El 20 de agosto se nombrará una nueva Comisión Europea. ¿Cuáles deberían ser sus objetivos principales?
La Comisión fue creada originalmente como un cuerpo tecnocrático relativamente independiente del control nacional o supranacional, lo cual es correcto si consideramos el mandato que la inspira. La Comisión funciona mejor cuando se atiene a su papel. Recordemos el excelente trabajo que ha hecho en el área de las políticas sobre competencia: ha roto carteles y detenido ayudas estatales, incluso cuando se presentan disfrazadas, como en el caso de las garantías gubernamentales sobre la deuda de las empresas.
La lección es que los Comisarios deben centrarse en sus tareas específicas, teniendo en mente los intereses de la UE más que los de sus países de origen. Mario Monti, el exitoso Comisario para la Competencia, es italiano, pero nadie lo acusó nunca de intentar llevar a cabo un "programa italiano". De hecho, su lucha contra la ayuda estatal entró en conflicto con las prácticas en uso en Italia.
Ayudó una innovación introducida por Romano Prodi, Presidente de la actual Comisión. La Comisión de Prodi decidió enviar a los Comisarios "a terreno": sus oficinas ya no se ubicaron junto a la del Presidente, sino en el departamento del cual cada uno era responsable. Esto obligó a los Comisarios a concentrarse en sus tareas y mantener un ojo vigilante sobre los todopoderosos directores generales y sus burocracias; quedó poco tiempo para la política del "cuadro general".
Pero la nueva comisión que ha nombrado el ex Primer Ministro de Portugal, Durao Barroso, se arriesga a quedar prisionera de la burocracia nuevamente. Por lo pronto, Barroso ha decidido hacer que sus Comisarios vuelvan junto a la oficina del Presidente. Esto significa un menor control y supervisión directa de la burocracia y un mayor incentivo para que los días discurran pensando en los planes generales, en lugar de concentrarse en lograr mejoras específicas.
El problema se ve agravado por la composición de la nueva Comisión. Habrá 25 Comisarios, uno por cada país miembro de la UE, mientras que anteriormente los países grandes tenían dos y los pequeños, uno. Más aún, entre los nuevos Comisarios habrá tres ex primeros ministros, cinco ex ministros de exteriores y tres ex ministros de finanzas, todos ellos personas de peso con grandes programas e intereses políticos en sus países de origen.
Consideremos Italia, donde el Primer Ministro Silvio Berlusconi reemplazó a Mario Monti, el miembro más exitoso y eficaz de la Comisión, por un político enredado en los indescifrables juegos de poder de la política partidista italiana. La intención de Berlusconi es clara: quiere alguien a quien pueda telefonear y pedir que proteja los intereses de Italia, ya sea un préstamo gubernamental prohibido a Alitalia o algún otro favor.
También hay una explicación maquiavélica para el reemplazo de Monti. No es un secreto que irritaba a Francia y Alemania. Su última decisión fue obligar a France Telecom a devolver con intereses un préstamo otorgado hace años por el gobierno francés, en violación de las reglas de la UE sobre ayuda estatal. Alemania nunca aceptó la decisión de Monti de prohibir las garantías gubernamentales sobre los balances de sus "Landesbanken", los poderosos bancos regionales. El gobierno alemán también está preocupado por la resolución de la Comisión que cuestiona la "ley Volkswagen".
La ley impide que, si un accionista controla más del 20% de las acciones con derecho a voto de Volkswagenwerk GmbH (VW), éste pueda emitir más del 20% de los votos de una reunión de accionistas. También estipula que es necesaria una mayoría de más del 80% de los votos de los accionistas para las decisiones importantes de la compañía. La ley Volkswagen también impide que los inversionistas privados adquieran acciones de la compañía, a pesar del principio de libre movimiento de capitales al interior de la UE.
No sabemos si el Canciller Gerhard Shroeder y/o el Presidente Jacques Chirac llamaron a Berlusconi para sugerirle que buscara un nuevo Comisario italiano. Tal vez lo hicieron, tal vez no: no lo podemos saber, especialmente en un momento en que Italia puede necesitar el completo respaldo de Chirac y Schroeder en su intento por rescatar a Alitalia.
Pero podemos ver que, con los nuevos miembros de la Comisión centrados en sus programas e intereses políticos locales, el equipo de Durao Barroso hará con menos eficacia lo que la Comisión solía hacer bien. Al mismo tiempo, en la medida que la Comisión se convierta menos en un cuerpo de tecnócratas y más en un cuerpo político, el así llamado "déficit democrático" de la misma se convertirá en un problema creciente.
La causa que está en la raíz del problema es la nueva constitución europea. Al no precisar un límite al tamaño de la Comisión y aceptar la regla de un comisario por país, la Constitución ha convertido a la Comisión en un cuerpo de representantes nacionales. Esto, junto con la regla de que todas las decisiones, incluso en el área de la ayuda estatal, deben ser aprobadas por la mayoría de los Comisarios, sugiere que la Comisión tendrá una disposición mucho más permisiva en su política sobre ayudas estatales y competencia.


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