History in Motion
El líder norteamericano que necesitamos
Chris Patten
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LONDRES – En todo el mundo, la campaña electoral presidencial de Estados Unidos ha generado tanta atención como las controversias políticas internas en cada uno de nuestros propios países. El interés que el mundo manifestó por la elección norteamericana es el mejor ejemplo del poder blando de Estados Unidos, así como una lección de democracia de parte de la única superpotencia del mundo. Si tan sólo todos nosotros pudiéramos votar además de mirar y escuchar, ya que el resultado es vital para todos en todas partes del mundo.
¿Qué quiere el mundo -y, quizá más importante, qué necesita el mundo- de un nuevo presidente norteamericano?
Por más que algunos quizá detesten admitirlo, el antinorteamericanismo es un sentimiento que se vio alimentado y nutrido durante los años de Bush. Aún así, el mundo aún necesita el liderazgo norteamericano.
Sí, estamos siendo testigos del surgimiento de China, Brasil e India como importantes actores económicos globales. Sí, hemos presenciado la humillante caída de los maestros del universo de Wall Street. Sí, la proeza militar norteamericana se evaporó en lo que Winston Churchill llamaba "los desiertos irreflexivos de la Mesopotamia", y su autoridad moral se ha visto debilitada por acontecimientos en lugares que van desde la Bahía de Guantánamo hasta Abu Ghraib.
Todo eso es verdad. Aún así, Estados Unidos sigue siendo la única superpotencia mundial, la única nación que importa en todo rincón del planeta, el único país capaz de movilizar la acción internacional para afrontar los problemas globales.
La primera tarea del nuevo presidente será lograr que Estados Unidos recupere la competitividad económica y la confianza en sí mismo. No será fácil frenar el exceso de gasto y de empréstitos, restablecer los verdaderos valores familiares del ahorro, la frugalidad, la responsabilidad y la recompensa justa. Lograr estos objetivos seguramente implicará una mayor consideración por la igualdad social, después de un período en el que los muy ricos pudieron proteger un estilo de vida de "los locos años veinte", explotando astutamente las "guerras culturales" -es decir, los prejuicios populistas de sus compatriotas mucho más pobres.
Ahora que Estados Unidos se aleja de su papel global de prestatario de último recurso, el resto de nosotros necesitaremos afilar nuestra veta competitiva para vender en otros mercados. Lo que resulta imperativo es que esto no se vea impedido por un retorno al proteccionismo. Un nuevo presidente norteamericano haría bien en recordar las desastrosas consecuencias del proteccionismo en los años 1920 y 1930. Los fracasos financieros del presidente Herbert Hoover deberían ser una lección sanguinaria.
Todos esperamos que el próximo presidente norteamericano se vuelva a comprometer con la comunidad mundial y las organizaciones internacionales, admitiendo que incluso una superpotencia debería aceptar las reglas que se aplican a los demás. Las Naciones Unidas distan de ser perfectas. Necesitan una reforma -al igual que los organismos que proporcionan gobernancia económica global-. Eso llevará tiempo. Pero una condición necesaria aunque no suficiente para el cambio es el compromiso de Estados Unidos con el proceso y su liderazgo. Olvídense de la distracción de intentar crear una alternativa para las Naciones Unidas -la llamada "Liga de las democracias"-. No funcionará.
Queremos un nuevo presidente que apunte a que la Conferencia de Renovación del Tratado de No Proliferación Nuclear sea un éxito en 2010 desechando más armas, dejando de investigar en ellas y desafiando a los demás a hacer lo mismo. Ese sería el mejor telón de fondo para establecer una vigilancia y un monitoreo más duros, empezando por comprometer a Irán y buscando la manera de involucrar a India y Pakistán en un acuerdo nuclear global.
Posteriormente, el nuevo presidente debería dar rienda suelta al potencial creativo de Estados Unidos alentando la eficiencia energética y desarrollando tecnologías limpias. Sería una sorpresa bienvenida si se pudiera sellar un seguimiento integral del Tratado de Kyoto el año próximo. Pero al menos deberíamos apuntar a llegar a un acuerdo sobre el proceso que haga avanzar las discusiones a nivel mundial en la dirección correcta y, como parte de eso, Estados Unidos debería apuntar a comprometer a Europa, China e India, en particular, en materia de desarrollos tecnológicos, como un carbón limpio.
La relación de Estados Unidos con China será una clave para la prosperidad y la seguridad en este nuevo siglo. No creo que una lucha por la hegemonía sea inevitable, o que sería deseable. Estados Unidos debería concentrarse más en China, sin pretender que el historial sobre derechos humanos de China se pueda barrer debajo de la alfombra. China no puede sostener su desarrollo económico sin cambios políticos y mejoras ambientales.
En Oriente Medio, el primer ministro israelí, Ehud Olmert, ofreció un sabio consejo al próximo presidente norteamericano en momentos de su retiro. Israel y Palestina se han convertido, dijo, en el prisma desahuciado y sangriento a través del cual la diplomacia norteamericana suele ver el mundo. Ya hace mucho tiempo que es hora de avanzar, impulsando de manera sostenida el tipo de acuerdo que estuvo a punto de lograrse en los años de Clinton.
Existe una paradoja en todo esto. El mundo, durante años, reclamó una estrategia multilateral de parte de Washington. Cuando esa estrategia exista, ¿el resto de nosotros -Europa, por ejemplo- responderemos con suficiente compromiso e intención? Al menos sería un desafío bienvenido que nos pidieran esforzarnos por cumplir con la palabra empeñada.
Chris Patten fue Comisionado de la UE para Relaciones Exteriores, presidente del Partido Conservador británico y el último gobernador británico de Hong Kong. Actualmente es rector de la Universidad de Oxford y miembro de la Cámara de los Lores británica.
Copyright: Project Syndicate, 2008.
www.project-syndicate.org
Traducción de Claudia Martínez
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