ESTOCOLMO: Olof Palme, entonces Primer Ministro de Suecia, fue asesinado hace 15 años el 28 de febrero. Su muerte consternó a millones de personas en todo el mundo. El asesino tadavía no ha sido localizado, o por lo menos no ha sido condenado. Ese crimen fue un ataque no sólo en contra de Palme sino en contra de la democracia misma.
Palme es ya parte de la historia, pero debemos ser capaces de analizar la historia con toda libertad, y no callarla por deferencia. Así, al recordar el asesinato de Palme, debemos también recordar lo que hizo y lo que representó. Por ejemplo, ¿cuál es el legado de Olof Palme en materia de política exterior?
Palme era un crítico elocuente y severo de los EU y de la guerra de Vietnam. Denunció la opresión soviética en Checoslovaquia y los asesinatos del General Pinochet en Chile. Por esas posturas, a Palme se le caracterizaba con frecuencia como adversario consistente de las tiranías. Sin embargo, los que así piensan están equivocados ya que, en realidad, Palme se abstenía sistemáticamente de criticar a muchos regímenes opresivos y, de hecho, aceptó a algunos de los dictadores más crueles o, por lo menos, intentaba no ofenderlos.
No "vilifiquemos" a la Unión Soviética, decía Palme, Presidente del Partido Socialdemócrata Sueco durante 17 años, y Primer Ministro de 1969 a 1976 y, de nuevo, de 1982 a 86. No nos entreguemos a la "agitación antisoviética" o "al asunto del antisovietismo", declaró en 1984, con una postura neutral típica de la Suecia de Palme.
Sin duda, Palme reflejaba el espíritu de su tiempo. El renacimiento del Marxismo en Occidente después de 1968 impresionó a socialistas y periodistas, sin que Suecia fuera la excepción. La guerra de Vietnam cambió la forma de ver el mundo de muchos jóvenes. Sin embargo, Palme mantuvo ese espíritu mucho después de que otros vieran la luz del liberalismo. "Ni el comunismo ni el capitalismo representan un sueño de libertad para los pueblos de Europa", afirmó pocos años antes de que los pueblos de Europa central y del Este se liberaran del comunismo para adoptar la democracia y el capitalismo.
Palme también explotó las diferencias ideológicas sobre la diplomacia para vulnerar a otros partidos democráticos en Suecia. Los conservadores están cayendo en el "espíritu de cruzada, dirigido a la liberación de Europa oriental, que prevalecía en las filas conservadoras de Occidente durante la Guerra Fría", sostuvo en 1983, en momentos de verdadera tensión entre Occidente y la URSS. Con el tiempo, los Liberales y Conservadores de Suecia llegaron al poder en 1976, después de 44 años de gobierno socialista. Ninguna de las amenazas a la política exterior sueca, que Palme predecía con aplomo, se materializaron en los nueve años que estuvieron en el poder durante el último cuarto del siglo.
Además de provocar divisiones en casa, Palme intentó firmemente dividir al Occidente en un momento crítico. Durante los 1980 los socialdemócratas de Suecia y Alemania desarrollaron una cooperación cercana en materia de política exterior. La llamada "Comisión Palme" (que incluía al influyente Egon Bahr) sugirió una política de "seguridad común" entre el Este y el Oeste, y zonas libres de armas nucleares, en lugar de la política de la OTAN de desplegar misiles cruise y Pershing II para contrarrestar la ventaja soviética en armas nucleares tácticas.
Esta colaboración entre los dos partidos generó distorsiones serias de algunos valores occidentales fundamentales. Palme y Oskar Lafontaine, uno de los líderes de la oposición en Alemania en ese entonces, no consideraban a la Guerra Fría principalmente como un conflicto entre la libertad y la tiranía. Cuando Palme visitó Alemania Oriental en 1984 nunca criticó la represión o el Muro de Berlín. Por el contrario, Palme elogió al lider de ese país, Erich Honecker, y subrayó las metas comunes y la lucha por la paz y el desarrollo. En su discurso principal, Palme habló de "détente", de "confianza" y de "amistad", pero jamás de "libertad".
Algo similar ocurrió cuando Palme fue a Cuba. Compartió un podio con fidel Castro en un mitin masivo en Santiago de Cuba. Palme habló favorablemente de la "revolución socialista" sin mencionar jamás la convicción de su propio partido de que la "revolución" sólo debe darse después de elecciones libres y honestas. De hecho, Palme utilizó lemas marxistas, pero nada dijo sobre los derechos humanos y la libertad política, dando la impresión de que Suecia y Cuba sotenían ideologías similares.
En un comunicado conjunto con Castro, Palme sostuvo que los dos estaban de acuerdo en todos los temas que habían discutido. Incluso expresaron su alegría porque las luchas por la libertad de "los pueblos de Vietnam y Camboya han sido coronadas con el éxito". Esto se dijo en el verano de 1975, dos meses después de que el Khmer Rouge iniciara un genocidio en el que murieron dos millones de personas de los siete que había en Camboya.
¿Acaso Palme no estaba enterado de las masacres de Pol Pot? Los periódicos de casi todas las democracias, Suecia incluída, nos informaban del terror en Camboya. Sin embargo, Palme consideró más importante mostrar un frente unido con el tirano de Cuba que preocuparse por las atrocidades que cometían los comunistas en Indochina. En efecto, Palme rara vez condenó la opresión en las naciones del Tercer Mundo. Nunca criticó a la China de Mao, el régimen más asesino que surgiera después de la Segunda Guerra Mundial, y sin embargo, constantemente condenaba el apartheid en Sudáfrica.
Este doble criterio fue particularmente pernicioso en el Medio Oriente, donde Palme nunca censuró a ningún país árabe, sin importar su corrupción o crueldad. La única nación de esa región a la que atacó repetidas veces fue a la única democracia, Israel. Incluso equiparó a los israelíes con los nazis.
Quince años después de su asesinato, Suecia y el Occidente deben enfrentarse a lo que Palme dejó, su agitación en contra de Occidente y su disposición a considerar los ideales fundamentales de la libertad como valores meramente relativos. Para quienes buscan o defienden la democracia y los derechos humanos, Palme era un socio poco digno de fiar. Ese es el aspecto de su supuesta moralidad que debe ser recordado.


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