En los 40 últimos años, las computadoras y comunicaciones avanzadas han transformado una parte del mundo tras otra: en primer lugar, los Estados Unidos y Europa, después el Japón, Corea y Taiwán y, mas recientemente, la India, China y la Europa oriental. ¿Será África la siguiente?
Pese a las guerras civiles, la malnutrición y la angustia por la epidemia de SIDA, en el África negra está ocurriendo algo extraordinario: el sigiloso aumento de un sector de la tecnología avanzada. Si bien no representa precisamente un "Valle del Silicio", para que África prospere, se pueden y se deben alimentar esos brotes de industria de tecnología avanzada.
Pensemos en lo que está sucediendo en varios pisos de un alto edificio de oficinas en Accra, capital de Ghana. En él unos 1.500 africanos elaboran digitalmente solicitudes de reembolso de compañías americanas de seguros de enfermedad... trabajando las 24 horas del día, en tres turnos. Los africanos hablan inglés, escriben al menos cincuenta palabras por minuto en una computadora, toman los datos de formularios en papel facilitados en forma electrónica y vía satélite por compañías de seguros de enfermedad, los convierten en nuevos formularios digitales y los envían de regreso a los EE.UU. Esos africanos están tan conectados, que sus formularios pueden ser revisados -a medida que los rellenan- por un supervisor americano a casi 13.000 kilómetros de distancia.
Ghana es mas conocida por su producción de cacao y oro, pero hoy la Affiliated Computer Services (ACS), empresa de Texas que dirige esa operación de subcontratación externa, es el mayor empleador privado del país. Los "tecleadores" africanos ganan de cuatro a cinco dólares al día -cuatro veces el salario mínimo legal- y reciben seguro de enfermedad, comidas y subvención para el transporte. Un pequeño número de ingenieros y profesionales africanos ganan mucho más y periódicamente reciben formación en materia de tecnologías avanzadas.
Los empleados de ACS son simplemente los primeros africanos que se benefician de la tendencia más en boga en la economía mundial: la subcontratación externa o la transferencia de puestos de trabajo del sector de los servicios de países con salarios elevados a países con salarios bajos. Desde luego, el número de puestos de trabajo que se trasladan a África es pequeño en comparación con los que van a Asia, America Latina y la Europa oriental. Pero la buena noticia es que África participa por fin en la competición económica que está reestructurando la economía mundial.
Aun así, África sigue cargando con varias desventajas, entre ellas -y no es la menos grave- una fama terrible. "Las grandes empresas ni siquiera tienen a África en el mapa, cuando examinan posibles localidades en las que hacer subcontratación externa", dice Sambou Makalou, nativo de Malí que intenta convencer a los empleadores de los EE.UU. para que trasladen puestos de trabajo del sector de servicios a África. "Hay oportunidades reales para la subcontratación externa en África", dice, "pero también hay barreras".
Los gobiernos africanos deben estar dispuestos también a comenzar desde abajo: dedicar muchos esfuerzos a atraerse proyectos experimentales con la esperanza de lograr más puestos de trabajo en el futuro. Con reformas sensatas, se pueden eliminar muchas barreras o al menos suavizarlas. Se debe comenzar con lo siguiente:
· Una mejor gestión de los asuntos públicos: los gobiernos africanos se jactan con frecuencia cuando simplemente ponen freno a los corrosivos efectos de la corrupción y la reglamentación empresarial irracional. Pero se presta poca atención al elevado costo de las telecomunicaciones, sistemas de energía eléctrica poco fiables y una infraestructura de transportes deficiente.
· Una mayor competitividad : los dirigentes africanos han tardado en comprender que deben cortejar a las empresas extranjeras con servicios especiales, programas de formación para los trabajadores e incluso oficinas subvencionadas. Los países asiáticos atraen muchos puestos de trabajo creando "polígonos industriales", con servicios más fiables, incluidas redes de comunicación absolutamente fiables, ofrecidas a precios competitivos. Al reestructurar sus escuelas secundarias y universidades para formar a graduados con aptitudes solicitadas por las empresas multinacionales, los países asiáticos crean también más mano de obra competitiva.
Desde luego, África es un lugar mucho mejor que hace cinco años para hacer negocios. La difusión de la telefonía móvil ha revolucionado la vida cotidiana en un continente que cuenta con la menor penetración de teléfonos fijos. Los enlaces por satélite han mejorado enormemente el acceso a Internet y un nuevo cable submarino que corre a lo largo de la costa de África (SAT-3) promete mejorar y reducir el costo de todos los tipos de comunicaciones.
El problema radica en que, aunque el atractivo económico de África está aumentando, la India y China están mejorando mas rápidamente, con lo que el desfase se agranda. Las ciudades africanas van abriéndose paso cada vez más hasta las listas de selección de los expertos en radicación de las empresas, pero acaban perdiendo las oportunidades que consiguen las ciudades asiáticas. Sólo avanzando más rápidamente podrán los africanos empezar a ganar.
Resulta sorprendente que la competitividad en materia de salarios sea un problema. Aunque África es la región mas pobre del mundo por término medio, los salarios en el sector estructurado de la economía son en general superiores a los pagados en China y la India, donde los gobiernos mantienen los costos de alimentos básicos, vivienda y transporte relativamente bajos mediante subvenciones y controles. En el África urbana los costos -de alimentos y transporte, en particular- son relativamente altos, lo que obliga a la subida de salarios. Entretanto, la oferta de profesionales africanos y trabajadores especializados es escasa: la escasez aumenta también los salarios. De hecho, un programador informático indio suele ganar menos que un programador africano comparable. Incluso los salarios por tareas rutinarias de introducción de datos en África no suelen ser inferiores a los pagados en el Asia meridional.
Las posibilidades de que algún día África reciba una proporción equitativa de la subcontratación externa de puestos de trabajo están aumentando, pero existe el riesgo de que la región se quede aún más rezagada. Cuando la ACS decidió hacer una ampliación recientemente, abrió nuevas instalaciones en la India, en lugar de en Ghana u otro país africano. El mensaje fue aleccionador. Precisamente cuando en Asia, la Europa oriental y América Latina surgen centenares de centros similares de subcontratación externa, el centro de Accra sigue siendo una rareza en África. Es una lástima, pero no tiene por qué ser el destino de ese continente.


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