La política de inmigración de George Bush es una gran piñata que cuelga sobre la frontera entre México y los Estados Unidos. Algunos inmigrantes creen que tiene la forma de una estrella que los hará cruzar el Río Grande para trabajar en la tierra prometida. Otros piensan que se asemeja a un demonio que ofrece tentadoras perspectivas de trabajos legales en EEUU, sólo para descubrir que se trataba de un espejismo.
Muchos se sienten agradecidos de que la piñata esté disponible para animar las relaciones bilaterales y están impacientes por darle un buen y certero golpe con la vara. Pero para que el Presidente de México, Vicente Fox, se beneficie cuando le llegue el turno de pegarle a la piñata, tendrá que sacarse la venda que le cubre los ojos y que usa en público en lo que toca al Presidente Bush.
Fox tiene todo el derecho a celebrar la reciente iniciativa anunciada por el Presidente Bush de ayudar a que algunos inmigrantes que actualmente se encuentran en situación ilegal en los Estados Unidos puedan salir de la economía de las sombras, y se debe felicitar a si mismo por haberlo presiodo a hacer tal propuesta. Su constante insistencia ayudó a diseñar y llenar la piñata.
Pero debe pasar rápidamente de la autocomplacencia a la acción, ya que México necesita una relación más plena con EEUU que los magros premios que están cayendo ahora desde la piñata de Bush. Tendrá tiempo para hacerlo, ya que no es probable que se lancen nuevas propuestas en un año de elecciones presidenciales en EEUU.
Para comenzar, Fox debe escuchar a quienes gobierna con más atención que hasta ahora. Para algunos inmigrantes, la propuesta de Bush ofrece la posibilidad de salir de la economía subterránea y obtener trabajos legales; para otros, representa la posibilidad de la legalización hoy pero la deportación mañana.
Por una parte, está la zanahoria de vivir y ganar un salario como residentes de EEUU. Por otra, está el garrote de probablemente nunca convertirse en ciudadanos. Si bien muchos inmigrantes verían con agrado la idea de volver a México después de un empleo temporal en EEUU, muchos otros preferirían emigrar permanentemente a ese país.
De hecho, la mayoría de los inmigrantes mexicanos que ya están en EEUU no saben cómo responder exactamente a la propuesta de Bush, y Vicente Fox tendrá que escucharlos a ellos también, si es que desea hablar en su nombre. Hay quienes dan la bienvenida a lo que Bush ha puesto en la mesa bilateral, ya que les permitirá vivir sin miedo. Para ellos, la propuesta estadounidense es un gran paso hacia adelante.
Sin embargo, otros han reaccionado con escepticismo, y con toda razón. Piensan que la piñata es algo que pretende distraer la atención de la meta de una legalización merecida. No desean un trabajo que resuelva sus problemas por tres años, sino más bien una ruta precisa a la residencia en EEUU, que resuelva sus problemas para siempre. Para quienes han trabajado en EEUU durante 10 o 15 años, la piñata de Bush no es más que una decoración. No quieren un estatus legal que se desvanecerá en tres años.
Vicente Fox tendrá que reconocer estas diferencias y trabajar con ellas. Los mismos inmigrantes se encuentran divididos y Fox tendrá que entender por qué. Por lo tanto, no deberíamos abrazar la propuesta de Bush tal como se nos ofrece.
Hace tres años, Fox quería la "enchilada completa": un acuerdo sobre trabajadores temporales, más Tarjetas Verdes que permitan a los mexicanos trabajar en EEUU, la legalización de los inmigrantes que ya están allá, fondos de desarrollo para las comunidades mexicanas que envían inmigrantes al país del norte y un enfoque bilateral para manejar el problema. Sin estos cinco componentes, no hay propuesta sobre inmigración que pueda reducir la cantidad de muertos de entre quienes tratan de cruzar la frontera, o la existencia de una subclase sometida a abusos, o la persistencia de un empleo legal y temporal que se convierte en ilegal y permanente.
Probablemente Vicente Fox se sienta tentado a golpear la piñata tal como está colgada y volver a casa con lo que pueda obtener de ella. Pero tiene responsabilidades de largo plazo, tanto con los mexicanos de México como con los que están en EEUU, que van más allá de la obtención de una victoria política cortoplacista. La propuesta de Bush está llena de agujeros y Fox debe ingeniárselas para llenarlos. Puesto que no incorpora los intereses de México, Fox debe ponerlos de manifiesto. Si la piñata de Bush no puede explicar todos los detalles, Fox debe definirlos en términos mexicanos y bilaterales.
La palabra italiana "pignatta" significa "tiesto frágil". En efecto, la piñata de inmigración de Bush es frágil. Se balancea en fieros vientos electorales, ha sido hecha exclusivamente en EEUU sin ayuda mexicana y no contiene suficientes dulces. Vicente Fox ha dicho que quiere más y debe ser fiel a su palabra. Tiene que recordar que, en México, las piñatas son un símbolo de esperanza.


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