Friday, November 28, 2014
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El costo ético del arte muy cotizado

MELBOURNE – El mes pasado en Nueva York, Christie’s vendió arte contemporáneo y de la posguerra por valor de 745 millones de dólares, la mayor cantidad jamás alcanzada en una sola subasta. Entre las obras más cotizadas figuraban pinturas de Barnett Newman, Francis Bacon, Mark Rothko y Andy Warhol, cada una de las cuales se vendió por más de 60 millones de dólares. Según el New York Times, los coleccionistas asiáticos desempeñaron un papel importante en el aumento de los precios.

No cabe duda de que algunos compradores consideran sus adquisiciones una inversión, como los valores bursátiles, la propiedad inmobiliaria o los lingotes de oro. En ese caso, que el precio que pagaron fuera excesivo o módico dependerá de lo que el mercado esté dispuesto a pagar por la obra en una fecha futura.

Pero, si el beneficio no es el motivo, ¿por qué habría de querer alguien pagar decenas de millones de dólares por obras como ésas? No son bellas ni demuestran una gran destreza artística. Ni siquiera son inhabituales dentro de las obras de esos artistas. Haga el lector una búsqueda de imágenes de Newman” y verá muchas pinturas con barras verticales de colores, por lo general separadas por una línea fina. Al parecer, una vez que Newman tenía una idea, le gustaba realizarla con todas sus variaciones. El mes pasado, alguien compró una de esas variaciones por 84 millones de dólares. Una imagen pequeña de Marilyn Monroe obra de Andy Warhol –también hay muchas de ésas– se vendió por 41 millones de dólares.

Hace diez años, el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York pagó 45 millones de dólares por una pequeña Madonna y el niño de Duccio. Posteriormente, en The Life You Can Save, escribí que había cosas mejores que habrían podido hacer con su dinero los donantes que financiaron la compra. No he cambiado de opinión al respecto, pero la ejecución de la Madonna del Metropolitan es hermosa y tiene 700 años de antigüedad. Duccio es una figura importante que trabajó durante un decisivo período de transición en la historia del arte occidental y pocas de sus pinturas han sobrevivido. Nada de eso es aplicable a Newman o a Warhol.

Sin embargo, tal vez la importancia del arte de la posguerra radique en su capacidad para poner en entredicho nuestras ideas. Jeff Koons, uno de los artistas cuya obra estuvo en venta en Christie’s, expresó firmemente esa opinión. En una entrevista de 1987 con un grupo de críticos de arte, Koons se refirió a la obra vendida el mes pasado llamándola “la obra de ‘Jim Beam’ ”. Koons había exhibido esa obra –un enorme tren de juguete de acero inoxidable lleno de bourbon– en una exposición titulada “Lujo y degradación”, que, según el New York Times, era una crítica de “la superficialidad, el exceso y los peligros del lujo en el presuntuoso decenio de 1980.”

En la entrevista, Koons dijo que la obra de Jim Beam “recurría a las metáforas del lujo para definir la estructura de clases”. Entonces la crítica Helena Kontova le preguntó cómo se relacionaba su “intención sociopolítica” con la política del entonces Presidente Ronald Reagan. Koons respondió: “Con el reaganismo, la movilidad social está desplomándose y, en lugar de una estructura compuesta de niveles de renta baja, media y alta, nos hemos quedado sólo con la baja y la alta... Mi obra se opone a esa tendencia”.

¡El arte como crítica del lujo y del exceso! ¡El arte como oposición al abismo en aumento entre los ricos y los pobres! Qué noble y valiente resulta eso, pero la mayor potencia del mercado del arte es su capacidad para cooptar cualquier exigencia que una obra de arte exprese y convertirla en otro bien de consumo para los más ricos. Cuando Christie’s sacó a subasta la obra de Koons, se vendió el tren de juguete lleno de bourbon por 33 millones de dólares.

Si los artistas, los críticos de arte y los compradores de obras de arte tuvieran el menor interés en reducir el abismo en aumento entre los ricos y los pobres, pasarían algún tiempo en países en desarrollo y con artistas indígenas, donde el gasto de unos miles de dólares en la compra de obras podría significar un cambio en el bienestar de aldeas enteras.

Nada de lo que he dicho aquí va encaminado a negar la importancia de la creación artística. El dibujo, la pintura y la escultura, como el canto y la interpretación de un instrumento musical, son formas importantes de autoexpresión y nuestras vidas serían más pobres sin ellos. En todas las culturas y en toda clase de situaciones, las personas producen arte, aun cuando no puedan satisfacer sus necesidades físicas básicas.

Pero no necesitamos compradores de obras artísticas que paguen millones de dólares para alentar a las personas a hacerlo. En realidad, no sería difícil sostener que unos precios por las nubes ejercen una influencia corruptora en la expresión artística.

En cuanto a la razón por la que los compradores pagan esas sumas extravagantes, supongo que piensan que poseer obras originales de artistas muy conocidos realzará su categoría. En ese caso, puede constituir un medio para provocar un cambio: una nueva definición de la categoría conforme a pautas más éticas.

En un mundo más ético, gastar decenas de millones de dólares en obras de arte sería bajar de categoría, no realzarla. Semejante comportamiento haría que la gente se hiciera esta pregunta: “En un mundo en el que más de seis millones de niños mueren todos los años por falta de agua potable o de mosquiteras o porque no han sido inmunizados contra el sarampión, ¿no podrían hacer algo mejor con su dinero?”

Traducido del inglés por Carlos Manzano.

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    1. CommentedRichard S. Stone

      Although obviously well intended, this strikes me as a version of a sermon to give money to the poor. The purchased art is an alternative form of currency, or an investment, or possibly an ornament for the buyer. But in any event, the seller of the art now has the money. Maybe the sellers of the art could help the poor?

      Is any of this "art' (or "Art...") worth the millions of dollars paid? Clearly the author thinks some of it might be valuable, but not all, but here we have willing buyer's and sellers, etc. for all of it.

      What this really tells us is that taxes on the rich, and on these transactions, are inadequate in concept and in effect. It is a good that the rich support the arts. But is it the very best way to manage our resources? (And in one sense the rich are very much the beneficiaries of the resources at the disposal of human-kind, and the rich are a part of the whole, such that their skills for making money and their own creative talents should benefit human-kind.)

        CommentedTristan Cummings

        This was interesting to read: perhaps Singer doesn’t flesh out his argument because it is so well known but perhaps a clearer articulation might help? He would begin with the assumption that 1) preventable suffering is bad. The next step is to say that 2) if we can prevent this suffering without losing anything comparably morally important we ought to do so. Therefore 3) there is a moral duty to spend your money to relieve suffering. The fact that your money hasn’t’ “disappeared” doesn’t discharge that duty: you cannot claim that by spending money on art the possibility that someone else will satisfy their duty will satisfy your own? As far as I understand Singer provides you with a choice: spend your money to relieve suffering where it is preventable and not to the detriment of something else that is morally valuable (and if we agree that this art is not comparably morally valuable to the life of another it is not valuable in this moral way) or fail your duty to do so.

    2. CommentedD. V. Gendre

      If Gresham's law is applied then one can understand why people invest, or try to exchange their Dollars for art, jewelry and other luxury goods which are rare and scarce no matter how high the price is. So art is definitely not a consumer good but an investment for the super-rich. I do not want to go into the definition of a consumer good since this is basic knowledge. But such statements are definitely not in favor for credibility of the author.
      I also can't understand the concept of buying indigenous art in developing countries to support an entire village. I highly doubt that this is in some way helpful or sustainable. I also doubt that the money for a piece of art would enrich a whole village at all if there is no law enforcement to do so. And such law would most likely indicate to a totalitarian state.

    3. Commentedupanishad chakrabarti

      A thoughtful article, but not sure I agree entirely. Full response below on my blog, but briefly: the aesthetic comments about Newman's etc work aren't adequately substantiated; making art-work in series, as in the 'zip' paintings does not devalue the work, at least according to contemporary art-theory. But my main concern is that this ignores the art-object's status as an asset, and assets get bought and sold all the time, at crazy prices, by willing buyers and sellers. To posit that somehow preventing transacting in art objects would or could lead to more socially valuable, or ethical, uses of the money, is a position whose logic I cannot follow. This is also a pretty dated, yet undeniably evergreen, topic within the contemporary art theoretical discourse.

      https://eatthehipster.wordpress.com/2014/06/06/response-to-the-ethical-cost-of-high-price-art/

    4. CommentedA R

      A great story on the relationship between the art merchants and "investors" would be that of Joseph Duveen. I am sure art collectors love for the work they are buying is genuine. Maybe even the emotions that it animates in them are genuine. Although maybe its not only the respect for the ouvre that motivates them.
      And the second, about the more ethical relationship to art, would be that of how iron "jewelery" became the most respected, because it symbolized the families commitment to war effort in Prussia in the XIXth century... hmm... war effort. Maybe slightly ambivalent ethically, but still...

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