A Window on Russia
¿Quién es quién en la nómina de Putin?
Andrei Piontkovsky
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MOSCU – El ex canciller de Alemania Gerhard Schroeder es una leyenda en Rusia. Sirve a los intereses de Gazprom a cambio de unos miserables millones de euros al año, participa en sesiones de la Academia Rusa de Ciencias y escribe libros sobre su amistad incondicional con "Genosse Wladimir" que, en un pasado no tan distante, se ganó el bien merecido mote de "Stasi" en los círculos empresarios de la gangsterizada San Petersburgo.
Pero no resulta a las claras obvio si hoy es Schroeder el que le lame las botas a Putin o viceversa. Ambos están construyendo, o intentando construir, el gasoducto Nord Stream, un proyecto excepcionalmente costoso que satisface objetivos estratégicos mellizos. Claramente hostil a los intereses tanto de Belarús como de Ucrania, el gasoducto está destinado a asegurar que estos países estén bajo el pulgar energético de Rusia, más allá de quién esté en el poder en Minsk y Kiev.
Asimismo, el gasoducto también consolidará la condición de la economía rusa como un apéndice de la de Alemania -su proveedor de recursos naturales-. Algunos de los antecesores de Schroeder en el puesto de canciller alemán intentaron alcanzar el mismo objetivo por medios bastante diferentes.
Los logros del Kremlin a la hora de asegurar la ayuda de los norteamericanos dispuestos a ofrecer su influencia son igualmente impresionantes. De hecho, la política hacia Rusia de la administración Obama está siendo irrigada por el asesoramiento de gente que no tiene ningún cargo oficial en la administración pero sí vínculos empresarios estrechos con Rusia y el Kremlin: Henry Kissinger, James A. Baker, Thomas Graham y Dimitri Simes. Los dos primeros son reconocidos geopolíticos; Graham y Simes son respetados como prominentes especialistas en Rusia. Escriben informes clave para la administración, y viajan entre Moscú y Washington, coordinando los parámetros del esfuerzo de la administración Obama para "restablecer" la relación bilateral.
Al igual que Schroeder, toda esta gente no hace esto sin fines económicos. Baker es consultor para las dos compañías en las alturas superiores de la economía rusa, Gazprom y Rosneft. El grupo de lobby Kissinger Associates, cuya sección rusa está dirigida por Graham, trabaja en coordinación con el grupo de trabajo Kissinger-Primakov, un esfuerzo del sector cuasi-privado, bendecido por Putin, para profundizar los lazos entre Rusia y Estados Unidos.
Resulta altamente esclarecedor leer las recomendaciones de esta gente y estos grupos, ya que de manera oportuna traducen los objetivos de sus clientes del Kremlin a un idioma familiar a los líderes norteamericanos.
El último aporte de Graham, "La Rusia resurgente y las intenciones norteamericanas", es muy revelador en este sentido. El autor considera que el gobierno de una "Rusia que deja de estar de rodillas" consta de modernizadores progresistas plenamente conscientes de los desafíos que enfrenta su economía mientras intentan "regresar al club de las grandes potencias".
"Para convertirse en un país genuinamente desarrollado y moderno", continúa Graham, "en la próxima década Rusia necesitará invertir al menos un billón de dólares para modernizar su infraestructura. Estados Unidos y Occidente en general tienen un interés vital en que la modernización de Rusia sea un éxito. Una gran parte de las tecnologías, el know-how y una proporción sustancial de la inversión debe provenir de Europa y Estados Unidos".
Además de la tecnología y las inversiones, Graham desliza como al pasar la sugerencia de una política exterior de la administración Obama que con certeza complacerá al Kremlin: "Finlandizar a Ucrania". A menos que se busque esa suerte de apaciguamiento, advierte, Rusia seguirá oponiéndose a Estados Unidos "en donde pueda y cuando pueda". De acuerdo con Graham, "una Rusia débil, con sus vastos recursos y su escasa población al este de los Urales, podría convertirse en el blanco de competencia entre las grandes potencias, principalmente China y Estados Unidos".
Esa amenaza tácita de ayúdennos a desarrollarnos o dejaremos que lo hagan los chinos es un desenlace lógico de la homilía del primer ministro Putin en el Foro Económico Mundial de este año en Davos, donde defendió una acción decisiva para poner fin a la crisis económica mundial. ¿Su receta? Los países occidentales deberían condonar la mitad de la deuda de un billón de dólares que les deben las corporaciones estatales rusas dirigidas por sus amigos de la KGB de Dresden y la cooperativa de dachas de Ozero.
Pero ninguna cantidad de dinero logrará modernizar el régimen cleptocrático de Putin, que ya ha despilfarrado billones de dólares de riqueza petrolera. En síntesis, el sistema de Putin es política, institucional e intelectualmente la antítesis de la tarea de modernización.
El único error de Graham en su presentación es su intento por asustar a la administración con una hipotética confrontación entre Estados Unidos y China por los recursos rusos. Esta no es su área de especialización. Kissinger trabaja personalmente con la cuenta china, proponiendo conjuntamente con su archirrival Zbigniew Brzezinski la noción, tan seductora para un Estados Unidos cada vez más fatigado de su carga imperial, de un Dos Grandes global.
He aquí una muestra reciente del arte geopolítico de Kissinger: "El papel de China en un nuevo orden mundial es crucial. Una relación que comenzó a ambos lados como un designio estratégico esencialmente destinado a frenar a un adversario común ha evolucionado a lo largo de las décadas hasta convertirse en un pilar del sistema internacional. La relación sino-norteamericana necesita pasar a otro nivel. Esta generación de líderes tiene la oportunidad de forjar las relaciones para un destino común, en gran medida como se hizo con las relaciones transatlánticas en el período de posguerra".
No cabe duda de que Kissinger cree cada palabra que escribió, pero sus ideas también articulan honestamente las aspiraciones de sus clientes. Esto no quiere decir que todos los clientes tengan los mismos motivos. Uno quiere apoderarse de otro billón de dólares que pueda obtener, mientras que el otro quiere convertirse en "una construcción central del sistema de relaciones internacionales". Pero, en ambos casos, los clientes están recibiendo la influencia por la que pagan.
Andrei Piontkovsky es un politólogo ruso y miembro visitante del Hudson Institute en Washington, DC.
Copyright: Project Syndicate, 2009.
www.project-syndicate.org
Traducción de Claudia Martínez
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Justis 11:16 06 Jun 09
Greed and power will continue to be the most disruptive force on earth, this commentary and others like it detail the facts perfectly, consultants advisers and analysts to international corporations and a select few world leaders continue to shape our lives without any real input from the human race.
We may think we live in democratic societies, but that's the furthest thing from the truth, now that the west has shown the rest of the world how to live and function in a capitalist world, former third and second world countries are beating us at our own game, Western corporations wanted to sell their products in these countries due to their greed and continued growth which is a radical idea to begin with, now we in the west cannot compete with these countries when they pay their workers $ 2.00 a day.