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Nuestra crisis posmoderna

BERLÍN – El fin de semana del 7 al 9 de mayo, la Unión Europea se asomó al abismo del fracaso histórico. Estaba en juego el destino del euro y, con él, el de la unificación europea como un todo.  Nunca antes desde la firma del Tratado de Roma en 1957 había estado Europa en un peligro político de tales proporciones. En la superficie, el orden del día era la estabilización financiera de Grecia y la moneda común europea, pero el título real del drama era "Salvar a los bancos, Parte II".

Si Grecia hubiera caído en el impago, se habrían visto amenazados no solamente Portugal, España y otras economías débiles de la eurozona, sino que Europa habría sufrido una corrida bancaria sobre sus valores. Eso, a su vez, habría detonado el colapso de los bancos y compañías de seguros supuestamente "demasiado grandes como para caer", no sólo en Europa sino en todo el mundo.