equate money with purpose. The regulatory, political and media capture of America's democracy by moneyed elites has been breathtaking to observe. The ease of this takeover probably has much to do with the relentless creation of a consumerist society. In addition, tens of thousands of "management consultants" continue to canvass the world, pursuing the project to monetize all human interaction at the expense of local community and ethics. The decades lost that you refer to seem to have begun (at least in America) with the rise of Reagan (and the rejection of Carter and his impossibly naive call for shared sacrifice and public trust). Part of the problem is that the legitimate spaces that individuals previously occupied to promote values other than power (and money) have been serially corrupted and undermined. What sane and decent person would enter politics in the current system? Or the church? Or social work? They are all headed to the dustbin or revamped to serve corporate interests. Instead, what is left over is the doctrine of the corporation itself, a particularly soulless ideology, where increased short-term profit is the fiduciary duty and very meaning of all human activity. With capital flight now a global prospect, domestic democracies are simply not able to rule. Instead, the bond markets dictate major economic policy. This is intolerable to many humans (and strangely comforting that is Greece that finds it so hard to swallow this lifeless pill), who desire to control their own fate and are completely disillusioned with the financial system that elites have bribed or forced upon them. You rightly note that "mere tinkering" will not do, and yet also warn of the rise of radical politics. This seems somewhat contradictory, what may be needed is a rise of a radical center (if such a thing is possible) to brush away crony capitalism and its enablers (and reset the absurd amounts of wealth being plundered at the top), while reforming the state project of institutionalized unproductivity at the bottom. Those are truly radical proposals, but likely necessary if we as a species are to survive.

  5. CommentedAlok Shukla

    Very aptly said private sector losses have been taken care off by tax payer. Austerity is imposed at the individual i.e. no bail out for common citizen. Irony of the moment is what we believe in the western world i.e. free markets, democracy, and preaching the virtues of austerity to bailed out countries by IMF and when the moment of truth came we have done exactly opposite of what we have said so far. Seeds of present rot lies in the past what we need at this moment is some plain talking and soul searching in society and leaders with some spine. At least this way we will restore the trust between the polity and population and this will lead to slow painful organic growth. Be sure there will be no quick fixes for the mess we are in.

  6. CommentedFrank O'Callaghan

    An excellent piece of work. The roots of the problem are in the past. When there was a perceived threat to the existence of capitalism from the Soviet system the response was to compromise between the classes. It has been thought of as 'the bribe' of capitalism.

    Since the end of Eastern European Communism this bribe has been withdrawn. The view that we need to rebalance our society and the power dynamic between social, economic and political is hopeful more than realistic. Power is rarely allowed to slip away.

    This time the threat to capitalism must not be merely external.

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