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La debacle de la ciudad del automóvil

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2008-11-21

WASHINGTON, DC – La crisis financiera que empezó en 2007 se ha caracterizado por el persistente pensamiento confuso y el poco sistemático diseño de políticas. Ahora, el Tesoro de los Estados Unidos está a punto de cometer un error de proporciones históricas y catastróficas al rehusarse a rescatar a los Tres Grandes de la industria del automóvil de ese país.

No nos equivoquemos. Si los Tres Grandes de Detroit quiebran, la tormenta perfecta habrá llegado realmente, con un colapso tanto de la economía real como del sector financiero. Esta amenaza significa que los fondos para el rescate financiero autorizados por el Congreso pueden utilizarse de manera legítima para apoyar a los constructores de automóviles. La negativa del Tesoro a hacerlo es una equivocación monumental que podría provocar una debacle generalizada, cuyas consecuencias llegarían mucho más allá de las fronteras de los Estados Unidos.

Quienes proponen un rescate de los Tres Grandes han subrayado la enorme pérdida de empleos que conllevaría un escenario de quiebra, incluyendo no sólo los empleos generados directamente por esas empresas sino también por los proveedores de refacciones, los vendedores de automóviles y las industrias del transporte y la publicidad.

Posteriormente, esas pérdidas de empleos se multiplicarán a nivel local y nacional. Los salarios perdidos reducirán el consumo y provocarán más recortes de empleos, y el cierre de las fábricas hará que disminuya la inversión, lo que repercutirá negativamente en el empleo en las industrias de bienes de capital. Los sueldos perdidos también provocarán una caída de los ingresos fiscales y, como consecuencia, recortes en los empleos del sector público.

Además, los fabricantes de automóviles son esenciales para disminuir el déficit comercial, y su desaparición podría provocar otro aumento súbito de las importaciones. Los fabricantes de automóviles son también la espina dorsal de las manufacturas estadounidenses, e impulsan los avances tecnológicos que el país necesitará para ser el líder mundial en la revolución “verde” que se avecina en los transportes. Además, los Tres Grandes son vitales para la seguridad nacional, pues suministran importantes bienes para el transporte militar. Por último, la quiebra impondría enormes costos a la Pension Benefit Guaranty Corporation (Corporación para la garantía de las Pensiones), lo que empeoraría aún más las perspectivas fiscales.

Todo eso es cierto, pero lo que se olvida en esta serie de argumentos es el daño que una quiebra de los Tres Grandes provocaría a los mercados financieros. De un solo golpe se perderían los avances en la estabilización del sistema financiero que tanto trabajo han costado.

Los Tres Grandes y sus asociados del financiamiento automotriz (como GMAC) son enormes deudores, cuyos pasivos están repartidos por todo el sistema financiero. Si quiebran, la industria de los seguros, que con toda probabilidad es una de las principales tenedoras de esas deudas, entraría rápidamente en una espiral descendente. Los fondos de pensiones también resultarían afectados, lo que representaría mayores costos para la Pension Benefit Guaranty Corporation .

Pero el daño más grande vendría del mercado de los credit default swaps (CDS), que provocó la caída de AIG. Sin duda se han hecho grandes apuestas sobre los bonos de GM, Ford, Chrysler y GMAC, y la quiebra sería un acontecimiento detonador de CDS que exigiría el pago de esos bonos. Además, la quiebra de los Tres Grandes provocaría la de otras empresas y generaría una cascada de daño financiero a medida que sus bonos y activos perdieran valor y se desencadenaran más CDS. Este es el resultado de pesadilla que podría reproducir el Crash de 1929.

Oponerse al rescate es traer a la superficie lo peor del pensamiento económico conservador que llevó a Estados Unidos y al mundo a este desastre en primer lugar. La negativa de la Reserva Federal y del Tesoro a intervenir directamente significó que no entendieron a tiempo que limitarse a proteger los bancos comerciales no salvaría al sistema financiero. Ahora, no están entendiendo la importancia financiera de los Tres Grandes.

La animadversión de los conservadores hacia los sindicatos vuelve a manifestarse. Pero ha sido la debilidad de los sindicatos la que ha provocado el estancamiento de los salarios y ha obligado a los Estados Unidos a recurrir a la deuda y la inflación de los precios de los activos como motores de crecimiento.

Otra acusación de los conservadores es que el rescate violaría las normas del libre comercio. Pero esas son las normas que han promovido los déficits comerciales que han desestabilizado y socavado la economía estadounidense. La verdad es que el comercio mundial sufriría un daño mucho mayor por las consecuencias económicas a nivel global de la quiebra de los Tres Grandes.

Por último, los conservadores han sacado el viejo cuento del peligro moral para argumentar que un rescate convertiría a las manufacturas estadounidenses en mendigos permanentes de fondos del gobierno. De hecho, las empresas siempre han ejercido presión sobre el Congreso para obtener favores y reducciones de los impuestos, y la experiencia de Lehman Brothers demostró la insensatez de confundir parábolas y moralejas con el manejo de la crisis.

Sin duda hay problemas colosales en Detroit, y a los directivos de los Tres Grandes fabricantes de automóviles no se les puede acusar de exceso de imaginación. La política económica también ha contribuido a su situación actual puesto que los acuerdos comerciales y un dólar sobrevaluado promovieron las importaciones de automóviles y las políticas incoherentes en materia de energía y medio ambiente asfixiaron la innovación.

Todo eso se debe solucionar. Pero con el sacrificio de los Tres Grandes no se logrará nada y se correrá el riesgo de una depresión económica trágica.

Thomas Palley fue economista en jefe de la US-China Economic and Security Review Commission y es autor de Post-Keynesian Economics.

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alexferro 12:18 03 Dec 08

All the labor-bashing; as if "Joe the plumber" wasn't American labor.

To your perfect storm add this: Not only will the amount of imports skyrocket to meet demand; the priced of them will go to the roof. Expect to pay Ferrari prices for a Yugo.

Alejandro Ferro


radon 05:36 04 Dec 08

Mentioning "national security" is way outdated method of adding weight to otherwise meaningless statements. And they are meaningless. Fall of big three, if real at all, would leave hole in market in size and shape of Detroit. If domestic industry can't fill that hole, then problem lies somewhere where none government bailout will ever solve it.