MADRID – A un año de la caída de Hosni Mubarak, y mientras el mundo árabe sigue agitado por levantamientos populares, está cada vez más claro que Europa no puede quedarse de brazos cruzados. Las incesantes protestas evidencian la necesidad urgente de que la Unión Europea renueve su compromiso con el conjunto de la región y, en particular, con los países del Mediterráneo meridional y oriental vecinos de la Unión.
Hasta ahora, las acciones de la Unión en esa parte del Mediterráneo se encuadraban en la Política Europea de Vecindad, que nació como apéndice a la exitosa política que siguió la UE en relación con Europa central y oriental tras la caída del Muro de Berlín. Pero, enseguida, la PEV quedó lastrada por la inmigración y la seguridad. Además, se convirtió en un salvavidas económico para regímenes autocráticos de la región.
La agitación en la costa meridional del Mediterráneo nació de un cúmulo de demandas, que incluyen desde la corrupción hasta ansia de libertad. Sin embargo siempre emerge un mismo tema básico: la ausencia de oportunidades económicas viables para la creciente población de jóvenes desempleados y subempleados con que cuenta la región.
Sin embargo, un año después del estallido de la Primavera Árabe, las oportunidades económicas son incluso más escasas. Las economías de Egipto, Libia y Túnez han sufrido, las tres, una abrupta contracción. La tensión de los presupuestos nacionales se hace insostenible, mientras las reservas de divisas se agotan. En vez de afluencia de inversores extranjeros, hay fuga de capitales.
Ante la magnitud del desafío de los vecinos meridionales de Europa, la UE debe forjar un partenariado euromediterráneo mucho más eficaz que cualquiera de las políticas desarrolladas hasta ahora. El primer desafío, en cualquier caso, es restablecer la confianza, para lo cual será necesario que los europeos reconsideren su actitud respecto del “Islam político”, en general, y de los islamistas en el gobierno, en particular.
Marruecos se perfila como clave. A pesar de que este país no siguió la trayectoria revolucionaria de la región, las ideas y aspiraciones de los marroquíes son reflejo de las de sus vecinos. La UE expresó su satisfacción por las reformas constitucionales que el país encaró recientemente y por las elecciones que llevaron al poder a una filial de los Hermanos Musulmanes de Egipto. No obstante, en paralelo, la UE hizo un llamamiento a asumir un fuerte compromiso con el pluralismo, el Estado de Derecho y la igualdad de derechos para las minorías y las mujeres, áreas fundamentales en las que los islamistas tienen una prueba que superar.
Esta condicionalidad (el principio de “más por más”) abre una posibilidad de política eficaz en la región. Para ello, sin embargo, es preciso disipar una falsa percepción: que Europa, supuestamente en decadencia, no es interlocutor y socio útil para el fomento de la prosperidad regional. Lo cierto es que la UE sigue siendo el principal socio comercial de la región en general y del Magreb en particular: en 2010, el 70% de las exportaciones de esta zona – excluido petróleo y gas – estaban destinadas a Europa.
Incluso a pesar de las restricciones de liquidez que la aquejan, Europa es un actor clave para fomentar la financiación de las instituciones multilaterales, desde el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial (de los que la UE es el principal accionista, con una participación cercana al 37% en comparación con el 16% de los Estados Unidos) hasta el Banco Europeo de Inversiones, que recientemente aumentó en mil millones de euros (1.300 millones de dólares) el límite para la concesión de préstamos a la región. En esta misma línea, recientemente el Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo (BERD) anunció para 2012 el inicio de actividades en algunos países de la zona entre ellos Marruecos.
Un buen ejemplo de esta forma de este partenariado Europeo con la región es la subvención de 37 millones de euros destinada a una planta de energía solar y a un programa de uso eficiente del agua potable en Uarzazate. Este monto otorgado por el Fondo de Inversión para la Política de Vecindad de la UE resultó clave para la concesión de más de 600 millones de euros de financiación por parte de otras entidades. La financiación de la UE tiene así un efecto multiplicador que puede convertirse en un instrumento importante para el desarrollo de la región.
Más allá de la necesidad de superar estas ideas preconcebidas y percepciones que no se ajustan a la realidad, el éxito del partenariado renovado con Europa exige que la región emprenda ciertas reformas estructurales imprescindibles. En primer lugar, los países del área deben consolidar un marco regulatorio e institucional que fomente la eficiencia y ofrezca protección legal a los inversores, tanto locales como extranjeros. Este marco es fundamental no solamente para atraer a grandes empresas, sino también para propiciar el crecimiento y la inversión de empresas pequeñas y medianas, que en Europa, por ejemplo, generaron entre 2002 y 2010 el 85% de todos los puestos de trabajo nuevos.
Igualmente importante es pensar la política europea en términos de colocalización, en vez de deslocalización, y superar la mentalidad de suma cero, tan difundida en la actualidad. Un buen ejemplo de este planteamiento lo constituye el lanzamiento de un proyecto de Renault en Marruecos (el cual, lamentablemente, suscitó en Francia, en pleno fragor preeleccionario, un violento rechazo de la opinión pública).
Otra área de vital importancia es la de las infraestructuras, no solo como medio para vincular la UE con el Mediterráneo meridional, sino también para impulsar la muy necesaria integración regional. En la actualidad, la mayoría de las economías del Magreb son prácticamente enclaves separados entre sí por motivos que, a menudo, son de naturaleza política. De esto también es buen ejemplo Marruecos: el conflicto del Sahara Occidental es uno de los principales factores que se esconden detrás del cierre de la frontera con Argelia, que, según estimaciones por lo bajo, supone para ambas partes un coste anual de entre uno y dos puntos porcentuales del PIB.
Así, los países del Magreb exhiben los menores índices de comercio intrarregional del mundo: menos del 5% del PIB, en comparación con el 70% de la UE y el 50% de Norteamérica. Esto se debe, en gran medida, a la existencia en la región de una maraña de acuerdos comerciales preferenciales y medidas no arancelarias. Aquí, la UE debería usar su batería de acuerdos bilaterales con los países del sur del Mediterráneo para promover un marco comercial viable para la región.
Las revoluciones árabes nos han dado la posibilidad de ver la región del Mediterráneo con otros ojos. En vez de la antigua relación entre patrono y cliente, lo que se necesita es un partenariado entre la UE y la región basado en la confianza, en el marco de una renovada Política de Vecindad. Solamente un planteamiento de este tipo podrá impulsar las oportunidades económicas y aumentar la prosperidad de la zona, demandas que encendieron la mecha de los levantamientos árabes. Además, este partenariado, correctamente administrado, contribuiría a la superación por las economías europeas del trance en que se encuentran.


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PROCYON MUKHERJEE
European Neighborhood Policy or ENP should not be seen as an extension to the successful policy framework that brought the Western and Eastern Europe together under one regime of multi-lateral trade and mutual cooperation on a range of subjects; the difference stems from the divide that Mediterranean brings in and here we tread on a difficult subject of opportunism that current events bring in when the autocratic regimes collapse. When these countries see that capital pursues not the zones of depravity but the economic interests only the consequences would be the same as historical fact sheets provide; this fine balance of both needs functioning of democracy in these countries, which these countries would take years to transition into, an aspect that is somewhat missed in the article.
Procyon Mukherjee
Zsolt Hermann
This is the last paragraph of the article:
"...The Arab revolutions have given everyone the chance to look at the Mediterranean world with fresh eyes. Instead of the old patron/client relationship, an EU/Maghreb partnership, as part of a transformed Neighborhood Policy founded on trust is needed. Only such a partnership can boost economic opportunity and increase prosperity – the demands that ignited the Arab upheaval. If well managed, moreover, such a partnership could also contribute to buoying the European economies in their current time of trouble..."
I agree that the events gave us new opportunities to try to set up new relationships. But if the relationships are primarily built on one sided economic prosperity, trying to use the Northern African nations as extra markets for the Southern European countries, this would repeat the same mistake the Northern European nations made with the European Union, especially in teh case of the Eurozone, exploiting the Southern nations for their purposes which is now leading to the probable collapse of the whole European system.
Every break, every revolution, restarts gives us an opportunity to build something new on top of the ruins of the old.
But sooner or later we have to learn that in today's global, integral system any new structure has to be based on true mutuality and equality, not simply continuing the previous patron/client exploitative model our present world is built on.
As the global crisis deepens we will face this break/rebuilding all around the world, and hopefully by then we will have the necessary information and wisdom in order to build a sustainable, reciprocal integral human structure.