JERUSALÈN – Si bien la crisis por las intervenciones navales de Israel para defender su bloqueo de Gaza está acaparando todos los titulares del mundo, algo de mucha mayor trascendencia histórica está sucediendo en Oriente Medio. La Autoridad Nacional Palestina se está preparando para emitir una declaración unilateral de independencia, y está tomando medidas concretas para que una declaración de este tipo resulte viable.
Cuando el presidente estadounidense, Barack Obama, designó al ex senador George Mitchell como su enviado especial para las negociaciones de paz de Oriente Medio, el mandato de Mitchell era lograr en el lapso de dos años no sólo un acuerdo entre Israel y los palestinos, sino también la paz general entre el estado judío y todo el mundo árabe. Pero, después de 15 meses de labor, y de innumerables visitas a la región, todo lo que Mitchell tiene para mostrar como resultado de sus esfuerzos es un acuerdo entre Israel y la Autoridad Palestina para iniciar “conversaciones de proximidad” indirectas –que, se espera, conducirán a conversaciones directas a su debido tiempo.
Si consideramos que ambas partes han venido negociando directamente durante 15 años, el logro de Mitchell parece más minúsculo aún. En estas circunstancias, decir que el trabajo de Mitchell hasta ahora es un fracaso es lo único amable –y realista- que se puede hacer.
Es tan fácil echarle la culpa a la intransigencia del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, –y a su imposición del bloqueo de Gaza, por ejemplo- como decir que la Autoridad Palestina no controla el territorio de Gaza gobernado por Hamas, con su 1,2 millón de habitantes, lo que lo desautoriza para hablar en nombre de los palestinos. En consecuencia, algo en lo que tanto israelíes como palestinos coinciden es que las conversaciones de proximidad muy probablemente no conduzcan a ninguna parte, de modo que ambos bandos hoy están avocados a asegurar que se responsabilice al otro por el fracaso. En demasiadas cuestiones –fronteras, asentamientos, refugiados, Jerusalén-, las brechas entre ambas partes son demasiado profundas como para ser zanjadas fácilmente.
En estas circunstancias, una idea recientemente planteada –de manera tentativa pero valiente- por el primer ministro palestino, Salam Fayyad, debería ser recibida con entusiasmo. Puede avanzar o no, pero es llamativamente novedosa: si las negociaciones fracasan –así dice Fayyad- en algún momento del 2011 los palestinos deberían declarar unilateralmente la independencia.
Esto puede ser una verdadera redefinición de la situación. Obviamente, no resolvería el conflicto; tal vez ni siquiera cambiaría de inmediato la situación en el lugar. Es más, hasta podría precipitar alguna contramedida israelí imprevista. Pero ciertamente implicaría un cambio de paradigma para un conflicto en el que todos se han mantenido a flote sin avanzar durante casi dos décadas.
Si los palestinos declararan unilateralmente la independencia y si, como se espera, luego surgiera una suerte de reconocimiento por parte de al menos algunos estados, los ribetes del conflicto palestino-israelí cambiarían drásticamente. De hecho, el conflicto se tornaría, si cabe la expresión, más “normal” –ya no entre una potencia ocupadora y un pueblo ocupado, sino entre dos países, dos estados, que están en desacuerdo sobre muchas cuestiones, entre ellas las fronteras, las relaciones mutuas y el control sobre las poblaciones.
En algún sentido, una declaración unilateral de independencia haría que el conflicto palestino-israelí se pareciera más al conflicto sirio-israelí –un conflicto entre estados-. Incluso podría obligar a Israel a tomar decisiones que hasta ahora le resultó fácil evitar.
Una declaración de este tipo también sería un enorme acto de auto-fortalecimiento para los palestinos. Hasta ahora, han fracasado abismalmente en la construcción institucional de una nación, un requisito necesario para cualquier movimiento nacional exitoso.
El nacionalismo palestino está profundamente arraigado en la conciencia de la mayoría de los palestinos –sin embargo, desde 1948, cuando las Naciones Unidas propusieron dividir la Palestina británica en dos estados, uno judío y uno árabe, no pudo pasar de la ideología a la realidad-. Ni la violencia ni el terrorismo ni confiar en las potencias externas (las Naciones Unidas, la Liga Árabe, la Unión Soviética, Estados Unidos, la Unión Europea) lograron la creación de un estado, algo que un pueblo sólo puede alcanzar por sus propios medios –lo que la ideología sionista llama “auto-emancipación”.
Fayyad es el primer líder palestino que no surgió del movimiento Fatah, y por ende puede entender lo que otros líderes palestinos no llegaron a comprender, inmersos como estaban en una combinación tóxica de ideología arrogante y violencia. Tal vez simplemente los palestinos estén a las puertas de un nuevo capítulo de su historia –y de la historia de Israel como también de toda la región.


Comments (0)
You need to login in order to leave a comment. If you do not yet have an account, please register.
The two commenting options explained
Watch a 1 minute video
to discover how you can comment on the entire article or a specific paragraph. The two images below also explain the two ways of commenting.
1) Entire article comment
Once logged in, simply click inside the comment box where it says "Enter text here." Enter and post your comment.
2) Paragraph comment
Please log in first. Then click to the left of the desired paragraph. Your cursor will automatically move to the comments box. Enter and post your comment.